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Isla al Sur

MÁS QUE ONCE MINUTOS

MÁS QUE ONCE MINUTOS

ALIANET BELTRÁN ÁLVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Once minutos, libro del escritor brasileño Paulo Coelho, narra la relación entre el alma, el espíritu y la sexualidad. Presentado desde el año 2003 se convirtió en uno de los best sellers de este autor.

Paulo Coelho se basa en una historia real para hacer este libro, recreó las peripecias de una muchacha de 21 años con escasa preparación intelectual que transita por momentos difíciles en su vida.

El lenguaje manejado en la obra es coloquial, se emplean palabras sencillas, comunes, fáciles de comprender, aunque en ocasiones podría considerarse que roza el límite con la falta de riqueza en el lenguaje. Como función lingüística fundamental esta la emotiva, aunque hay abundante presencia de la poética y la referencial.

En la obra se manejan dos tipos de narradores, el omnisciente es el predominante, a lo largo de la obra es quien cuenta las acciones de los personajes que a través de él conocemos sus vidas. El narrador protagonista se evidencia en los retazos del diario de María, el personaje principal, que Coelho pone en evidencia. 

La novela narra la vida de una joven que se convierte en prostituta y encuentra a su príncipe azul. Puede ser considerada como una novela rosa, ya que en ocasiones la trama romántica se vuelve tan empalagosa que resulta agobiante para los públicos más exigentes.

Hay carencia de credibilidad, puesto que presentan situaciones que en la vida real no suceden tan fácilmente, por ejemplo, no es común que una muchacha de pueblo, que nunca ha salido de allí, la primera vez que lo haga consiga trabajo en el exterior y emprenda la “aventura de su vida”. Si bien es cierto que toda novela debe tener elementos de ficción, también necesita un fuerte basamento real para que el lector se identifique con ella.

Está redactada cronológicamente, los hechos han sido presentados de acuerdo a como fueron ocurriendo. Este aspecto hace que la obra cuente entonces con una narración lineal, sin ir atrás en el tiempo, que tanta riqueza y atracción le aporta a las obras. Aunque no llega a molestar este estilo, sí carece de emoción.

Como la mayoría de las obras de Coelho, el recurso literario que predomina es la narración, todo se basa en relato consecuente y detallado de la vida de María, resulta atrayente, en este caso, por la manera de escribir del autor, quien tiene un marcado estilo en sus obras. Aspecto esencial que al trabajarlo en libros como El alquimista, Veronika decide morir, El peregrino y otros, hicieron de él uno de los autores más vendidos en el mundo.

Uno de los temas más comunes en los libros de Coelho es el religioso, lo vincula con cada uno de sus personajes, en casi todos los contextos y situaciones. A veces llega a un grado de saturación tal que muchos se abstienen de leer sus obras solo por esto, no es cuestión de no mostrar las creencias del autor, sino de hacerlo con mesura.

Once Minutos tiene un punto a su favor en cuanto a este aspecto, basa más su trama en el amor, el descubrimiento del ser interior y de la sexualidad de la manera más íntima conocida. Se refiere a Dios simplemente en plegarias hechas por la protagonista en pos de mejorar su situación sentimental.

Utiliza recursos retóricos como la gradación, el símil, la metáfora, comparación, personificación, paradoja, contradicción y sentencia, lo cual ayuda a que la obra se enriquezca, tome un carácter más literario y que el público acoja con mayor entusiasmo lo leído.     

Según el propio Coelho, “Once minutos es una reflexión, pero uno no aprende de la sexualidad leyendo. Hay que practicarla, hay que vivirla. Para mí sólo existen tres cosas totalmente prohibidas: la pedofilia, el incesto y el estupro. Aparte de eso, creo que toda pareja tiene libertad para ejercer las mil y una maneras de hacer el amor.”

UN RECUERDO QUE SIEMPRE TRAIGO

UN RECUERDO QUE SIEMPRE TRAIGO

OANH DINH VAN (OANY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para casi todos los adolescentes, los quince años es una edad muy problemática, la separación del primer novio, discordia con los amigos, dificultades en la escuela...

