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ARTE Y MODA: SIMBIOSIS EN LA PASARELA

ARTE Y MODA: SIMBIOSIS EN LA PASARELA

Un evento sin precedentes en América Latina, que busca romper los estereotipos del mundo de las pasarelas, para enaltecer los valores de la cultura cubana.

Texto y fotos:
MARÍA CARLA O´CONNOR BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para lograr un performance único de su tipo en América Latina, cada dos años en el museo Nacional de Bellas Artes, la plástica y el diseño se dan la mano en la realización de Arte y Moda, evento donde las imágenes y la alta costura se fusionan desde el año 2000.

Las confecciones presentadas en el edificio de Arte Cubano (sede habitual), comprenden desde sencillas costuras hasta el uso de materiales y elementos extremos, supuestamente ajenos a la vestimenta (espejos, tornillos, películas fotográficas, metales, lámparas de papel, etcétera). La base inspiradora son obras de creadores cubanos como Flora Fong, Nelson Domínguez, Cosme Proenza, Lesbia Vent Dumois, Alfredo Sosabravo, Manuel Mendive y Roberto Fabelo.

Diseñadores de vestuario, entre los que destacan Mario Freixas, Sandra de Huelbes, Ignacio Carmona, Oscar de la Portilla y Jacqueline Fumero, son los encargados de otorgar a los trajes autenticidad e identidad propias. Por esta razón, la puesta en escena conlleva música, luces y coreografía específicas para cada composición, aclara el catálogo que cada edición recoge los vestuarios a presentar en el performance, así como las obras plásticas que sirven de inspiración.

Virgina Alberdi, asesora cultural de Arte y Moda desde 2008, expresa que anteriormente se habían realizado desfiles en otras partes del mundo, donde los diseños estaban basados en lienzos y óleos. Sin embargo, agrega, los realizadores cubanos fueron lo que establecieron un evento de este corte en los ámbitos nacional y regional.

Alberdi destaca que “la esencia está en resaltar la cultura cubana y su rica gama de valores estéticos y artísticos, dados por la variedad de colores, la calidad de las obras y la capacidad de los artistas en reproducir la realidad. Además, una misma escultura, pintura o fotografía puede ser interpretada de diversas formas por los diseñadores”.

Ejemplo de ello es el trabajo de la artista de la plástica Lesbia Vent Dumois, cuyo serie “Puntadas de Amor” ha sido reproducida en las dos últimas ediciones de Arte y Moda por distintos modistos: Otto Chaviano, en 2012 y Mariela Alemán, en 2014, cada uno reflejando su propia percepción de la obra.

Rafael Méndez, director del evento, explica que se han abierto las puertas para el intercambio de experiencias con diseñadores de países como Austria y España. Para ello, en cada edición se desarrolla un evento teórico que propicia el encuentro entre especialistas e interesados en el tema.

“Con Arte y Moda buscamos romper los estereotipos de frivolidad que rodean el mundo de la pasarela, para enaltecer los valores de la cultura cubana”, subraya Méndez.

Este proyecto, independiente a las instituciones nacionales, es apoyado por el Consejo Nacional de Artes Plásticas, el sello Arte Cubano Ediciones, y firmas extranjeras.

Pie de fotos: 1- Gallo, de Flora Fong, modelado por Gretel Escobar; 2-De la serie Puntadas de Amor, la obra Carta de Frida Khalo a Diego Rivera, México, 1951, de Lesbia Vent Dumois, modelada por Roberto Espinosa; 3-Traje de la diseñadora Sandra de Huelbes, inspirado en la fotografía de Eduardo Ponjuán, Amores con la china de una taza de porcelana.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Para qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de información: Ligera, blanda, directa, hecho consumado.
Tipo de fuentes: No documentales, documentales, tradicionales, primarias, directas.
Primer valor-noticia: Originalidad.
Otros valores noticia: Actualidad, Interés colectivo.

UN CACTUS CON CIEN AÑOS SOBRE TIERRA

UN CACTUS CON CIEN AÑOS SOBRE TIERRA

El Aguacate cimarrón es el miembro de las cactáceas más antiguo del archipiélago y se ubica en la Reserva Ecológica Varahicacos, en la provincia de Matanzas.

