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Isla al Sur

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UN PERIODISTA, UN SUEÑO: SER PILOTO

UN PERIODISTA, UN SUEÑO: SER PILOTO

Para el Jefe de Redacción del bisemanario el habanero la vida no siempre transcurrió entre labores periodísticas. Lleno de innumerables anécdotas, Raúl San Miguel cuenta algunas de ellas.

JOEL PORTALES BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Plaza de la Revolución resultó el escenario que le reservó la vida al periodista Raúl San Miguel para venir al mundo. Se le “ocurrió”, como él asegura, nacer en medio de una concentración popular. Realmente el hecho fue un verdadero accidente que movilizó a un pequeño grupo de personas para buscar la ambulancia que le llevara a él y su madre hasta el hospital capitalino Calixto García.

“Una amiga de mi madre sugirió el nombre de Raúl en honor al Ministro de las FAR, y ella aceptó. Por supuesto, no conocí de esta historia hasta que no tuve edad suficiente”.

-¿Cómo fue su infancia?

Mi madre enseñaba a sus hijos a leer los periódicos. Tenía cerca de cuatro años cuando comencé a leer. Claro, no imaginé que algún día escribiría en los diarios. La escuela me gustaba porque me daba la posibilidad de dibujar y competía en los concursos. Prefería las  aventuras de autores como Emilio Salgari, Horacio Quiroga. Incluso, tuve la suerte de descubrir a Juan Ramón Jiménez, en su Platero y Yo. De Julio Verne, Poe y Bocaccio, en la etapa de la pubertad. Luego vino el “pase” para acceder a la novelística rusa. Antes había leído cuentos famosos destinados a los niños y concebidos por autores de diferentes exrepúblicas soviéticas.

-¿Cree en el destino?

Hay cosas que están ahí para cuando llegue su momento. Uno no las puede predeterminar. Toda mi vida ha sido un accidente, empezando por mi nacimiento. Puedo ilustrarte con algunos ejemplos: cursaba el segundo grado cuando me atropelló una bicicleta. La consecuencia primera resultó la fractura de la clavícula. Por esa causa se me obligó a permanecer 45 días fuera del aula. Aprendí a dibujar y a escribir con la mano izquierda, pero comencé a sentir un rechazo total por el colegio.

Resolví convertirme en rebelde. Me fugaba de las clases y desandaba por el lugar donde ahora se encuentra el Palacio de las Convenciones, cerca del antiguo Palacio de los Pioneros (El Laguito), en el camino a las playas de Marianao. Esa fue una etapa de mi vida bastante aventurera.

En la secundaria, decidí mi vocación: ser piloto de combate. Sin embargo, al concluir el décimo grado, llené una  planilla en la que aparecía una carrera: piloto de altura. Me apunté y descubrí que no tenía nada que ver con la aviación, sino con la navegación marítima. Finalmente terminé estudiando técnico medio en Zootecnia General. No obstante, gracias a una amiga conseguí pasar un examen médico donde escogieron 12 posibles candidatos para formarse como aviadores agrícolas. No era lo mismo que volar a más de mil kilómetros por hora, pero con los 350 del AN-2, me conformaba…, pero sufrí otra decepción: era el número 13 y los 12 aprobaron. Mi sueño se volvía a posponer.

-¿Por qué la aviación?

Mi primer contacto con un aviador resultó el piloto de guerra Alexei Meresiev, protagonista de la novela Un hombre de Verdad y que fuera precedido de un libro imprescindible; Así se templó el acero, ambas lecturas contribuyeron a mi formación cultural.

-Y al terminar el técnico medio.

En 1981 me seleccionaron para una escuela de las Milicias y me destinaron a un curso de zapador. Dicen que el zapador solo se equivoca una vez, yo digo que dos: cuando acepta y cuando la mina le pone fin a la vida o queda mutilado. Dentro de esa especialidad resulté elegido para un curso de mando y obtuve los grados de primer teniente con solo 20 años. En 1982 ingresé al Servicio Militar, también en el MININT. Me enviaron a Guanito, zona montañosa de la provincia de Pinar del Rió. Allí pasamos un fuerte entrenamiento, bajo condiciones climáticas desfavorables. 

Casi tres meses después nos llevaron para la Escuadrilla Habana de Tropas Guardafronteras. No podré olvidar nunca la primera vez que salimos en la Griffin: había mar fuerza dos, nos dirigíamos al  Puerto de La Habana. Esa misma noche, por otras razones, tuvimos que volver a salir, esta vez con mar fuerza tres. Los principiantes caíamos bajo el efecto del mareo. Fue una noche muy larga. A la  mañana siguiente, al arribar al puerto, experimenté la sensación de saltar sobre las olas.

Nunca imaginé que viviría la emoción de los Juegos Centroamericanos de 1982 como parte del dispositivo de seguridad. Apenas teníamos tiempo para disfrutar las imágenes televisivas. Al término de ellos regresamos a Pinar del Rió. Recibimos entrenamiento de buceo y cumplimos tareas que proporcionaron inolvidables experiencias, como el encuentro de un velero abandonado. En otra ocasión fue el rescate de cuatro personas en un yate y con un mar bien revuelto, agresivo. El salvamento duró alrededor de ocho horas.

Tuve otro acercamiento al sueño de mi vida: formé parte de un grupo de paracaidistas y pensé, si no podía pilotear el avión, por lo menos saltaría de él; pero una vez más el deseo de volar se pospuso debido a una misión importante.

En mi época de guardafrontera comprendí que el enemigo más grande que tiene el hombre es su propia naturaleza. Hay que ser paciente, inteligente, ecuánime. Cada segundo vale y creo que parte de eso se transmitió a mi vida: el mantenerme coherente en los momentos difíciles.

-¿Y finalmente, por qué  Periodismo?

Al terminan el Servicio Militar me dieron la opción de estudiar (la Orden 20 del Ministro de las FAR), en el preuniversitario República de Panamá, ubicado en el municipio de Güines. Sentí un fuerte interés por retomar la pintura. Opté por estudiar Historia del Arte, pero cambié de idea. Tenía el índice académico apropiado para solicitar Periodismo.

-¿Cómo transita por la carrera?

Cuando entré a la Facultad todavía estaba en estado de choque. No me lo creía. Subí la Escalinata, que había visto tantas veces, y cumplí un deseo: toqué el Alma Mater. Entonces supe que había llegado.

Me inserté después en Radio Ciudad de La Habana. Sufrí el rigor y el estrés provocados por los boletines informativos. No ganaba nada, solo aprendía. Allí estuve cerca de tres años.

Otra vez me sonrió la suerte. Durante la carrera tuve buenos profesores: Lázara Peñones, Evangelina Cuevas, Daniel Chavarría (a quien le debo mi primera novela), Julio García Luis, Roger Ricardo Luis, Marta Rojas, Juan Marrero, entre otros profesionales que me estimulaban a seguir. Poco a poco fui descubriendo qué era el periodismo y adecuando mi vida al él.

-¿Qué diferencia hay entre el San Miguel del trabajo y el del hogar?

Ninguna, siempre estoy trabajando. En la casa me gusta hacer tareas domésticas, arreglar cosas. Pero estoy convencido de que el periodismo no es un trabajo, es una vida a la cual hay que dedicarle el mayor tiempo posible.

-Para llegar a ser lo que es hoy debe haber transitado un largo camino.

Me gradué en 1989 y fui asignado a pasar el servicio social en la Academia de Ciencias. Viajé por todo el país y como no tenía ni       “perro ni gato”… Laboré por espacio de dos años hasta que el director tuvo la brillante idea de cerrar el contrato. Luché contra aquella injusticia, esgrimí una de las regulaciones que favorecía a los graduados universitarios procedentes de la Orden 20, pero parece que él necesitaba aquella plaza y me quitó. Ahora me alegro de que eso haya pasado.

Empecé a trabajar en Radio Cadena Habana. Aprendí mucho. Llegué a ser subdirector de Información y considerado “hombre radio”, un término utilizado cuando el profesional es capaz de realizar edición, locución, conducción, guiones de programas, incluso llegué a crear programas, hasta el logotipo actual de la emisora es resultado de horas de desvelo para alcanzar el diseño.