Yo también, en ese tiempo, tuve situaciones complicadas para una jovencita, me acechó la mala suerte. En desesperación, fui a pedirle algún consejo a mi querido papá, esperé que él pudiera hacerlo. Como siempre, lo encontré ocupado con su trabajo, pero, al oír mi suplica, dejó todo para escucharme.

Cuando terminé, su frente se arrugó, pero no dijo nada. Me llevó a la cocina, sacó del refrigerador una zanahoria, un huevo, un poquito de café y puso a calentar tres cazuelas con agua, cuando esta hirvió, colocó cada ingrediente en una distinta.

Me sentí muy impaciente, no entendí lo que pasaba en ese momento. La tristeza inundó mi cuerpo, “¿por qué cocina con tanta calma?”, pregunté para mis adentros. Al parecer,  leyó mi pensamiento y para tranquilizarme, dijo: “No te preocupes, todo tiene su forma de resolverse, cuando termine, verás cómo aprendes una nueva lección para la vida.”

Al cabo de media hora, sirvió los tres preparados en platos diferentes y dibujó su pensamiento con estas palabras: “Los ingredientes pasan por iguales desgracias, sin embargo, cada cual tiene un reacción distinta. Coge una cuchara y pruébalos por separado y enseguida te darás cuenta de ello.”

Primero, cogí una rodaja de zanahoria. “Está muy blanda…”, respondí. Después, pelé el huevo y tomé un poquito de café: “Huele muy bien. ¿Qué significa esto papá?”, pregunté confundida.

“Ellos pasan por la misma circunstancia, agua a 100 grados de temperatura. Después de enfrentarla, ¿cómo cambiaron? Sencillo, la zanahoria era muy dura, después del proceso, ya no estaba como antes. El huevo, cuando no ha hervido, es frágil, pero luego, el líquido en su interior se vuelve más resistente, incluso, sin el cascarón, mantiene la forma. El café, como por arte de magia, se convierte en una fragancia deliciosa y al tomarlo es muy sabroso, ¿verdad?”

“La zanahoria, en apariencia, tiene mucha vitalidad, pero solo con poquito dolor, se queda sin energías. Si fueras un huevo, empezarías con un corazón precario, sin embargo, después de una separación o de perder el empleo, tratarías de levantarte y eso te vuelve más fuerte… ¿Y el café? Este grano no logra su más rico sabor si no lo pones en agua caliente.”

“La vida también es así, niñita mía, cuando lo más terrible pasa, es el momento de crecerse. Entonces, ¿qué camino escoges, entre los tres, para salir de los apuros?”

Ahora, estudio fuera de mi país, muy lejos de la familia donde crecí. Diariamente, uso un idioma muy distinto al mío. A veces, tengo dificultades muy difíciles de rebasar, pero cuando más paralizada estoy, recuerdo la lección de mi padre. Es muy útil, me demuestra que solo los obstáculos impuestos por la vida, nos hacen madurar y volvernos más fuertes.

CIENFUEGOS, ES LA CIUDAD…

CIENFUEGOS,  ES LA CIUDAD…

CINTHYA GARCÍA CASAÑAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En mayo de 2011 llegué por primera vez a Cienfuegos, mejor  conocida como La Perla del Sur y tierra del gran Benny Moré, pensaba cuando recorría los 245 kilómetros que la separan de La Habana. Luego de casi cuatro horas de viaje, el paisaje se tornó de verde espeso a azul claro. Se divisaban ya los primeros destellos de una bahía excepcional.

Recuerdo nítidamente mi primera impresión de Cienfuegos: en un largo malecón, no tanto como el habanero, no había ni una sola lata arrojada al mar, ni un papel, por más mínimo que fuese en el suelo. Me explicaron que los trabajadores de comunales eran muy eficientes, y que las personas tenían más conciencia, por supuesto, respetaban la labor de los anteriores para mantener limpia la ciudad.

Muy pocos lugares visité entonces, pues me disponía a ir a  una zona rural, más intrincada, pero pude apreciar la arquitectura ecléctica de la ciudad, y el contraste entre edificios modernos y antiguos, de decoración neoclásica. Entre ellos, el castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, terminado de construir en 1745 para la defensa de la bahía, y el Palacio de Valle, ecléctico, con predominio del estilo gótico y que ha devenido uno de los símbolos de esa urbe.