RITA MARÍA CAMBARA CASTILLO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A pesar del tiempo y las tempestades climáticas, el cactus más longevo de Cuba sigue en pie en la zona costera de la Península de Hicacos, al norte de la provincia de Matanzas; sin embargo, el indiscriminado uso de los ecosistemas lo extingue, por lo que el Centro Nacional de Áreas Protegidas de Cuba (CNAP) vela por su integridad.

El doctor Juan Fernández, especialista en Biología Botánica del CNAP, comentó que el Aguacate cimarrón es una especie endémica de Cuba y la única existente en el territorio de su género: “El nombre científico es dendrocereusnudifloruses, pero popularmente conocido como aguacate por su coloración y tamaño, puede alcanzar hasta 15 metros de altura y medir 1,20 de diámetro del tronco. Apodado de cimarrón por el lugar de crecimiento: matorrales costeros y  áreas semiáridas.

“La variedad de este cactus está categorizada como en peligro de extinción, y el principal factor detrás de su disminución es la pérdida del hábitat que necesita para crecer debido a la interferencia del humano en el ecosistema mediante la depredación directa, caza indiscriminada, deforestación y alteración de los espacios naturales empleados para la construcción de viviendas y carreteras”, expresó Fernández.

Precisó, además, que un factor desencadenante de este estado de extinción es el acelerado cambio climático, no obstante, no se perderá su cadena biológica mientras se conserve el entorno natural y se tomen las medidas correctas para su protección.

Yunaika Ramos, geógrafa del CNAP, dijo que la planta con más de cien años no es la única del género en Varadero ni en el archipiélago, existe otro ejemplar viejo no se sabe la edad con exactitud en Cabo Cruz, Granma, siendo esta zona y la primera, los principales puntos donde ubicar mayor número de miembros.

Igualmente, Ramos señaló otras áreas donde hay poblaciones de Dendrocereus, tales como Maisí, Guantánamo; Ciénaga de Zapata, Matanzas; Península de Guanacabibes, Pinar del Río; Baconao, Santiago de Cuba; y Siboney, Camagüey.

Acerca de la especie, la máster Roxana Casabona resaltó en el libro Flora y Fauna cubana, publicado en el 2013: “Esta familia de las cactáceas debió cubrir toda la costa norte HabanaMatanzas, pero el fuerte desarrollo económico y social de la región provocó que hoy solo aparezca con abundancia y representatividad con residuos boscosos de la Península de Hicacos, donde está enclavada el Área Protegida Varahicacos, con el fin de conservar a los ejemplares”.

La doctora Maritza García, directora de la institución, precisó que el cactus está bajo un sistema perteneciente al Centro Nacional, encargado de ubicarlo bajo un estado de alerta y así darle una mayor atención en Áreas de Protección.

“De conjunto al Valle del Río Canímar y Topes de Collantes, Varahicacos representa el tercer Paisaje Natural Protegido del país, donde se conserva el ecosistema natural para la supervivencia y reproducción de todas la especies animales o vegetales, entre ellas, el Aguacate cimarrón”, expuso García.

Pie de foto: Denominado comúnmente Aguacate cimarrón porque posee una vista atractiva muy similar y fácil de confundir con el fruto del cual toma nombre y por crecer en maniguas.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Especial de Contraste.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Datos adicionales
Tipo de información: Pesada, dura, afirma, previsible, compleja, oficial, directa, da paso a una serie.
Tipo de fuentes: Documentales, no documentales, tradicionales, no tradicionales, permanentes, primarias, secundarias, directas.
Primer valor-noticia: Curiosidad.
Otros dos valores-noticia: Interés colectivo. Repercusión o consecuencia.

 

CEMENTERIO ESPADA

CEMENTERIO ESPADA

Fundado hace 209 años en la villa de San Cristóbal de La Habana, constituye la primera necrópolis fuera de una iglesia en Cuba y Latinoamérica.

DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Camposanto General de La Habana, más conocido como Cementerio Espada, fue la primera necrópolis fuera de una iglesia en nuestro país y en Latinoamérica. Dicho camposanto, abierto en 1806, funcionó durante 72 años y estuvo ubicado entre las capitalinas calles de San Lázaro, Vapor, Espada y Aramburu.

Como recoge el libro Los primeros en La Habana, del periodista Rolando Aniceto, la necrópolis obtuvo su nombre en honor al obispo titular en el momento de su construcción, Juan José Díaz de Espada y Landa, quien luchó por prohibir los enterramientos en las iglesias, insalubre costumbre de la época.