Compartí aulas de postgrado en cursos de edición en Televisión Latina y Extensión Universitaria. Como siempre me ha gustado terminar lo que empiezo, estuve en la radio hasta que se me pidió  trabajar en el habanero. Todavía guardo, no por ironía ni por rencor, una muy mala evaluación. El entonces jefe de Información del periódico consideraba que yo era una persona sin iniciativas, vago y otros calificativos. Desde hace casi seis años soy el jefe del Departamento de Redacción.

-¿Qué significa para usted trabajar en este periódico?

Es mi centro de trabajo, como lo fue la radio en su momento.  Aunque considero que mi verdadero centro es todo mi país. No olvido el compromiso hecho, en la soledad de la Frontera, para defender a la Revolución. Trabajar aquí es solo una tarea.

-Casi 20 años en el periodismo le deben haber proporcionados buenos y malos momentos. Háblame de algunos de ellos.

De los buenos casi no me acuerdo, de los malos, siempre. Me gusta  cuando llego a la casa y tengo una idea llegar al otro día al trabajo para ponerla en práctica. Siempre he sido un adicto  a mi profesión, y no sé si eso ha sido para bien o para mal, porque algunas veces me ha traído problemas familiares, es algo inevitable, el estar siempre en  proceso creativo.

En la radio creé un programa llamado En la Calle, en Radio Cadena Habana, que hace poco fue retomado. Me enteré que una colega aseguró había sido su iniciativa, personas que  sabían que no era cierto la apoyaron. No obstante, tengo la satisfacción que fui yo. Eso no me lo va a quitar nadie.

-Si tuviera la posibilidad de pedir tres deseos, ¿cuáles serían?

No sé. Vivo la vida cada segundo. No soy una persona de grandes aspiraciones, sencillamente vivo.

-¿Cómo emplea el tiempo libre?

Escribo, leo y dibujo, incluso tengo proyectos de pinturas con mi hija. Pensamos en una exposición conjunta; mientras, escribo y leo incansablemente. Tengo escritos algunos cuentos, poesía, una novela que pienso publicarla algún día. En estos momentos casi  termino otra.

-¿Arrepentido de algo en la vida?

Hay cosas de las que uno se arrepiente y después no se acuerda. Las que no se recuerdan es porque ya pasaron y tu conciencia te perdonó. Si de las cosas que uno puede arrepentirse van quedando atrás es porque se madura. Pero si aún te arrepientes de algo es porque no has tenido conciencia y claridad para comprender el error.

-Un consejo…

Recordar quién eres, de dónde vienes, por qué te escogieron y para qué te escogieron. Entonces podrás entender. Recordar, como te dije anteriormente, que la vida es un grupo de accidentes: desde el nacimiento hasta la muerte y  hay que vivir cada segundo.

-¿Por qué insiste en esa pasión por la aviación?

El inicio de esta pasión aún late en algún lugar de mi pecho y, aunque nunca pude llegar ser piloto, ahora dispongo de un simulador de vuelo en la computadora. De alguna forma he podido cumplir mi sueño.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Conversar con una persona que lleva casi 20 años vinculado al periodismo y trabajado en diferentes medios de comunicación.

Objetivos colaterales: Que sirva de ejemplo para muchos de los jóvenes que se inician en esta profesión.

Descubrir facetas de la vida de esta persona que pocas personas conocen.

Tipo de entrevista:

Por su tipo: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: Biográfica.
Por que canal se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De referencia al entrevistado.
Tipo de entrada: Anecdótica.
Tipo de cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas.
Tipo de cierre: De opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas: Personas trabajan con el entrevistado, entre las que se encuentran Lucrecia Cruz (esposa) y Andrés Hernández, director.

 

 

“SI NO PUEDO ESCRIBIR ALGÚN DÍA, EMPIEZO A COSER”…

“SI NO PUEDO ESCRIBIR ALGÚN DÍA, EMPIEZO A COSER”…

Martha Rojas, la reconocida periodista cubana, también afirma que desde joven le atrajo el mundo de la noticia porque ofrece un aspecto del mundo muy amplio.

ESMERALDA CARDOSO VILLASUSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Foto: MAIBELIS PUMAR

Después de varios meses preparándome para el encuentro, al fin lo lograba. Fui con los temores que implica una primera vez como entrevistadora y, sobre todo, con el reto mayor de enfrentarme con una experta en tales menesteres. Sin embargo, ella llegó con una sonrisa  y en la mano traía uno de sus libros, La maleta perdida. Me lo dedicó minutos más tarde.                                                              

Su forma sencilla y amena me dejó abiertas todas las posibilidades para decirle sin recelo: quiero entrevistarla. Su hoja de trabajo es impresionante: periodista  y escritora de larga experiencia, Heroína del Trabajo de la República de Cuba por su amplia y destacada trayectoria al servicio de la información  y la cultura del pueblo.

Escritora de una trilogía de novelas de ficción: El columpio de Rey Spencer, Santa Lujuria, El Harén de Oviedo, y de libros de corte histórico  como La cueva del muerto, El que debe vivir, y Tania, la guerrillera inolvidable.

Alejo Carpentier, en el prólogo del libro El Juicio del Moncada, escribió: “Ágil  y talentosa escritora, de profunda vocación periodística, mirada sagaz, estilo directo y preciso, donde mostrar muchas cosas en pocas palabras”…

Ella es Martha Rojas Rodríguez y me abrió la puerta de su casa para desempolvar recuerdos.

-¿Cuáles son los mejores recuerdos de su infancia?

Cuando era pequeña recuerdo que jugaba a decir las letras que veía en un periódico que se llamaba El Mundial, así  que cuando  menos lo esperaba sabía leer. Después  entré en el Kindergarten,  una institución muy bonita, para niños que todavía no tenían edad para la escuela. En aquel lugar jugaba y cantaba, era parecido a un círculo infantil, pero solo era una sesión.

También recuerdo que en mi casa había un taller de costura, porque mi padre era sastre y mi madre modista, entonces, observándolos, jugaba a coser, hasta que aprendí a hacerlo. Es decir, que tengo un oficio, si no puedo escribir algún día empiezo a coser. Lo mismo hago un traje de hombre que un vestido. Me di cuenta que mis padres me daban esas cosas para que yo me divirtiera. Fue muy bueno porque aprendí y puedo ser costurera.

-¿Cómo descubrió que tenía vocación para escribir?

Siempre me gustó hacerlo, en la escuela redactaba composiciones, me esmeraba y los maestros me daban buenas calificaciones. Además, me gustaba leer mucho, cogía en mis manos lo mismo un libro de medicina que de astronomía, me gustaba por curiosidad,

Recuerdo que mi mamá tenía unos amigos que trabajaban en el periódico El Imparcial, de Matanzas, y les hizo llegar dos composiciones que había escrito, a una le puse un título muy rimbombante: Maceo, héroe epónimo. Esos textos fueron publicados como colaboraciones, no estarían muy malas cuando lo hicieron. Yo todavía no estaba en la escuela de Periodismo ni imaginaba estudiar esa carrera.

-Entonces, ¿qué pensaba estudiar?

Medicina, a mi me gustaba mucho. Pero soy un poco impaciente, estando en segundo año saqué la cuenta de que era mucho tiempo de estudio y también que la carrera saldría muy cara, aunque en mi casa no éramos pobres, nos podían dar estudio a mis hermanos y a mí.

Entonces escuché una tarde por la radio que estaba abierta la matrícula de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling,  y me dije: voy a estudiar Periodismo, además, son solo cuatro años y no es tan cara. Mis padres me dijeron: ¡y esta muchachita!, pero a mí me gustaba, así que me preparé  para realizar las pruebas y las aprobé.

-¿El Periodismo la atrapó desde el primer momento?

Desde el comienzo me gustó, porque me daba un aspecto del mundo muy amplio, como disfrutaba leer e ir a la biblioteca, me encantó, sin que me dejara de gustar la medicina, decía que cuando terminara de estudiar Periodismo iba a estudiarla, pero con el tiempo me fui enamorando del oficio.

-Es usted una excelente escritora, ¿fue igual como estudiante?

Sí, fui una buena alumna, pero no era alumna de oro por una sencilla razón, prefería vivir. Estudié mi carrera normal, nunca fui alumna eminente, nunca desaprobé, sacaba sobresaliente o notable. Si me enteraba que Benny Moré iba a tocar me reunía con mis amigos e iba para el concierto, aunque al otro día tuviera un examen. Recuerdo que a los estudiantes de oro les ofrecían una beca en Francia por tres meses para estudiar francés, yo me decía que algún día iría a Francia sin la necesidad de estudiar tanto. Después, los que estudiaron mucho nunca escribieron nada. 