Dos años después, vuelvo a visitar sus calles anchas y rectas, unas de las de mejor trazado en Cuba. Aunque la limpieza continúa impecable y los habitantes igual de gentiles, esta vez, con más calma, me detuve en cada rincón de sus paseos y parques, para disfrutarlos y sentir su esencia.

El centro histórico, declarado en julio de 2005, Patrimonio Cultural de la Humanidad, tiene como eje el Parque José Martí, antigua Plaza de Armas, en el cual se levanta una réplica del Arco de Triunfo, única en el país.  En sus alrededores hay relevantes edificaciones del siglo XIX, tales como la iglesia de la Purísima Concepción, decorada con bellos vitrales franceses; el teatro Tomás Terry, con sus impresionantes frescos, y el Palacio Ferrer, otrora Ayuntamiento colonial.

La principal arteria de la urbe es la avenida del Prado, construida a principios del siglo XX, donde la estatua del Bárbaro del Ritmo da la bienvenida a sus visitantes y no hay quien resista tomarle una foto y hasta cantar los pegajosos  coros entonados por el Benny.

Esta es la imagen que se lleva el viajero de la localidad sureña. Pero, con una sola visita, captar la esencia de la ciudad es un esfuerzo inútil. Más allá de la combinación de viviendas de fachadas corridas, con edificios monumentales, en la urbe abierta al Mar Caribe hay un secreto oculto, todo el que la vista queda prendado de sus calles, y se despide con un hasta pronto.

DOCTORES CUBANOS CREAN INNOVADOR IMPLANTE

DOCTORES CUBANOS CREAN INNOVADOR IMPLANTE

Esta versión de la disectomía cervical es la adaptación de un costoso procedimiento a las necesidades económicas de Cuba.   

Texto y foto:
DENISSE MACHADO TABOADA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los galenos Carlos Acosta y Onel Hernández, del hospital Miguel Enríquez, La Habana, reivindicaron aquel viejo refrán de que la necesidad es la madre de todas las invenciones, cuando adaptaron a la situación económica cubana el costoso procedimiento de la disectomía cervical por técnica de Clowers, una operación neurológica altamente especializada.   

El neurocirujano Onel Hernández afirmó que el procedimiento en los hospitales nacionales incluye la extracción de una pequeña porción de la cadera, que funciona como implante. Esto puede causar molestias y a veces dolor para el paciente. Por esta razón, decidieron sustituir la pieza por otra elaborada a partir del cemento quirúrgico Subiton, proveniente de Argentina, y la Coralina, compuesto de fosfato y carbono de producción nacional.

Esta intervención es hecha en países desarrollados con materiales como el vitalio o el titanio, pues no reaccionan durante una resonancia. Según los datos ofrecidos por el especialista Jesús Lafuente Baraza en su tesis doctoral, cada espacio tratado en una disectomía cervical en el Reino Unido cuesta aproximadamente 10 000 euros.

“El doctor Acosta y yo, con la ayuda de un tornero, creamos un implante de Subiton. En él, se coloca una mezcla de Coralina y sangre que actúa como cemento. Ha tenido un alto nivel de efectividad con más de mil pacientes operados”, explicó el neurocirujano Hernández.  

Los doctores Ronald Guillén y Elizabeth Calderón, residentes del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana, afirmaron que esta intervención es frecuente, y en general se realiza a un mayor número de hombres que de mujeres, pues la enfermedad está vinculada al esfuerzo físico.

La patología normalmente está relacionada con las hernias discales, un desplazamiento de los discos que separan las vértebras, los cuales presionan la médula espinal. La disectomía permite aliviar síntomas como agudos dolores en la cabeza y el cuello, calambres, pérdida del equilibrio, disminución de la fuerza muscular e, incluso, algunos tipos de cuadriplejia, afirmó Guillén.

Es un proceso aparentemente sencillo, sin embargo, un especialista debe conocer a fondo la anatomía vascular y nerviosa. En esta región encontramos arterias como la carótida y la yugular, que deben ser cuidadosamente manipuladas durante la operación, pero cuando la cirugía es exitosa, mejora en gran medida la calidad de vida de los pacientes, comentó  Calderón.  