“Este cementerio fue todo un suceso en su tiempo, ya que antiguamente se creía que la persona al morir estaba más cerca de Dios si lo enterraban en una iglesia, y la inhumación en ellas constituía privilegio de los más ricos”, apuntó Teresa Aloy, historiadora de la Necrópolis Cristóbal Colón.

En una carta pastoral sobre el tema, atesorada por el Museo del cementerio de Colón, el prelado Espada expresó que “el imaginar que los cementerios solo están destinados para los pobres y gente infeliz es un error”. Posteriormente, el 2 de febrero de 1806 fue inaugurado en la villa de San Cristóbal de La Habana, el primer Camposanto General de Cuba, obra del arquitecto Etienne-Sulpice Hallet.

Los primeros restos mortales llevados al Cementerio de Espada fueron los del ex Capitán General Don Diego Manrique, exhumados de la iglesia de San Francisco de Asís, destacó Rolando Aniceto en su texto.

Según el libro 500 años de arquitectura en Cuba, de Juan de las Cuevas Toraya, la obra costó cerca de 46 870 pesos, y consistió en un área rectangular cerrada por muros, con espacio para 4 600 sepulturas, y una capilla anexa.

La entrada principal de piedra miraba al sur, y tenía una inscripción en bronce que decía: “A la Religión. A la Salud Pública”. Los enterramientos se realizaban mediante nichos emparedados cubiertos por lápidas, que algunas aún se conservan en el cementerio de Colón, apuntó Zeni Pereira, museóloga de dicho centro.

El Cementerio Espada fue clausurado el 3 de noviembre de 1878, ya que a pesar de habilitarse mayor cantidad de nichos y panteones, el espacio resultó insuficiente dado el crecimiento poblacional y una epidemia de cólera que azotó La Habana en esa época. Entonces, los cadáveres se trasladaron a la Necrópolis Cristóbal Colón que recientemente había abierto sus puertas.

Entre las personalidades enterradas en el primer camposanto cubano estaban el propio Obispo de Espada, José de la Luz y Caballero, Francisco de Arango y Parreño, el pintor español Juan Bautista Vernay, el doctor Tomás Romay, y el Conde de Santa Cruz de Mopox, padre de la famosa Condesa de Merlín.

Pie de foto: Grabados de la época muestran la entrada y el interior del Cementerio Espada (Archivo de la Necrópolis de Colón).

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Quién.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide Invertida.
Tipo de información: Ligera, blanda, de las que afirman, simple.
Tipo de fuentes: No documental, documental, tradicional, no tradicional, permanente, primaria, secundaria, directa.
Primer valor-noticia: Curiosidad.
Otros dos valores-noticia: Interés Colectivo y Prominencia de los protagonistas.

 

 

EL PESO DE LAS PROMESAS

EL PESO DE LAS PROMESAS

La peregrinación a San Lázaro, segunda en importancia del país, conlleva para muchos cubanos someter su cuerpo a una prueba extrema. 

Texto y foto:
AILÉN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Yanier Samón Lacaye, arrastrado en el piso y con un bloque de concreto anudado a su tobillo, recorre cada 17 de diciembre desde hace diez años la calle que conduce al Rincón, en peregrinación a la Iglesia de San Lázaro, ubicada en el municipio capitalino de Boyeros.

Residente en Guanabacoa, camina descalzo desde su localidad hasta Santiago de las Vegas. En su marcha invierte alrededor de un día y sus pies sufren las primeras lesiones físicas que conlleva su ofrenda al “santo de los pobres”.

Al acercarse a la carretera de tres kilómetros que conduce a la Ermita, amarra a su tobillo izquierdo una unidad de cemento que pesa aproximadamente diez kilogramos. El roce constante de la cadena que une su extremidad con el bloque le  provoca llagas permanentes.

El joven, de 33 años, cuenta que luego de quedarse inválido a causa de un accidente, se encomendó a San Lázaro, quien le concedió la gracia de volver a caminar. “Por esa razón juré hacer cumplir mi promesa hasta que muera”, expresa.

Samón Lacaye demora más de catorce horas arrastrándose desde la entrada del camino hasta el Santuario. En su peregrinación, tiene que suspender su tarea a causa del agotamiento físico, incluso suele desfallecer. A pesar de todo el dolor y el cansancio,  cada año cumple con la misión prometida.