-¿En qué medio de prensa  realizó su primera práctica docente?

En aquellos momentos no es como en la actualidad que te envían para un lugar determinado, era muy difícil y por lo regular los que tenían acceso a los periódicos eran personas que  poseían amistades y yo era de Santiago, así que no tenía relaciones de ese tipo. Entonces, lo único que había libre en la década de los cincuenta era la televisión.

En un canal que no era el principal, Canal 4, de Pumarejo, necesitaban profesionales y me escogieron. Realicé las prácticas en la sección deportiva, y me vino muy bien, porque después ya profesional pude colaborar muchísimo con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), sobre todo con Santiago Álvarez, en documentales, porque yo sabía editar pues lo aprendí en la práctica. Esos fueron los dos últimos años de la carrera, hice un pequeño documental sobre la  Fragua  Martiana.

-El 26 de Julio de 1953 se encontraba en Santiago de Cuba bailando en  los carnavales. ¿Cómo rememora el impacto del asalto al cuartel Moncada?

Como tú bien me acabas de decir, yo me encontraba bailando en la conga, esperaba hacer una crónica del final de los carnavales, junto a un fotógrafo que sí era de la revista Bohemia, Panchito Cano, vecino de mis padres,  un fotógrafo bien entendido.

Recuerdo que él me sugirió: no te apartes de mí, para que tú veas las comparsas a las que yo les tiro fotos por si hace falta hacerle un pie de grabado.

Entonces sentí unos tiros, creía que eran fuegos artificiales, yo en realidad nada más había oído tiros en las películas.

Panchito me dijo: esos no son fuegos artificiales, son tiros. Así que como en el periodismo lo último que acontece es lo más importante, nos fuimos y yo me enrolé con el grupo de periodistas profesionales. Al día siguiente ya estaba dentro del cuartel Moncada. Esa  es la manera en que yo recuerdo aquello.

-¿Cómo conoció a Melba Hernández y Haydée Santamaría?

El fotógrafo me explicó que había dos mujeres presas y les estaban haciendo un interrogatorio; resulta que una de ellas se hallaba sentada en un sofá y la otra en un lugar más bajo. Pasé por el pasillo y las miré.

Luego, en la conferencia de prensa, le pregunté a Chaviano sobre esas mujeres y me dijo que no había ninguna presa. Más tarde habló que a lo mejor las habían cogido en la acciones cuando estábamos aquí. Alguien le informó que el fotógrafo las había retratado. En realidad él no lo hizo porque no tenía en ese momento chasis en la cámara.

-La foto en la que se encuentran Melba y Haydée tras la reja no es tomada el día de la acción, ¿cuál  es la historia de esa foto?

Esa foto fue en  la cárcel de Guanajay, el 6 de enero de 1954. Ese día se celebraba el Día de los Reyes y en Cuba existía la costumbre de que las damas católicas y las personalidades de la gran sociedad mediante un acto político les regalaran juguetes a las hijas de las presas comunes. Ese día yo le planteé a mi jefe, Enrique de la Osa, la posibilidad de sacarles una foto, ya que  los periodistas podían entrar a fotografiar el acto.

Le pregunté a la madre de Melba dónde se encontraban ubicadas y que les dijeran que vieran todo el acto. Fui con Panchito Cano (que ya había salido de Santiago puesto que lo perseguían a causa de las fotos tomadas el 26 de Julio). Entonces él llevaba dos cámaras, fuimos al acto y  lo empezamos a ver, como para hacer una información.

Cuando un grupo de niños tenían juguetitos, yo les dije: Vayan donde está esa rubia, los niños fueron a la celda y yo le pedí una cámara a Panchito (me había puesto de acuerdo con él). Seguí a los niños y cuando los niños estaban cerca de las rejas les tiré una foto. La original tiene a todos los niños con sus juguetes junto a Melba y Haydée. Después les dije como a una distancia de dos metros: Pónganse de pie, y subí la cámara y les tomé la foto. La instantánea se publicó por primera vez en enero de 1959.

-¿Qué  significó para usted estar presente en las acciones del  26 de Julio de 1953?

Primero un interés profesional, una curiosidad ante la noticia  como le sucede a todo periodista; segundo, el deseo de ampliar mi trabajo. Paralelamente me solidarizaba de manera espontánea con aquel hecho porque había visto el crimen. Era mi generación, aunque yo no pensé en ese detalle. Es decir, entraba lo profesional y después llegó la solidaridad.

Fue un ejercicio profesional para el que yo, sin saber, estaba preparada. En aquel momento había dos lógicas: la primera, que yo no me quedara hasta el final en los carnavales. El otro aspecto es la rápida decisión, parecida a la que tuve alguna vez: no voy a estudiar medicina, ahora quiero estudiar Periodismo.

La decisión debe ser consecuente con el hecho, para mí lo más grande, la lección mayor y lo que más satisfacción me da es haber sido consecuente con ese hecho inusitado, trascendental, que desde el punto de vista profesional me puso la vida, pero al que yo no solo tomé como un trabajo a cumplir, hacer o a enriquecer, sino como un acto de conciencia; tomé conciencia del hecho y sé que lo que se derivó de él fue un hecho tan trascendental como la Revolución.    
 
-Tras el triunfo de la Revolución se publicó el libro La Generación del Centenario en el juicio del Moncada, que se denominaría más tarde El  Juicio del Moncada. En este, Alejo Carpentier en el prólogo la llama:.. “Martha Rojas novelista por instinto”. ¿Qué representa para usted ese calificativo?

Para mí fue una sorpresa y, sobre todo, que lo dijera un hombre del genio de Carpentier. Que yo tenga noticia, él nunca ha hecho un prólogo a un libro cubano, ha hecho comentarios, pero prólogos no.

Me preguntó un día cuando estábamos en Viet Nam si se iba a realizar otra edición del texto  y yo le respondí que sí. Me confesó que para ese entonces me iba a hacer el prólogo. Un día se lo recordé, y desde París me lo envió.

Pienso que dijo lo de novelista porque la estructura del libro, sin habérmelo propuesto, es algo de novela, yo no realicé un trabajo lineal.  Desde el instante que escribí cada uno de los reportajes la estructura se corresponde con elementos estructurales de la novela.

Te diré una cosa que poca gente sabe -solo mis amistades-: lo primero que escribí fue una novela, estaba de moda una francesa que se llama Francois Sagan, era una jovencita que escribió dos o tres novelas de amor. Esto suscitó un escándalo editorial, un best seller (mejor vendido) tremendo. Yo todavía estaba en el Instituto, entonces los amigos del aula me dijeron: A ti que te gusta escribir, hay una francesa que hizo una  novela, ¡a que tú no haces una! Fue un reto, y yo dije sí. Entonces escribí una novela que le puse El dulce enigma. Alejo Carpentier no lo sabía, pero voy hacer sincera, sus palabras  me comprometieron a escribir novelas. 
   
-¿Cómo crea las novelas de ficción?

Me propuse la no historia, no transformarla pero sí buscar elementos que la identifiquen de una forma diáfana y lo más simpática posible, y que contribuyan a la formación de nuestra identidad nacional.

-¿Está la ficción vinculada a su vida?

Para nada, yo no me parezco a ninguno de los personajes.

-¿Cómo concibe los personajes?

Los inventé a partir de la suma de personas que uno ve y conoce en el mundo, eso no tiene nada que ver con mi vida. En Santiago había muchos jamaiquinos y haitianos y sí, todo lo que no es verdad es verosímil, lo que no ocurrió pudo haber ocurrido y la primera novela  que yo quería hacer era Santa Lujuria, porque yo tenía que crear la cronología, necesitaba buscar documentación sobre el siglo XVIII,  tenía que investigar mucho.

-¿Cómo considera que son sus novelas? 

Ninguna de mis novelas es intimista, claro, la experiencia de vida me produce distintas atmósferas; no tienen, te repito, que ver con mi vida, yo nunca he vivido en un harén.

-De su  trilogía de novelas de ficción: El columpio de Rey Spencer, Santa lujuria y el Harén de Oviedo, ¿cuál prefiere?

El Harén de Oviedo

-¿Por qué?