Pie de foto: El implante discal está hecho de Subiton, un cemento quirúrgico producido en Argentina, y se rellena con Coralina, de producción nacional.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial Sentencioso.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de información: Dura, pesada, que afirma, previsible, compleja, oficial, noticia en desarrollo.
Tipo de fuentes: Directas: Neurocirujano Onel Hernández Martínez.  Doctor Ronald Guillén, residente del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana y Doctora Elizabeth Calderón, residente del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana. Documental: Tesis doctoral “El implante discal cervical como alternativa a la artrodesis en el tratamiento quirúrgico de la cervicoartrosis”, de Jesús Lafuente Baraza.
Primer valor noticia: Interés humano.
Otros valores noticia: Novedad. Repercusión.

MERCURIO A MERCED DEL VIENTO

MERCURIO A MERCED DEL VIENTO

La escultura ubicada en la cúpula de la Lonja del Comercio de La Habana, cumple 12 años desafiando al viento gracias a la eficacia de un mecanismo giratorio.

DANIELA HERNÁNDEZ GARI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Dios del Comercio no se conforma con observar el Cristo de La Habana o la Plaza de las Palomas. Rota al compás de un delicioso viento que no llega a los pobres mortales. La única estatua giratoria de Cuba, ubicada en el punto más alto del emblemático edificio Lonja del Comercio de la capital, varía su posición gracias a un sencillo sistema mecánico, modificación condicionada por su caída durante el huracán Irene, el 14 de octubre de 1999.

Durante los primeros meses del 2000, un equipo multidisciplinario de la Oficina del Historiador de La Habana, en colaboración con la Facultad de Mecánica del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE), analizaron las causas del desplome y decidieron que la emblemática escultura se moviera lentamente debido a su propia masa.

El Doctor Carlos Novo, Vicedecano Docente de la Facultad de Ingeniería Mecánica, en conjunto con el ingeniero Reinere Hernández, gerente técnico de la Lonja del Comercio, y Orestes del Castillo, Doctor en Ciencias Técnicas, concibieron la idea de un mecanismo giratorio con un rodamiento especial que se ajustara a las condiciones y medidas específicas de la escultura.

Según datos ofrecidos por planos y documentos pertenecientes a los archivos del proyecto Mercurio, se adquirió un tubo de acero altamente anticorrosivo, la corona giratoria, encargada a la empresa Jost, y contrataron al profesional que tuviera las condiciones necesarias para reparar una estatua de tal magnitud.

Orestes del Castillo agregó que a finales del 2001, la estatua se trasladó al taller Doña Eutimia, en el Callejón del Chorro, para ser restaurada por el difunto escultor Martínez Calá, autor del monje que se encuentra frente al céntrico hostal Los Frailes.

"La reconstrucción y mantenimiento de la escultura se prolongó más de lo esperado, debido a los daños sufridos durante la caída. Basta con decir que estaba dividida en tres partes cuando llegó al taller de Calá", comentó el arquitecto y Doctor en Ciencias Técnicas.

El recién reparado Mercurio se instaló nuevamente en abril del 2002 y ese mismo año enfrentó la furia del huracán Lily. A pesar de las ráfagas de viento superiores a los 100 km/h, el mecanismo giratorio demostró su efectividad al rotar de forma rápida, pero constante.

El gerente técnico de la Lonja del Comercio enfatizó que no era recomendable subir la estatua en esa época del año, los vientos eran muy fuertes, pero los consultores advirtieron que las ráfagas empeorarían en el transcurso del verano y no podían colocarla bajo el riesgo de temporada ciclónica.

En la actualidad, el proyecto Mercurio es considerado una proeza de la ingeniería y arquitectura cubanas, ya que demostró la eficacia de los mecanismos giratorios para las estatuas ubicadas en cúpulas o lugares extremadamente altos.

Pie de foto: Colocado en 1909, el Dios del Comercio sufrió dos caídas en el pasado, de las cuales, sólo una está documentada.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Especial de Ambiente.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal modificada + Dato adicional.
Tipo de información: Ligera, blanda, afirmativa, simple, fuente directa, hecho consumado.
Tipo de fuentes: Documentales y no documentales, tradicionales, transitorias, primarias, directas e indirectas. Directas: Orestes del Castillo, arquitecto y Doctor en Ciencias Técnicas y Reinere Hernández Gari, ingeniero eléctrico y gerente técnico de la Lonja del Comercio. Documentales: Documentos y planos ofrecidos por las fuentes directas en nombre de la institución antes mencionada.