Las ambulancias y todas las unidades médicas están movilizadas en la fecha para a brindar socorro. “Sabemos que muchas promesas son extremas, por lo que estamos al tanto de la situación para interceder si es necesario”, afirmó Rafael López Sánchez, enfermero del Policlínico René Bedía Morales, movilizado por la Dirección de Salud Municipal para la fecha.

A pesar del desgaste físico que pone en peligro su salud, Samón Lacaye no ceja en su empeño y promete seguir cumpliendo su promesa a “Lázaro” mientras viva. Este cubano, fiel a sus creencias,  resume su esfuerzo en una frase: “Lo hago con fe”.

“La festividad de San Lázaro, segunda en importancia de Cuba luego de la del Cobre, en Santiago de Cuba, se remonta al siglo XVIII, aunque no es hasta 1870 que se puede hablar de un culto masivo”, afirma Arián Castro, monaguillo del Templo Católico.

“La capilla que rinde culto al santo Lázaro recibe más de mil creyentes en peregrinación cada 16 y 17 de diciembre”, agrega el vocero religioso, quien además oficia misas en la Iglesia Católica de Santiago de las Vegas.

El propio Papa Juan Pablo II, durante su visita a Cuba, en enero de 1998, decidió realizar una peregrinación al Rincón. La ceremonia fue descrita por Su Santidad como “un encuentro con el mundo del dolor”, afirma el texto Rincón: la peregrinación.

Pie de foto: Yanier Samón Lacaye lleva amarrado a su pie un bloque de aproximadamente diez kilogramos.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial de Ambiente.

Tipo de cuerpo: Lead+ Pirámide invertida+ Dato adicional.

Tipo de información: Simple.

Tipo de fuentes: Directa, documental.

Primer valor-noticia: Singularidad.

Otros dos valores-noticia: Dramatismo. Interés humano.

 

ÑÁÑIGOS CAÍDOS EL 27 DE NOVIEMBRE DE 1871

ÑÁÑIGOS CAÍDOS EL 27 DE NOVIEMBRE DE 1871

Un grupo abakuá se opuso al fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina; los protestantes murieron en manos de los guardias cerca de la antigua cárcel de La Habana.

Texto y foto: 
Rita María Cambara Castillo,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El 27 de noviembre de 1871, miembros de uno de los juegos de la potencia abakuá Bakokó Efó desataron una protesta armada en los alrededores de la antigua prisión de La Habana para impedir el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, pero ¿es conocido tal hecho en la historia cubana?

Pocos periodistas cubanos del siglo XX hablaron sobre este hecho. Entre ellos, Gustavo Urrutia, quien sacó a luz por primera vez, en 1928 en el diario La Marina; 43 años después, Manuel Vizcaíno dio a conocer un texto donde manifestó que los descontentos eran ñáñigos no identificados. Sin embargo, Serafín Quiñones, escritor y periodista cubano, en 1998 publicó en la Gaceta Oficial los sucesos como resultado de una larga investigación.

En una entrevista con Quiñones, el periodista expresó que los hechos fueron protagonizados por un pequeño grupo de negros armados que enfrentaron a aproximadamente 3 000 voluntarios del presidio, con la intención de reclamar su liberación, no de impedir los fusilamientos porque no podían.

También precisó que los abakuá dispararon hasta herir a algunos guardias, huyeron y fueron perseguidos, aprehendidos y masacrados, causa de muerte registrada de al menos cinco de ellos porque se desconoce la cantidad exacta de participantes.

“Se estima que los hombres caídos hayan pertenecido a la potencia Bakokó Efó, primer juego de blancos en La Habana, y entre ellos y algún estudiante -posiblemente Alonso Álvarez de la Campa- existieran lazos de hermandad. No había ningún motivo por el cual un grupo de negros, durante la esclavitud cruda de la época, se opusiera al fusilamiento de jóvenes blancos”, indicó Quiñones.

La antropóloga María Fraguada señaló en el artículo SOCIEDAD-CUBA: Memoria inconclusa, de la periodista Patricia Grog: "Estos abakuá reflejaron la rebeldía cubana, se inmolaron por intentar salvar a los estudiantes, aún sabiendo que no lo conseguirían. Eso da la medida de que entonces había un sector negro de la población cubana con una conciencia de identidad tan fuerte, que era capaz de morir por ella".