Porque es  donde más  he  usado y tenido que abusar de la mente para crear personajes psicológicamente creíbles. Esa novela me hizo trabajar mucho a los personajes, tiene, además, como diez lecturas por esa razón. Tuve que incorporar más componentes de humor para captar la atención del lector. Tiene una serie de elementos muy complejos porque a mí me gustan las cosas difíciles.

-¿Cuál es el método que utiliza para atrapar al lector?

No sé, no te sabría decir. Es propio de la forma del escritor.  Recuerdo que yo iba al cine, me encanta, pero en la actualidad hay cada tipo de cine…  Después iba para la casa y contaba la película a mi forma. Cuando mi mamá iba y regresaba me decía que la película no era así, que los personajes no se volvieron a encontrar, que todo eso era mentira.
 
-Después de su larga trayectoria de trabajo al servicio de la información y la cultura, ¿qué la sigue motivando a continuar?

Hay muchas cosas por decir que no se han dicho y el mundo es infinito. Mientras yo tenga  palabras y memoria voy a seguir en este mundo porque disfruto lo que realizo cada mañana, aunque sea lo más insignificante.

Ficha técnica:

Objetivo central: Que el lector conozca más acerca de la vida de esta periodista y escritora.

Objetivo colateral: Buscar sucesos pocos mencionados de su vida.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.
 
Tipo de titulo: De cita textual
Tipo de entrada: De incidencia o peripecia
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de conclusión: Comentario del entrevistado
 
Fuentes consultadas:
 
Mayra Lamotte y Diego Rodríguez. No documentales

Libros: Alejo en el recuerdo, Inglesa por un año, La cueva del Muerto, La maleta perdida. Documentales.

Entrevista de Pedro de la Hoz, en conmemoración al aniversario de las acciones del 26 de Julio, publicada en el periódico Granma en el 2003.  Documentales

Currículo de la Editorial Letras Cubanas. Documentales.

LA LOCUCIÓN ES SENCILLAMENTE MI VIDA

LA LOCUCIÓN ES SENCILLAMENTE MI VIDA

“No me propuse convertirme en una figura pública. Simplemente quise ser presentadora de televisión, y claro, una cosa arrastra a la otra”, afirma la locutora Mariuska Díaz.

MARÍA DEL CARMEN RAMÓN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mariuska Díaz recorre los pasillos del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) con cierto aire de importancia, elegancia y refinamiento. Una primera impresión haría creer que estamos frente a una mujer altanera, arrogante y sin tiempo para dedicar a los otros, pero lo cierto es que las apariencias engañan.

Mariuska es de esas personas que una vez se le miran los ojos basta para confiar en todo lo que dice. Resulta imposible conversar con ella sin que sus verdes ojos no atrapen la atención y transmitan que no hay espacio para la desconfianza.

Cuando conversa, pone en práctica sus tácticas de comunicadora y se olvida del tiempo. Sonríe a cada momento y parece que en su vida no existen los problemas. Parece una amiga de siempre.

-¿Cuándo descubrió su vocación por la locución? 
 
Desde niña. A partir de los ocho años comencé como locutora pioneril en la Emisora Provincial de Radio de Pinar del Río, Radio Guamá. En aquel momento hacía un programa llamado Escuela en el aire, todavía existe. Cuando llegué al Instituto Preuniversitario Vocacional Federico Engels, se produjo la apertura del telecentro  de Pinar del Río y comencé como locutora, haciendo un noticiero de corta duración. Eran solo cinco minutos al aire, pero me sentía muy feliz.

-Si le gustaba tanto la locución, ¿por qué decidió estudiar Lengua Inglesa en vez de formarse como periodista?    

Porque en mi año no hubo plazas para la carrera de Periodismo. Esta era mi primera opción. Si no podía obtenerla, iba a escoger Relaciones Internacionales, que también me gustaba  mucho. Pero la “fatalidad” estaba para mí y tampoco llegó esa carrera en mi año.

-¿Sintió entonces que se derrumbaban sus ilusiones?     

No, porque a mi también me gustan mucho los idiomas. Entonces me decidí por el inglés. En la carrera tuve la posibilidad de dedicarme a la traducción y la interpretación, dos cosas que siempre me habían interesado. Ese idioma también me sirvió para la realización de algunos trabajos en Cubavisión Internacional  y en el Festival Nueva Habana.  Pero siempre sentí algo diferente por el mundo de la locución, por lo que nunca dejé de hacer televisión durante los cinco años de la carrera.

-Una vez graduada de Lengua Inglesa, ¿cómo llega al periodismo?
    
Al periodismo llegué mediante un diplomado, pero no me fue difícil, porque cuando era niña me dedicaba a ser reportera. Ya después de graduada, desde Pinar del Río, hacía una sección para el programa Hoy mismo, con Mara Roque. Grababa allá y salía en Ciudad de la Habana, luego me casé y vine a vivir a la capital. 

Como ya tenía mi espacio en Hoy mismo, lo seguí haciendo aquí en compañía de Héctor Rodríguez. Después hice muchos programas de participación como Contigo de doce a una y otro de reposición llamado Veraneando. Luego entré a Catálogo cubano, que era un programa que recogía historias y tradiciones de todo el país, hasta llegar a Buenos días, donde trabajé dos  años. Esos sí fueron momentos difíciles para mí. Tenía a mi niña chiquita y me recogían todos los días a las 3:30 a.m. Finalmente me incorporé al Noticiero Nacional de la Televisión Cubana.

-Llegó al Noticiero Nacional sin ser graduada de Periodismo. ¿Esto no le ocasionó problemas en las relaciones con sus compañeros?

No. Al menos no me lo demostraron. Es que para llegar al  Noticiero Nacional de la Televisión Cubana hacen tantas pruebas que cuando lo logras todo el que está a tu alrededor se convence de que lo merecías. Es una eliminatoria muy dura, pues mide muchísimos requisitos. Incluye evaluaciones de locución, lectura y muchas  entrevistas. Pero siempre he tratado de superarme, cada vez que hay un curso de edición, presentación, locución, o lo que sea, lo hago. Este trabajo requiere de exigencia a sí mismo y si la vida no me permitió estudiar Periodismo, tengo que aprovechar al máximo las oportunidades de superación que se presentan.

-¿Qué sensaciones experimentó la primera vez que trabajó en el Noticiero Nacional?

Sinceramente: me estaba muriendo. Tenía mucho miedo a equivocarme, a no inspirar credibilidad, a que a la gente no le gustara mi forma de dar la noticia. Ya había superado el miedo a las cámaras, pero tenía miedo conmigo misma. Todo esto lo experimenté antes de salir al aire. Ya cuando comenzó el noticiero, como disfruto tanto lo que hago en cualquiera de sus modalidades, me fui relajando. Pero esos minutos antes fueron muy difíciles. De hecho, todavía me pongo nerviosa, sobre todo en tiempo de elecciones y ciclones, pues son momentos que requieren de la seguridad del locutor.

Cuando es un noticiero común, también, porque respeto mucho a las personas que me están mirando. Por eso trato, en primer lugar, de hacer el noticiero con la mayor naturalidad posible, para que sea un espacio conversacional y humano. A fin de cuentas, estoy conversando con una persona idéntica a mí, la única diferencia, es que estoy frente a una cámara.

-La Mariuska que vemos hoy en el Estelar no es la misma que vimos  en un inicio, ¿por qué el cambio de imagen?

El noticiero requiere de una imagen específica. Esta debe ser lo más sobria posible, de manera que no parezca que estás sobre maquillada. Por problemas internos, no lograba dar con esa presencia, hasta que un día decidí comenzar a arreglarme sola, así ahorraba tiempo y a la vez me creaba la imagen que yo deseaba. 

-¿Cree usted que la imagen sea un factor determinante en los medios televisivos?

La imagen es importante. Es como cuando vas a salir: te miras al espejo y te ves linda. ¿No tienes más seguridad en ti? Cuando uno se siente incómodo con su aspecto no logra todo lo que quiere; pero aún así, no es lo determinante. Ahora dedico un rato a mi imagen, me maquillo, peino, pero después olvido eso y me preparo sobre la base de lo que tengo que decir y de lo que debo improvisar en caso de emergencia técnica. Pero no solo importa el aspecto físico, también es significativo  crear un estilo en la forma de hablar, tratar de hacer las cosas con la mayor naturalidad posible, ser uno mismo, no imitar a nadie y tener seguridad en lo que se dice.