VÁNDALOS EN CUBA

VÁNDALOS EN CUBA

MARIANA BAFFIL LEÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una actitud tan antigua como el vandalismo, cuyos orígenes se remontan a los siglos III y VIII, en los que el pueblo germano, conocido como vándalo, atacaba salvajemente al Imperio Romano, pareciera resurgir en la actualidad, cuando el único imperio afectado es la propia sociedad.

Durante las últimas dos décadas se ha evidenciado en nuestro país un ascenso en el número de actos de vandalismo, cuyos orígenes más detonantes están relacionados con el Período Especial y la pérdida de valores que este trajo consigo.
A diferencia de cómo piensan algunos, este fenómeno no es culpa de un sector determinado de la sociedad, sino de todos, pues es un mal que inquieta a la población en general y necesita soluciones que no perezcan en el intento.

Muchos relacionan este tipo de actitudes con robos en viviendas particulares, en centros laborales o violencia contra las personas, pero el concepto de vandalismo encierra toda conducta destructiva y falta de civilidad, pues, además de incluir los mencionados actos, también abarca la destrucción de monumentos, contenedores de basura, maltratos al transporte público e, incluso, la música estridente hasta altas horas de la madrugada. 

Uno de los factores más importantes que influyen en este tipo de práctica es la familia y su papel en la formación del individuo. ¿Acaso puede mediar el nivel económico que tengan los padres en los valores transmitidos a sus hijos? Por supuesto que no, si esas enseñanzas morales y espirituales vienen arraigadas desde edades tempranas, no pueden ser obviadas por aspectos tan circunstanciales.

Sin embargo, lo que vemos hoy en nuestra sociedad difiere un poco de ese planteamiento, pues muchos padres con una pésima situación monetaria, priorizan el interés de sus hijos por determinadas profesiones que quizás no sean las deseadas por ellos o a fin a sus cualidades, pero cumplen el requisito fundamental: aportan ingresos al hogar. Esto trae consigo un sentimiento de frustración que desemboca en manifestaciones de rebeldía, tanto en la casa como en la calle.

Un problema frecuente en las familias es que ven la escuela como la única encargada de formar al niño y, por tanto, la responsable de sus comportamientos. Esto no es correcto, pues si bien la escuela es la herramienta idónea para erigir el edificio indestructible de la buena educación, el hogar es el lugar perfecto para construir el mejor de los cimientos.

Según expresa la psicóloga española Verónica Villalba, en el sitio web Psicóloga Marbella y Málaga, “habitualmente, los actos vandálicos suelen realizarse en grupo, en el cual los integrantes acostumbran compartir un gran descontento por la ciudad en la que viven, por las leyes o el reglamento que se intenta implantar, por la insatisfacción que sienten con ellos mismos, o incluso pueden desempeñar actos delictivos como forma de celebración de un evento, con lo cual desarrollan un estilo de vida fuera de las normas sociales”.

El incurrir en este tipo de actividades también puede ser condicionado por maltratos hacia el individuo en la casa o fuera de ella, propiciando la falta de afectividad y el desequilibrio emocional, lo cual lo incita a protagonizar actos que demuestren su capacidad de liderazgo.

Viajar con vándalos

Aun cuando nuestro país ha hecho grandes inversiones para la compra de ómnibus, con el objetivo de mejorar el transporte urbano, ha tenido que erogar otros miles de dólares para repararlos, pues estos han sido blanco de disímiles actos vandálicos.

Y es que últimamente es preferible trasladarse a pie de un lugar a otro que montarse en una guagua, donde bien se pueden encontrar desperdicios en cada esquina, ralladuras en los laterales y asientos, cristales sucios, por los cuales casi es imposible mirar, o con actos de violencia que van desde palabras obscenas hasta, en el peor de los casos, peleas que ponen en peligro a los pasajeros.

Los daños causados por este tipo de indisciplinas sociales muestran falta de conciencia y cuidado hacia los logros alcanzados por el gobierno con el objetivo de beneficiar y mejorar la calidad de vida de la población.