Grog cita en el mismo artículo al investigador Esteban Morales, quien expresa, en primer lugar, los prejuicios de peso histórico sobre las religiones de origen africano, motivo por el cual se haya obviado la acción, pese a que muchos luchadores por la independencia de Cuba fueron personas negras y creyentes.

Diosdado Pazos, investigador y profesor de Historia, comentó otras especulaciones como la probabilidad de que Carlos Verdugo, estudiante matancero ausente durante los actos y condenado a pena de muerte, se inició en la confraternidad y cinco miembros de la hermandad dieron su gesto para detener tales muertes.

Cada año la Cátedra de Pensamiento Crítico y Culturas Emergentes Haydée Santa María y la Cofradía de la Negritud rinden homenaje a los héroes ñáñigos frente a la tarja ubicada en Morro y Colón.

También, “todos los años como parte de la recordación, activistas de la Sociedad Abakuá de La Habana realizan una peregrinación desde la esquina de Morro y Colón hasta el monumento a los ocho estudiantes de Medicina, en un intento por eliminar la segregación y restaurar esa parte olvidada de la historia”, refirió Orquídea Sánchez, vecina de la calle Colón y testigo del homenaje.

Pie de foto: La Cátedra de Pensamiento Crítico y Culturas Emergentes Haydée Santa María y la Cofradía de la Negritud todos los años rinden homenaje a los héroes ñáñigos frente a la tarja ubicada en Morro y Colón.

Ficha técnica:

Tipo de titulación: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Cuándo.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de fuentes: Documentales, no documentales, tradicionales, no tradicionales, permanentes, secundarias, directas, complementarias.
Tipo de información: Ligera, blanda, de las que afirman, compleja, directa.
Primer valor-noticia: Singularidad.
Otros dos valores-noticia: Prominencia de los protagonistas. Interés colectivo.

 

TOROS EN LA HABANA

TOROS EN LA HABANA

La última corrida taurina en plazas destinadas para tal actividad se efectuó hace casi 70 años en la urbe capitalina.
  
YAIMA MALAGÓN FRANCHI-ALFARO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: Tomada del Archivo Nacional de la República de Cuba.

La Habana no escapó a la tauromaquia: siete plazas para la corrida de toros estuvieron ubicadas en lugares significativos, desde el siglo XVI hasta el año 1947, cuando vieron su fin, lo que no representó la pérdida de la tradición taurina en el gusto de los cubanos.

“La primera fue nombrada Aserradero y Millo del tío Blas, erigida entre las calzadas de Monte y Arsenal, en el año 1572. No fue hasta 1818 que emergió la situada al fondo de la posada de Cabrera, y en 1825 la del Campo de Marte y Belona; lugar conocido actualmente como Parque de la Fraternidad, allí donde la Calzada del Monte se entroncaba con la calle Amistad”, afirmó Eddie Quiñones Díaz de Villegas, investigador de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Orlando Bravo, historiador del Consejo Popular Jesús, María y José, en la Habana Vieja, apuntó que nuevas plazas taurinas se sumaron al conjunto de las existentes y que hasta el ultramarino poblado de Regla tuvo su plaza de toros en 1842.

Por ejemplo, en 1853, la de Belascoaín o de La Habana, entre Virtudes y Concordia, a un costado de la entonces Casa de la Beneficencia y también la de Calzada de Infanta, próxima a Carlos III, tres años después.

“La última plaza construida en La Habana, la de Los Zapotes, en San Miguel del Padrón, se inauguró en 1908 y funcionó hasta 1940. Y un detalle que, al menos, salvó la honrilla de la diversión allí ofrecida: las banderillas usadas carecían de punta y las espadas eran de madera. O sea, los actuantes debieron ceñirse solo a dar fe de su valor y pericia”, relató Bravo.

El investigador Pablo Riaño, en un muy serio trabajo publicado con el título de Gallos y Toros en Cuba, planteó que la plaza localizada en Belascoaín era un edifico circular de 200 varas exteriores, con capacidad para más de 6 000 espectadores.

En el libro Habana Antigua y Moderna, de José María de la Torre, apareció la primera corrida oficial en Cuba en el año 1759. El autor aclaró que tanto esta como las no oficiales, desarrolladas anteriormente, se efectuaron en cualquier plazoleta o mercado afín porque para la fecha no existían terrenos destinados a estas actividades.