-Cuando se le ve en televisión parece una mujer alegre y despojada de problemas. ¿Es realmente así?

No. Trabajar todo el tiempo, con una niña de diez años y alejada de la familia, ya es un problema. Pero las personas que me ven no tienen culpa de eso. Aunque tengo miles de situaciones siempre trato de sonreír. Cuando único me pongo muy triste es cuando mi hija se enferma, pero siempre trato de pensar que todo pasa. ¿Qué gano yo demostrando tristeza? A mi me gusta tanto lo que hago, que estoy dispuesta a pasar por cualquier sacrificios sin ningún tipo de protesta, porque pienso que cuando todo en la vida es cómodo, fácil y nunca te esfuerzas, no llegas a apreciar realmente lo que eres.

-¿Nunca cometió un error en vivo?   

Sí, he cometido errores. El día que cometo un error serio, no puedo dormir tranquila. Me he equivocado en la pronunciación de algunos lugares geográficos y nombres de presidentes y cuando me doy cuenta, siempre me reprocho no haberlo dicho más despacio. Pero errores de contenido nunca he tenido, siempre trato de pensar bien lo que voy a decir.

-¿Qué tiene de bueno y de malo haberse convertido en una figura pública?

No me propuse convertirme en una figura pública. Simplemente quise ser presentadora de televisión, y claro, una cosa arrastra a la otra. De pronto te das cuenta de que si antes pasabas inadvertida ante un grupo de personas, ahora todo el mundo te conoce. En Coopelia, por ejemplo, se me derrite el helado por atender a alguien, pero no me pesa, lo hago con mucho cariño. Esa es la parte buena, la gente te saluda como si fueras parte de su familia, y eso me hace sentir bien, porque significa que lo que hago, gusta. La desventaja es que siempre debes tener mucho cuidado con lo que respondes y ofrecer una sonrisa a todo el que te saluda. No puedes defraudar a nadie.

-¿Qué considera que se debería cambiar dentro del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana?

La forma de decir. Internacionalmente ya hay otra forma de comunicar la noticia por muy política y seria que sea .Pienso que somos extremadamente oficialistas. Si lográramos informar con un leguaje menos oficial, llegaríamos mucho más lejos. En la medida que logremos en la parte política, hacer una televisión más natural y coloquial, vamos a alcanzar una mayor cantidad de televidentes. En lo técnico, hay que mejorar muchas cosas como las luces y las cámaras. Pero más importante que eso, sería, por ejemplo, hacer  el noticiero de pie, sin leer, contándole a la gente lo que está pasando y lo que se podría hacer. Me gustaría mucho que la televisión fuera así, la disfrutaría más.

-¿Qué le recomendaría a lo jóvenes que recién se adentran en la locución y el periodismo?

Que disfruten lo que hacen, estudien y se preparen. Es importante escuchar a la gente, aceptar las críticas buenas y malas, porque hasta de las malas se aprende, hacer poesía de cualquier cosa en el periodismo. Deben ser ellos  mismos y no imitar a nadie. Si se sacrifican y le ponen pasión  a todo lo que hacen, podrán triunfar

-¿A qué figura del periodismo tiene usted como paradigma?  

En Cuba admiro mucho a Gladys Rubio. En el mundo, a Jorge Ramos, Daniel Viotto y Glenda Umaña.

-Si tuviera que caracterizar con una palabra su personalidad ante las cámaras, ¿cuál utilizaría?

Comunicadora.

-Si le dieran la oportunidad en este momento de cambiar algo de su pasado, ¿qué cambiaría?

Nada. Porque mi pasado me ha ayudado a tener el presente que tengo. Volvería a pasar el mismo trabajo y a enfrentar momentos de tensión. Estudiaría el inglés, porque me ha servido mucho y sería locutora, porque la locución es sencillamente mi vida.

Ficha técnica:

Objetivo Central: Dar a conocer algunos de los momentos más significativos de la vida de la locutora Mariuska Díaz, y así lograr, mediante el diálogo, un retrato completo de la entrevistada, profundizando en detalles que puedan ser de interés.

Objetivos colaterales: Demostrar a los jóvenes que se adentran en el periodismo que aunque a veces el camino que conduce al cumplimiento de nuestros propósitos es difícil, no es imposible lograrlos. También, dar a conocer la opinión de la entrevistada acerca de lo que ella cree debería cambiarse en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De personalidad.   
Por el canal que se obtuvo: Conversación cara a cara.

Tipo de titulo: De cita textual.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: Preguntas y respuestas           
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado         
    
Fuentes consultadas: Para la preparación previa de esta entrevista sostuve conversaciones con personas que conocen a la locutora, tanto en su vida personal como en su vida profesional (fuentes no documentales). También consulté Internet (fuente documental).

Rodríguez Betancourt, Miriam (1999), Acerca de la entrevista periodística, La Habana, Editorial Pablo de la Torriente Brau (fuente documental).                                        
   

“EN MI VIDA TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL PERIODISMO”

“EN MI VIDA TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL PERIODISMO”

Lo que para Emilio Barreto comenzó solo como una vocación, terminó convirtiéndose en una identidad imprescindible, palpable en todo lo que hace este periodista.

YOHANNA DÍAZ VEGA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Desde muy joven sabía que sería escritor, no de novelas o cuentos, sino de trabajos más periodísticos. Creo que nunca lograría escribir un libro de literatura narrativa, pero no me concebiría sin escribir un artículo… En mí, el hombre y el periodista van de la mano, o, mejor dicho, el hombre lleva de la mano al periodista…”.

 Así se devela Emilio A. Barreto Ramírez, licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana (UH), actual colaborador de la revista digital Cubaliteraria y Unión del Instituto Cubano del Libro y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Además, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y de la Sede Universitaria del Cerro.

-¿Cómo llega Emilio Barreto al periodismo?

Me he convencido de que llegué por la confianza que se debe tener ante el esfuerzo y la tenacidad, bien concretados. A los 14 años quería ser periodista, pero mi padre como mecánico de linotipos del Departamento de Orientación Revolucionaria, recibió una sacudida emocional con la presencia de jóvenes periodistas egresados de las universidades cubanas, de modo que decidió reorientar mi vocación.

Llegué a estudiar Diseño Gráfico de nivel medio en el Instituto Superior de Diseño Industrial. Luego tuve la suerte de poder trabajar en el equipo de diseño de Cartelera, tabloide semanal que sacaba la revista Revolución y Cultura, a partir de ahí dejé de ver cuanto me ocurría como una cosa de azar y, retomando mi vocación por el periodismo, en 1985 comencé la licenciatura.

-¿Por qué elegir el Diseño Gráfico como primer camino?

En un tiempo dejé de ser un buen estudiante de preuniversitario y se me extravió la posibilidad de acceder a la enseñanza superior. Entonces mi padre me colocó a trabajar con un diseñador gráfico amigo suyo en el Departamento de Diseño de la Dirección de Divulgación del Ministerio de Cultura.

Las imágenes, la tempera y el empleo del color provocaron en mi el entusiasmo por las artes plásticas y me hice diseñador. No tuve muchas posibilidades de elegir, las cosas fueron sucediendo de ese modo.

-¿Qué significó Cartelera para el nacimiento del periodista, en la misma piel del diseñador?

El inicio de la madurez total como persona y profesional. Mi gran escuela. A partir de ahí comencé a concretar realmente mi verdadera vocación, y de un simple ayudante en el departamento de diseño llegue a ser Jefe de Redacción, con una obra iniciada como crítico de cine y un manejo avanzado de la lengua inglesa.
 
Es cierto, nací en Cartelera y ese parto coincidió con el desbordamiento de talento y constancia del periodista Senel Paz en sus exitosos inicios como narrador y guionista de cine. Senel era editor-jefe. Lo recuerdo no solo con admiración, sino con cariño. Sospecho que su talento intelectual me movió un poco más hacia los estudios universitarios.

-¿De aquella época qué recuerda con más cariño?