El periodista Ricardo Ronquillo Bello, de Juventud Rebelde, valora este fenómeno como una problemática representativa de una sociedad que se agrede a sí misma, una expresión de la crisis que ha vivido la sociedad cubana en los últimos años, lo cual ha desembocado en una falta de valores morales, espirituales y éticos.

Destrucción en la ciudad

Pero los vándalos no afectan solamente las guaguas, sino que pueden encontrarse en cualquier esquina de la ciudad.

El robo de esculturas de valor histórico, así como la profanación de estas, es una representación de hasta qué punto llega la gravedad del asunto, pues ¿cuál podría ser el objetivo de una persona al apropiarse de una estatua o mancillarla con pinturas y colores, cuando su principal motivación es conservar la historia y ser disfrutada por los propios ciudadanos. Esto denota gran falta de cultura social o simplemente un acto innombrable.

Asimismo, la destrucción de la telefonía pública es un fenómeno que ya se ha hecho frecuente en las calles, donde se rompen, rallan y desactivan parcial o totalmente la red de servicios. Igual ocurre con parques y paradas, los cuales también son víctimas de estos actos, pues en ocasiones son confundidos con baños públicos y en otras, con el lugar perfecto para apropiarse de materiales como bancos, techos y de los propios aparatos infantiles.

Soluciones que no pueden demorar

Es evidente que con respecto al vandalismo existe una notable impunidad, pues las autoridades están actuando pasivamente para contrarrestarlo y el resto de la sociedad se limita a mirar, criticar, pero casi nunca a denunciar.

Sobre esta cuestión, la Doctora Aurora Vázquez Panela, profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, sugiere que es importante la utilización de los medios jurídicos, potenciar todos los mecanismos de desarrollo económico-social que podamos y llevar a cabo los proyectos comunitarios con presencia institucional y de asociación.

Mientras, el periodista Randy Alonso en uno de los espacios de la Mesa Redonda relacionado con este tema, manifestó que "lejos estamos de la epidemia de vandalismo y violencia que afecta a las sociedades capitalistas basadas en la filosofía del consumo, pero una sociedad que aspira a ser más humana y más culta no puede dar lugar al más mínimo espacio a la indisciplina y las ilegalidades".

La población debe comenzar por respetar y cuidar su entorno social y no esperar que sean solamente las autoridades quienes se encarguen de mantener la tranquilidad ciudadana, pues  si bien es cierto que estas tienen las herramientas necesarias para sancionar lo mal hecho, tampoco debemos olvidar que si la familia, la escuela y toda la sociedad contribuye en la formación desde edades tempranas y a lo largo de toda la vida, no corremos el riesgo de enfrentarlos, ni de convertirnos en el nuevo pueblo vándalo.

VIVIR EN AZUL

VIVIR EN AZUL

DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo,  
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Si me dijesen que nombrara los mejores años de mi veinteañera existencia, diría que los que estuve en la vocacional de La Habana, esa que todos conocen como “la Lenin”. Recuerdo que para entrar allí toqué la puerta de cuanto repasador de Matemáticas particular me recomendaban. Nunca fui adepto a los números, pero tuve que resistir aquellos cálculos infernales.

Una vez conocí los resultados de las pruebas de ingreso, entré en histérica alegría al ver realizada una aspiración que me acompañaba  desde que la pañoleta azul colgaba de mi cuello.

Azul fue también mi uniforme y los enormes pasillos de los distantes edificios que formaban la Lenin. Llevaba en mi hombro izquierdo, como si de un estandarte se tratase, el monograma rojo con libros, engranajes y átomos que me presentaban como alumno del centro.

¡De mis compañeros, ni hablar! De encontronazos y discusiones, terminábamos como hermanos en las buenas y en las malas. Recuerdo a Ernestico, a Rolando, a Manolo y a Kasperski, a quien apodamos así porque, según las niñas, era “tan feo y excéntrico que ni los virus le entraban”.

Juntos íbamos a la recreación de los jueves, hacíamos las tareas educativas limpiando dormitorios y pasillos, nos fugábamos a cubículos prohibidos para compartir con nuestros amores de adolescencia, y en conjunto también estudiábamos tirados en el piso enlozado de los baños hasta las cuatro de la mañana para los exámenes del día siguiente.