Díaz de Villegas señaló que la última noticia de una corrida ocurrió el domingo 31 de agosto de 1947. El lugar escogido resultó ser el entonces joven Gran Stadium del Cerro, actualmente Estadio Latinoamericano, donde más de 30 000 asistentes presenciaron las demostraciones de los matadores mexicanos Silverio Pérez y Fermín Espinosa, conocido como “Armillita”.

“Después de esta fecha no se sabe de otras corridas, sin embargo, se conocen de algunos intentos por restaurar la práctica, pero no  fructificaron. Hoy nada queda en Cuba de la tauromaquia, aunque la fiesta del rodeo, sin ser una reminiscencia de aquella, tenga unos cuantos cultores que se arriesgan entre toros y novillos para el alma divertir”, concluyó.

La Mayor de las Antillas fue cuna de toreros que lo dieron todo sobre la arena, hasta la muerte, como José Marrero Báez, “Cheche de La Habana”, también reconocido en áreas mexicanas.

Pie de foto: Construcción que caracterizó a las plazas existentes en La Habana para la corrida de toros.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Quién.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional.
Tipo de información: Ligera, Blanda.
Tipo de fuente: Documental, No documental.
Primer valor-noticia: Singularidad.
Otros dos valores-noticia: Interés colectivo. Proximidad o cercanía.

 

PARÍS EN LA HABANA

PARÍS EN LA HABANA

El mural Cuba colectiva, 1967 se guarda en el Museo de Bellas Artes como constancia de la realización del Salón de Mayo en el país, primera vez que se realizó en América Latina.

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La primera capital de América Latina en recibir al Salón de Mayo de París fue La Habana. Como resultado del hecho cultural, 110 artistas nacionales y foráneos dejaron sus huellas en el mural Cuba colectiva, 1967, realizado en los predios del Pabellón Cuba en presencia del pueblo y se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes.

El Salón de Mayo era, entonces, la exposición de artes plásticas contemporánea más importante de Europa. En homenaje al aniversario 14 de la gesta histórica del 26 de Julio y por gestiones del pintor Wilfredo Lam, el evento se trasladó a la capital cubana durante la efeméride.

Lo que otorgó al acontecimiento su peculiar trascendencia fue el gran performance que constituyó la realización del mural colectivo, que sintetizó el espíritu del evento, en el cual escritores, artistas, funcionarios y amigos demostraban la unidad ante la creación de un mundo nuevo.

“Eran los primeros años de nuestro proceso y la Isla constituía un escenario novedoso. La revolución cultural que significó el cambio político trajo consigo nuevas expresiones plásticas”, expresó la licenciada en Historia de Arte y jefa del Departamento de Servicios Educacionales del Museo Nacional de Bellas Artes, Yamil Macías.

Explicó que la obra no está en exhibición, “esto no tiene una razón especial, es solo por problemas de espacio. El museo cuenta actualmente con 48 000 piezas en fondos y el mural solo se expone cuando se establece una lógica artística”.

La investigadora Lilian Llanes, en su libro Salón de Mayo de París en La Habana julio de 1967, plantea que el mural cubre una superficie de 10 por 18 metros. En la realización participaron 67 artistas de la plástica, 27 intelectuales de diversas procedencias, cuatro estudiantes de la Escuela de Arte, un carpintero y un niño. Haydeé Santamaría dejó unos trazos que fueron terminados por el pintor Mariano Rodríguez.

En la obra sobresalen los colores vivos, rojos, amarillos, naranja, verde, azul, rosa, que representan la alegría del advenimiento de una nueva era para el pueblo cubano. Expresa una Cuba diversa, trabajadores, obreros, niños, mujeres, el pueblo en su totalidad, y como principal artífice de la nueva etapa, el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Delia López, curadora del Museo, refiere que  la obra se pintó en óleo sobre tela y había muchas corrientes artísticas presentes, por lo que el mural no se afianza en una sola. Para su conformación se armaron seis paneles y Lam realizó el diseño en espiral. “La idea seguida fue la de representar la revolución y la evolución que significaba. Quedó un pedacito para el Comandante Fidel, pero nunca lo llegó a pintar”, sostiene la especialista.

El estado de conservación actual es bastante bueno, y aunque el mural sea la máxima expresión del salón en el país, los artistas dejaron una notable cantidad de obras de las que fueron expuestas en la cita. “Sin embargo, la mayoría ya no existen, porque se mojaron con el paso del ciclón Flora en la década del 80”, puntualizó López.