Los horarios de cierre de Cartelera, evento que se llenaba de toda la magia y la aventura del intelecto, tensa, pero divertida. Se entraba los viernes desde las ocho y treinta de la mañana hasta las ocho, las nueve o las diez de la noche. Era una labor conjunta en el mismo salón, entre redactores, diseñadores, fotógrafos, reporteros, colaboradores, correctores, choferes…

También recuerdo la madurez creadora del periodista y novelista Jaime Sarusky, quien  mostraba gran exquisitez a la hora de cincelar las frases en la corrección del estilo final de Cartelera, y las charlas vocacionales que llegué a tener con Antón Arrufat y Romualdo Santos.

-Tras la muerte de Romualdo Santos se ha ocupado usted de la divulgación de su obra literaria. Háblenos un poco de esto.

Romualdo y yo fuimos buenos amigos y su paso por Revolución y Cultura definió no solo mi vocación por el periodismo, sino por la literatura de ensayo, por el artículo de dimensión teórica. A Romualdo le agradezco el haberme promovido definitivamente a la redacción de Cartelera.

-¿En sus proyecciones hacia el periodismo cultural, usted reconoce la influencia de plumas como la de Senel Paz, Jaime Sarusky y Antón Arrufat?

Definitivamente no, en mí, las influencias puedo reconocerlas en el Nuevo Periodismo a la usanza de Gabriel García Márquez, Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote, e incluso de José Martí y Mark Twain, en lo que se puede denominar como periodismo literario. Es imposible perder de vista que yo pertenezco a una generación de jóvenes periodistas que se graduó bajo el influjo de la prosa garcíamarquiana. Aunque reconozco el impulso que me dieron aquellos intelectuales, con  el modo de predicar la pertinencia a la profesión. 

-Su trabajo actual se aleja un tanto de lo que pudiéramos llamar informativo o noticioso. ¿A qué se debe esto?

En el año 2000, todavía sacudido por el periodismo reporteril de Noticias de un Secuestro, me propuse escribir un reportaje personal. Me sumergí de lleno en una investigación vivencial, dentro de una decena de grupos de alcohólicos anónimos. Viví cinco meses entre ellos sin escribir una sola palabra. Finalmente redacté un reportaje.

Después, nunca más he vuelto a hacer periodismo folletinesco, tal como suele reconocer el teórico Martínez Albertos a los géneros informativos. Del tiempo a la fecha escribo, con júbilo más que abundante, periodismo de ensayo, conferencias y artículos de dimensión teórica, dentro de la vertiente editorial de lo reflexivo.

-¿El hecho de no estar a tiempo completo en una publicación lo aleja del periodismo?

Lo que se pudiera considerar un alejamiento para mí no es más que una reconsideración de mi trabajo como periodista. Ahora escribo textos que, como periodista de nóminas, sospecho no podría escribir. Creo en todo caso que la especialización en los temas socio-culturales, estéticos y éticos me ha acercado más a la seriedad del periodismo.

-La docencia es otra de sus pasiones. ¿Cómo profesor universitario cuál es su mayor satisfacción?

El diálogo, la comunicación, me gusta enseñar, socializar ideas. La dicha que me produce el debatirme en el centro de un fuego cruzado entre el periodismo y la docencia, es indescriptible.  Varios, tal vez muchos de los artículos y ensayos que he publicado recientemente, así como otros que están por salir, son ideas surgidas en el aula.

-Recientemente sus estudiantes de primer año de Comunicación Social de la Facultad de Comunicación de la UH lo seleccionaron Profesor Tiza de Oro, ¿qué significa eso para usted?

Me llena de regocijo y a la vez de compromiso. Me gusta charlar con mis estudiantes. En mis clases nunca faltan los análisis éticos en torno a la contemporaneidad y así trabajo tanto con mis estudiantes de la Facultad como con los de la Sede del Cerro. Para mi son muchachos especiales.
                   
-¿Personalmente cómo se definiría?

Soy cubano, y como  todo cubano soy  muy familiar, disfruto estar en  casa con mis hijas y mi esposa, me gusta la música, el baile (aunque no se bailar)  y practicar deportes. Además, me considero una persona cortés y sencilla, con muchas necesidades espirituales.
 
-¿Algún día  podrá separarse del periodismo?

Antes de entrar a las maravillas que constituyen las aulas, los pasillos y recintos universitarios, el periodismo era una vocación, un sueño. Luego se fue transformando en lo que es hoy: una identidad, una espiritualidad de la que ya no puedo prescindir. En mi vida todos los caminos conducen al periodismo.
 
Ficha Técnica:

Objetivo Central: Develar aspectos significativos de la vida personal y profesional de Emilio A. Barreto Ramírez en su camino hasta el periodismo.               

Objetivos Colaterales: Enfatizar en algunas características humanas del entrevistado de tal manera que me permitan presentarlo como una persona que no ha dejado de luchar para lograr sus propósitos y, al hacerlo, contribuye también con la sociedad. Resaltar su labor como educador y cómo tributa ésta a la profesión del periodista.

Tipo de Entrevista:

Por la forma: De Preguntas y Respuestas.
Por su contenido: Biográfica.
Por el canal que se obtuvo: Entrega de Cuestionario.

Tipo de Titulo: De cita textual.
Tipo de Entrada: De cita textual o declarativa.
Tipo de Conclusión: De  opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Activas:

Estudiantes de primer año de Comunicación Social de la Facultad de Comunicación  de la Universidad de La Habana.

Emilio A. Barreto Ramírez (entrevistado) 

 

¿DEPORTISTA O PERIODISTA?

¿DEPORTISTA O PERIODISTA?

Oscar Sánchez lleva más de una década en el colectivo del periódico Granma: “Mi principal objetivo es trabajar todos los días, ser útil al diario y a mi país”, afirma.

ANEL REGUERA PUENTE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Tras ejercer como entrenador de esgrima escolar femenina, Oscar Sánchez Serra ha dedicado al periodismo casi 20 años. Transitó por medios de prensa como Tribuna de La Habana y Bastión, este último de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En 1990 se incorporó a la redacción deportiva del periódico Granma, y en el 2001 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en su primera edición. Actualmente desempeña el cargo de director de Granma Internacional, semanario de la casa editora de igual nombre.

-Graduado de licenciatura en Cultura Física en la especialidad de Historia del Deporte, fue esgrimista, luego periodista y tiene un libro publicado. ¿Existe algún objetivo sin lograr aún?
 
Mi principal objetivo es trabajar todos los días, ser útil al diario Granma y a mi país, eso es lo que me propongo. Al graduarme en la escuela Manuel Fajardo fui enviado hacia Las Tunas para cumplir el servicio social, como entrenador del equipo femenino de esgrima, de 13 a 15 años de edad, el cual fue campeón de la categoría durante tres años consecutivos, en torneos escolares nacionales. Así continué trabajando hasta llegar a la redacción deportiva de Granma. No me planteé lograr esas metas, sino realizar bien la función que me asignaron en su momento.

-¿Por qué el cambio de esgrimista a periodista?

No considero que haya ocurrido un cambio porque antes de ser deportista ya escribía. Comencé desde pequeño, comparaba mis artículos con los publicados en los periódicos. Me siento muy ligado a ambas profesiones. Mi pasión por conocer cada día más sobre el deporte me condujo al periodismo.

-Director de Granma Internacional, miembro del Comité Municipal del Partido, delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular. ¿No cree que tantas responsabilidades lo alejen demasiado de  su esposa y sus tres hijos?

El trabajo en el Comité Municipal del PCC -desde 1999- contribuyó a formarme para ser una mejor persona, más humana, capaz de comprender y relacionarme bien con los subordinados, y a ser un profesional íntegro con capacidad para asumir varias funciones. Si no dedico el tiempo necesario para atender a la familia, que es lo más importante de mi vida, es mi responsabilidad, no de las obligaciones que desempeño.

-¿Se siente un hombre realizado?

Feliz, sí; realizado no, porque en ocasiones existen pequeños fallos en el quehacer diario de la redacción. Ello me hace pensar que puedo esforzarme más en mis responsabilidades.

-El 31 de julio de 2007 usted se desempeñaba como subdirector para la versión digital del periódico Granma y en ese entonces el periódico cumplió 10 años navegando en Internet con un aproximado de 600 000 lecturas diarias, ¿cuántas barreras quedan por vencer para aumentar el número de lectores?