El ochenta y cinco era un número fatal, una cábala pagana que indicaba el suspenso y la respectiva expulsión del centro. El treinta y ocho, sin embargo, era el símbolo de nuestra graduación, una insignia que aparecía pintada con los más inverosímiles diseños en casi todas las paredes de la escuela.

En la oscuridad de aquel supuesto bosque que llamaban “de la Amistad”, fumaba furtivo los prohibidos cigarrillos que con cautela escondía en los bolsillos más recónditos de mi maleta y consolé a más de una amiga que se iba allí a llorar sus penas, lejos de los demás. En lo alto del trampolín de la piscina vacía hicimos nuestras improvisadas peñas con los afortunados que sabían tocar guitarra y así cantamos hasta a la Luna.

Estando a mitad del segundo año, mi corazón me dio señales de peligro, empeñándose en que no tuviera un día tranquilo sin desmayos o agitaciones. Las salidas de la beca a turnos médicos fueron acrecentándose hasta que un galeno dictaminó que era perjudicial mi estancia en la Vocacional. El exceso de carbohidratos por el puré de papa que nos daban por arroz y la falta de atención médica en el centro podían costarme la vida.

Me marché, ocultando las lágrimas para no parecer débil. Desde el retrovisor del auto dejé para siempre a aquellos edificios toscos y azules que una vez me dieron la bienvenida. Temí también que mis amigos se olvidaran de mí. Maldije mil veces a mi corazón, pero después entendí que no estaba del todo enfermo, puesto que no es tarea fácil soportar a todo ese “piquete” de la Lenin en él.

 

LA INFANCIA DE ANTES

LA INFANCIA DE ANTES

Texto y foto:
LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Ahora, ¿soy miedosa? Lo soy de mil maneras ¿Una? Yo no sería capaz, no tengo valor, de volver a vivir lo que viví de niña. Mis recuerdos me dan miedo, traicionan la serenidad de la  memoria... “.

Antes, es la segunda novela de la escritora mexicana Carmen Baullosa (1954), una de las autoras más importantes en el panorama de la literatura de su país.

La obra, fue publicada por la editorial Alfaguara en México. Ganadora del Premio Xavier Villaurrutia en 1989, muestra una niña que muere en medio de extrañas circunstancias, y se transforma en “conciencia fantasmagórica”, con el fin de reconstruir imágenes, lugares y personas influyentes para ella.

La infante refleja su propia realidad a partir de una interpretación que hace del mundo y las situaciones que la envuelven. Los recuerdos se enfrentan con lo indeterminado, el temor a la oscuridad, las pesadillas y los pasos desconocidos, llevan a esta pequeña a situaciones donde el miedo y la necesidad de refugio son dominantes.

El personaje principal lo encarna la autora. Según ella, el libro  apropió sus recuerdos. “Por un acto de posesión literaria, la protagonista, tomó mi fecha de nacimiento, mi casa y un miembro de mi familia (mi abuela) para contar su historia, una historia que no es la mía. La condené, escribiéndola, a un destino atroz que no es la vida, ni tampoco la muerte”, aseguró la escritora.

El volumen recrea el espacio feliz del mundo infantil, vinculado con los juegos fraternales, las comidas en familia, paseos vespertinos con los amigos, visitas a casa de la abuela, el primer beso, e inquietudes experimentadas por el tránsito hacia la adolescencia.

Christopher Domínguez Michael caracteriza el relato como una historia narrada con prosa fresca y maliciosa, que no rehúye del humor ni la inocencia y donde lo sobrenatural no es un recurso dramático sino la consecuencia de una libertad de imaginación.

El mayor acierto de la obra radica en su interpretación acerca de la niñez. Lo cotidiano se vuelve desconcertante a los ojos de la pequeña. Su mirada cuestiona la de los adultos, e incluso, la  de sus hermanas, un poco mayores que ella.

Para Carmen Boullosa, quien publicó, además, la novela Mejor Desaparece, en 1987, la infancia es un periodo de contrastes y peligros secretos que debe ser representado por medio de un lenguaje sonoro, enigmático y lírico.

Antes es la obra más representativa de una etapa, en la que se experimenta con el acto de narrar, hasta convertirlo en un juego, un relato de tintes autobiográficos, en una revelación de las sensaciones domesticadas por la rutina y la lógica adulta.