Pie de Foto: El pueblo pudo apreciar la realización del mural Cuba colectiva, 1967.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de fuentes: Directa, transitoria.
Primer valor noticia: Singularidad.
Otros dos valores noticia: Prominencia de los protagonistas; Proximidad o cercanía.

ESCORIAL EN LOS MARES

ESCORIAL EN LOS MARES

El buque “Santísima Trinidad”, el más  grande del mundo del siglo XVIII, fue construido en Cuba y contaba con un peso de 4 902 toneladas.

LÁZARA THALÍA FUENTES PUEBLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana
Fotos: Cortesía de EDDIE QUIÑONES DÍAZ DE VILLEGAS.

El buque más grande del mundo en el siglo XVIII se construyó en Cuba. Fue el “Santísima Trinidad” y corrió a cargo del astillero de La Habana, ubicado en los terrenos de la actual Terminal de Ferrocarriles.

Eddie Quiñones Díaz de Villegas, investigador de la Oficina del Historiador de la capital, afirmó que luego de cuatro años de trabajo se terminó la embarcación en octubre de 1769 y por Orden Real recibió el nombre oficial de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, y dada la consistencia y fortaleza de la misma fue apodada como “El Escorial de los mares".

Según datos del libro “El astillero de La Habana y la construcción naval 1700-1750”, de José Manuel Serrano, el costo de la fabricación fue de 40 000 ducados españoles y se utilizaron para su confección maderas preciosas como caoba, júcaro y caguairán, transportadas hacia la capital desde el poblado de San Jerónimo, en la provincia de Camagüey.

Contó en principio con 140 piezas de artillería y un peso de 4 902 toneladas, pero después de ser probada en alta mar, la nave sufrió varios inconvenientes, subsanados en los astilleros de Ferrol y Cádiz, en España. Tales fueron las modificaciones ejecutadas que se convirtió en el más grande navío de línea de su tiempo.

Orlando Bravo, historiador del Consejo Popular de Jesús María y José, en la Habana Vieja, relató que en julio de 1779 el Santísima Trinidad fue el bajel insignia de la Flota Española en la guerra contra Gran Bretaña, y tomó parte en las operaciones en el Canal de la Mancha a finales del verano de ese año. En 1780 participó en la captura de un convoy inglés de 55 buques y en  la batalla del Cabo de Espartel.

“El 21 de octubre de 1805 en la batalla de Trafalgar, bajo las órdenes del jefe de escuadra Baltasar Hidalgo de Cisneros y con Francisco Javier de Uriarte y Borja como Capitán de Bandera, fue capturado tras una dura lucha contra los ingleses, producto de su poca maniobrabilidad. El barco se hundió el 24 de octubre a unas 25 ó 28 millas al sur de Cádiz”, agregó Bravo.

Símbolo del final del poderío español, la mayor arma de guerra de su época permanece ahora en el fondo del mar. Sus piezas de artillería fueron extraídas e instaladas en la entrada del Panteón de Marinos Ilustres situado en la Escuela de Suboficiales de la Armada, en San Fernando, en la ciudad ibérica que le ofreció el ultimo adiós.

En el año 2006 un barco mercante fue acondicionado para imitar el aspecto externo del Santísima Trinidad. La conversión fue comenzada en Galicia, hasta que fue trasladado al puerto de Málaga, donde se utilizaba como restaurante flotante, discoteca y sala de exposiciones.

Gracias a un proyecto en conjunto de la Oficina del Historiador de la Cuidad de La Habana, y los ingenieros canadienses Ken y Jane  Woods, en el Museo Castillo de la Real Fuerza se exhibe una  maqueta del navío, única de su tipo en Cuba, cuya confección duró tres años por los detalles y peculiaridades que posee.

Pie de fotos: 1-El astillero de La Habana, ubicado en los terrenos de la actual Terminal de Ferrocarriles; 2-Réplica del buque “Santísima Trinidad”, en el Museo Castillo de la Real Fuerza

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Cuerpo de la noticia: Lead + Pirámide invertida + Datos adicionales.
Tipo de fuentes: Directas, documentales.
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticia: Proximidad o cercanía, Interés colectivo.
Tipo de noticia: Ligera, simple.