Muchas. La versión digital de Granma comenzó en 1997. En su primer año contaba con apenas 100 mil visitas. Actualmente ha multiplicado la cifra para una edición. Nuestro propósito más inmediato es incrementar la cantidad hasta alcanzar un millón de lectores diarios, objetivo que es ambicioso. Trabajamos para tener una página Web más dinámica, es decir, con más subsitios Web. En este año 2008 abriremos una nueva opción acerca del cine latinoamericano, la cual, unida a los de la Feria Internacional de Libro, los Cinco Héroes y los 32 de deporte existentes, sin dudas contribuirá a alcanzar la cifra millonaria de visitantes.

-Usted ha escrito sobre judo, atletismo, ajedrez, tiro deportivo y béisbol, entre otros deportes, ¿por qué más acerca de judo?

Es mi deporte favorito. Quedé enamorado de la disciplina desde que comencé a trabajar en la redacción deportiva de Granma. Me sensibilicé mucho con los atletas, es un deporte de grandes sacrificios. Conocer sobre ellos fue una de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Actualmente no escribo sobre la temática porque desempeño funciones de dirección; en realidad, extraño mucho hacerlo.

-¿Algún antecedente familiar escritor?

Yo soy el primer periodista de la familia y todavía no se ha decidido el segundo, mi hijo mayor siente afición por la carrera, veremos si opta por ella.

-El periódico Granma es el Órgano Oficial del Comité Central del PCC y posee profesionales de vasta experiencia y valía. ¿Debe ser el mejor del país?

Debe ser no, tiene que ser el mejor diario de Cuba. Cada noticia e información publicada acerca de temas nacionales o internacionales es escrita con especial cuidado y mucha responsabilidad porque es el órgano de prensa que representa al Partido y, además, el que más ejemplares imprime diariamente. Sin embargo, tal vez otros rotativos son más amenos que Granma.

-¿Qué caracteriza al periodismo cubano actual?

El periodismo cubano se caracteriza por educar, orientar e informar al lector, pero en ocasiones el profesional de la prensa debe ser menos simplista; es decir, profundizar e investigar más sobre el tema que publicará. No debe solo entrevistar al director de la fábrica sino, al obrero que también puede ser protagonista de la noticia. En fin, que para alcanzar mayor profesionalidad el periodista tiene que leer mucho.

-¿Actualmente, cómo acoge el colectivo de Granma a los estudiantes de la carrera de Periodismo?

Con más atenciones. Hace unos tres años apenas se les publicaban trabajos periodísticos -es lo que más anhelan, además de aprender-, a los estudiantes de primero, segundo y tercer años que ingresan al centro para realizar sus prácticas laborales. Ahora recibimos un mayor número de ellos, la dirección del diario tiene más en cuenta sus trabajos e incluso hoy existe una notable preocupación por cómo se desenvuelve cada joven en el transcurso de su labor en el medio. Estamos comprometidos con la Facultad de Comunicación.

-Como enviado especial participó en múltiples eventos deportivos internacionales. ¿Puede relatar algún momento significativo?

Todos mis viajes tuvieron un momento significativo. Recuerdo de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, cuando el cubano Gerardo Ortiz ganó, con una pierna lesionada, la competencia de Tae Wuan Do en los 80 kilogramos, fue un momento muy emocionante para mí. En el propio certamen, sentí mucho regocijo al saber que los periodistas cubanos son considerados por la prensa extranjera una fuente de información confiable, ya que se nos pregunta sobre cualquier acontecer deportivo. Otro recuerdo de mucha trascendencia fue ver el inmenso apoyo que recibió el equipo cubano de béisbol, por el público griego en el partido final contra Australia, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

-En una ocasión le escuché decir que los periodistas de la redacción deportiva de Granma poseen, como en ninguna otra, una envidiable experiencia profesional en su quehacer. ¿Se atrevería a afirmar que es la mejor del país?

No sé si es la mejor del país, pero sus integrantes son verdaderos especialistas en diferentes materias deportivas. Pongo dos ejemplos: Sigfredo Barros escribe hace más de 20 años acerca de béisbol, y Montesinos es una autoridad en cuestiones tanto nacionales como internacionales en Juegos Panamericanos y Centroamericanos, y funcionarios de la Organización de Deportes Panamericanos lo han telefoneado para precisar datos con él. En esos argumentos me baso para hacer dicha afirmación.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer aspectos de la vida del entrevistado

Objetivos colaterales: Conocer acerca de los inicios de su carrera, de su trayectoria profesional y su opinión acerca de tópicos relacionados con el periodismo.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de Título: De interrogación
Tipo de Entrada: Biográfica
Tipo de Cuerpo: Clásico (de preguntas y respuestas)
Tipo de Cierre: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas: Oscar Sánchez Serra, periodista del diario Granma y actual director del semanario Granma Internacional.

 

UNA MUJER SIN BARRERAS

UNA MUJER SIN BARRERAS

Julita Osendi, la conocida periodista de temas deportivos en la Televisión Cubana, confiesa que “de lo único que me arrepiento es de no haber podido correr los 110 metros”.

LILLIEN TRUJILLO VITÓN,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Impulsada por el regocijo que siente al vivir lo que siempre deseó, e inmune ya ante los obstáculos, Julita Osendi sigue forjando la leyenda que inició hace más de veinte años. Su voz es severa, fuerte. Su pasión por el deporte el sello que la distingue. Treinta minutos observándola en su labor cotidiana en el Noticiero Nacional Deportivo fueron suficientes para descubrir tras la alta figura a una mujer llena de energías, de experiencia, y a pesar de los años, de juventud.

Agradecí el espacio que me dio en su agitada agenda de trabajo, pues como ella misma afirmó, no tiene tiempo. Se sentó a mi lado con la seguridad de quien no tiene nada que esconder y siente orgullo de sí misma. Entonces, me dijo: “Podemos empezar”.

-¿Por qué eligió el periodismo deportivo?

Siempre me gustó el deporte. Yo soy una deportista frustrada, imagínate que jugaba pelota y practicaba atletismo. Corrí junto con Ana Fidelia Quirot: cuando ella entraba a la meta, entraba yo. Ahí fue donde me materialicé.

-El periodismo deportivo es una profesión atribuida, generalmente, a hombres. ¿Cuán difícil fue para usted insertarse en ella?

Muy difícil. Significó trabajar tres veces más para estar a la par de un hombre. Soporté insultos y rechazos hasta por parte de los deportistas. En ese entonces yo era muy joven y los veía así, desde abajo, ellos estaban arriba. Después hubo un paralelo entre nosotros y ahora soy yo la que los mira desde arriba, pues soy mayor que casi todos los deportistas y entrenadores.

-¿Cómo llegó al Noticiero Nacional Deportivo?

Entré con la ayuda de Eddy Martín, pero tuve que hacer una prueba antes. En realidad siempre colaboré con la redacción deportiva, desde que esta pertenecía únicamente al Noticiero Nacional de Televisión. Fue desde los años 80.

-¿Cómo ve Julita Osendi la salud del periodismo deportivo cubano?

El periodismo deportivo cubano padece en estos momentos de falta de cultura e improvisación, de un yoísmo por parte de algunos colegas, sobre todo en el medio radial. El periodista deportivo se caracteriza por la improvisación, no importa donde lo “suelten” si tiene cultura, y eso es precisamente lo que está faltando.

-¿Siente predilección por algún deporte?

Sí, por el atletismo.

-Y al béisbol, ¿en qué lugar lo sitúa?

Al béisbol lo tengo en un segundo plano. Quisiera que me recordaran por el atletismo, por los trabajos que hice con Sotomayor, con Ana Fidelia y, sin embargo, la gente me recuerda más por el béisbol.

-¿Se atrevería a narrar un partido?

Ya no. A mí me interesó muchísimo durante un tiempo, pero en estos momentos no, porque a mí no me gusta ser cola de león, a mí me gusta ser cabeza de ratón y creo ser aceptablemente buena en lo que hago.

-Usted ha tenido la oportunidad de presenciar momentos cumbres del deporte cubano, ¿cuál ha sido el que más la ha impresionado y por qué?

Barcelona 92, porque eran mis primeros juegos olímpicos y porque me es una tierra entrañable: mi padre es de allí, toda mi familia. ¡Yo soy española por los cuatro costados! La ceremonia de inauguración es la cultura que llevo dentro. Para mí esas olimpiadas no tienen paralelo en la historia. Sydney y Atenas fueron grandiosas, pero ninguna como Barcelona 92.

-¿Alguna vez se ha arrepentido del camino que eligió profesionalmente?

De lo único que me arrepiento es de no haber podido correr los 110 metros.

-¿Hay alguna vivencia relacionada con su trabajo que recuerde de manera especial?

La bomba de Atlanta’96. Cuando las Olimpiadas de Atlanta’96 pusieron una bomba y la única cámara que llegó fue la mía. Hubo dos muertos y yo los filmé. Después la CNN transmitió la cinta y su director me hizo llegar un enorme ramo de flores para reconocer mi trabajo.

-De no haber sido periodista deportiva, ¿qué hubiera sido?

Atleta, hubiera sido atleta.

-¿Qué es lo que más le apasiona de su trabajo?

La victoria de Cuba en cualquier cosa.

-¿Cuánto significó para usted el fallecimiento de ese grande del periodismo deportivo que fue Eddy Martín?

Eddy fue todo: fue ejemplo, fue mi papá, mi maestro, mi más severo crítico. Su muerte fue una muerte inútil. Todavía me parece verlo entrar por esa puerta. Desde que murió no puedo ver la pelota, me cae mal porque él no la narra. No tengo nada en contra de quienes lo hacen ahora. Es simplemente que tengo que apagar el televisor cada vez que empiezo a ver un juego porque lo recuerdo y él no está narrando.

-¿Hay alguna cosa a la que le dedique su tiempo profesional con el mismo gusto que el deporte?

Fuera del deporte lo único que hago es seguir a Rosita Fornés. La gente de la redacción “culturales” en la televisión me llama para que les cubra sus presentaciones. Imagínate que yo salí en medio del Preolímpico para el Gran Teatro de La Habana para reportar un espectáculo suyo.

-¿Qué opinión le merece Ana Fidelia Quirot?

Ana Fidelia es mi hermana. Entre hembras y varones es el deportista más grande que ha tenido Cuba, aún sin ser campeona olímpica. Desde el punto de vista personal, para mí es divina.

-¿Después de superar tantos obstáculos, qué representa para usted el respeto que le profesa la afición deportiva?

Mi máxima alegría. Es el pago de 29 años de incansable trajín, de incansable accionar.

-¿Qué consejo daría a una mujer que aspire a iniciarse en el periodismo deportivo?

Que sin perder la ternura y la delicadeza, y teniendo en cuenta que ya hubo una loca que le abrió el camino, nunca se deje amilanar, que ataque siempre, que se defienda. Que trate de ganar el respeto de los deportistas y de sus compañeros.

-¿Hay algo que le falte por hacer?

Ser feliz, eso me falta.

Ficha técnica:
 
Tipo de entrevista: De personalidad.

Objetivo central: Indagar sobre aspectos de la vida de la reconocida periodista deportiva.

Objetivos colaterales: Conocer vínculos entre su vida profesional y personal; y buscar elementos novedosos de su personalidad.

 

 

LA VUELTA

LA VUELTA

Luis Sexto prologó el libro La vuelta es Cuba, de Joel García, periodista del semanario Trabajadores. El autor del texto, en cortesía para Isla al Sur, permite su republicación. 


Nunca gané una Vuelta. Paradójicamente la Vuelta me ganó otorgándome  el premio de la emotividad y su tributo permanente: la nostalgia.  He terminado de leer este libro, y mi corazón ha viajado a rueda de la memoria y la añoranza. ¡La Vuelta! ¿Habrá alguien que habiendo participado en ella, dentro o fuera del pelotón, haya podido olvidar esas jornadas cuando nos parecía que un nuevo hombre se formaba con el barro distinto del polvo y el sudor?

En las páginas que siguen se verá que ninguno de los protagonistas de este entrañable guión ciclístico ha logrado borrar la cicatriz de la Vuelta. Porque, como en el poema famoso de Amado Nervo dedicado a su amada, “quien la vio no la pudo jamás olvidar”.  Y ahora este libro de Joel García nos la resucita vital, cierta, creadoramente. Y lo primero de cuanto podría decir sobre la obra, se refiere a su clasificación genérica. Me parece que los mejores libros son esos que carecen de la ductilidad que facilite introducirlos en un casillero. Y por tanto aquí cada lector encontrará lo que más lo apremia o le satisface. Desde el dato estadístico y la valoración técnica o periodística, hasta la confesión inédita, la intrahistoria, el dato nunca sabido del cúmulo de pasiones humanas que surgen y se pulen en una vuelta ciclística.

Yo me reencontré, al leerlo, con una de las etapas más fecundas de mi vocación periodística. Cubriendo la Vuelta, siendo testigo y a veces víctima de las insolencias e inclemencias del camino y las provocaciones de la meta lejana, experimenté hace 30 años el privilegio de ejercer el periodismo. Lo supe desde el primer momento. No tuve que esperar la aparición de las cenizas o el reposo de las aguas para apreciar nítidamente cuánto me transformo la Vuelta en mis conceptos profesionales. Y si poco después de haber cubierto el giro de 1976, abandoné el sector deportivo con el propósito de adscribirme a otros temas, cada vez que la Vuelta repetía su ciclo mi corazón de enamorado experimentaba el desgarramiento. Así debe pasarnos a todos. Y menciono en particular a Elio Menéndez, uno de los parteros de la Vuelta Ciclística a Cuba, de quien aprendí mis primeros términos en la ruta.

La Vuelta es una de las tantas cristalizaciones perdurables del INDER. Su inauguración en 1964 ayudó a masificar el ciclismo y a convertir el espectáculo deportivo en una fiesta de cultura. Cuando los trabajadores de la zafra armaron por primera vez un arco con sus machetes a orillas de la carretera para que los ciclistas gozaran del triunfo de competir, y los habitantes de pueblos y caseríos se aglomeraron en las aceras con sus  pañuelos en el aire, la Vuelta empezaba a gestar un público respetuoso y querencioso de la gloria deportiva, bajo cuya influencia revolucionaria Cuba se hacía mejor sociedad.

Joel García, periodista de 29 años, nos reproduce en este libro las primeras 29 ediciones del giro nacional. Pero, como ya he insinuado,  no asume la postura del compilador que pone nombres, tiempos y fechas. Trasciende esa mínima, aunque necesaria, función. Y junto con todo el andamiaje estadístico, onomástico y cronológico, nos delinea en un estilo restallante, vívido, rápido como la bicicleta de Pipián Martínez o  Locomotora Vázquez, la profundidad humana de la épica de la Vuelta. Predomina en el autor el gusto por una síntesis que se afinca en el detalle más revelador. Y las páginas, más que resúmenes, son crónicas noveladas que a la vez que informan, recrean el ambiente geográfico y psicológico de la carrera con un tino de estirpe romántica.  De la Vuelta no se puede escribir sino así: mojando las teclas en la sensibilidad. Y para ello hay que estar enamorado. Joel García –que escribe su libro con la misma edad con que yo cubrí mi primera Vuelta- también fue seducido. Él, al igual que ruteros, directivos y periodistas, se percató que le habían dado acceso a un hecho único. Y no ha tardado en regalar a su novia el anillo que afianza un compromiso, una pasión.

La Vuelta cuenta habitualmente con un corto prólogo. Una carrera que calienta las piernas. Y este prólogo -cuya encomienda, ante la ausencia de otros con mayores méritos, me honra- ha de ser también breve. Termino de escribir. Y mi corazón pedalea jadeante tras el pelotón que se estira y se pierde en la ignota incertidumbre del que hace camino al andar,  y que aunque no sea el Líder, el ganador, sabe que habrá ganado siempre el fuego y el placer de la aventura, la promesa, el tesón. Y la nostalgia. 

Corta es la vida, larga es la cola de la Vuelta. 

GÉNERO Y COMUNICACIÓN

GÉNERO Y COMUNICACIÓN

Tomado de: Semanario Opus Habana, Vol. V, No. 22/2008

Con la presencia de estudiosos de México, España, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Italia, Guatemala, Nicaragua, Brasil, Panamá y Cuba, desde el martes 27 al jueves 29, sesionó en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, el 8vo. Encuentro Iberoamericano Género y Comunicación, que auspician la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Periodistas de Cuba y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales. Inaugurado en el Centro Hispanoamericano de Cultura (Oficina del Historiador de la Ciudad), el evento incluyó el análisis en paneles y comisiones de más de un centenar de trabajos sobre «Género, violencia y cultura de paz», y «Género, sexualidad, salud y ciclos vitales», entre otros.