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Isla al Sur

EL BALLET OLVIDADO DE ALICIA ALONSO

EL BALLET OLVIDADO DE ALICIA ALONSO

Por mostrar las problemáticas sociales de la época y provocar un verdadero escándalo entre la alta burguesía de 1947, Antes del alba se expuso un solo día en dos funciones.

RACHEL MORALES HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Antes del alba, primer ballet de tema social llevado a la escena en Cuba, se estrenó el 27 de mayo de 1947 en el Teatro Auditórium (hoy Amadeo Roldán) por el coreógrafo y bailarín Alberto Alonso con el fin de mostrar una danza genuinamente cubana.

La función provocó un verdadero escándalo entre la alta burguesía, por lo que se expuso un solo día en dos actos: uno para los asociados de Pro-Arte, los que le dieron una apática acogida; y al otro asistieron representantes de la intelectualidad progresista y sectores humildes de la población, quienes comprendieron la importancia de la puesta en escena.

“A pesar de que la directiva de Pro-Arte impidiera la participación de varias de las alumnas por considerar vulgar el conflicto que trataba, Alicia accedió a formar parte del montaje, único motivo por el que aceptaron la presentación de la obra, pero nunca más se reestrenó, ni siquiera luego de 1959”, manifestó Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba.

El guión lo escribió el actor, dramaturgo y director teatral español Francisco Martínez Allende, debido al interés que despertaban en él las problemáticas sociales de la época por ser un hombre de ideas políticas progresistas.

“Había un aspecto de la sociedad cubana que obsesionaba al dramaturgo, y era el suicidio femenino con fuego, un problema bastante extendido en todo el país”, fenómeno con que concluye la obra, registra el libro el Ballet en Cuba: apuntes históricos, de la editorial Cúpulas.

El argumento se desarrolla en un solar y narra el final de la vida de Chela, joven viuda enferma de tuberculosis, quien sale al patio, atraída por la algarabía de los vecinos. Allí observa a una joven pareja que le recuerda a su amor fatalmente perdido y le provoca visiones fantásticas que la sumergen en el ocaso de una agónica existencia, anotó Yahimí Mederos Moronta en su tesis Lo cubano en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba (BNC), de la Facultad de Artes y Letras.

Hilario González ideó la música y la dirección de orquesta fue del maestro José Ardévol. Las partituras aportaron la novedad de incluir ritmos de expresiones populares cubanas como el bolero, la guaracha y el bote. Además, entre los bailes estaban la rumba y  la conga del carnaval que, de forma arriesgada, se mezclaron al lenguaje académico.

El pintor Carlos Enríquez asumió la realización de los diseños de escenografía y vestuario. En estos componentes figuraban elementos oníricos de la arquitectura tradicional cubana y diablitos de la cultura Abakuá.

“El revolucionario proyecto significó algo insólito, pues llevó a la escena la problemática social cubana y logró expresar la herencia afro y los ritmos de nuestros bailes populares a través de la técnica clásica”, comentó Mirta  Elizarde Toscano, especialista del Museo de la Danza.

En los roles principales estaban Alicia Alonso como Chela; Alberto Alonso interpretaba a Rafael, el marido muerto; Fernando Alonso, como Raúl, y Dulce Whover, Inés, los jóvenes enamorados; Elena del Cueto era Cachita, la muchacha coqueta.

Los Alonso obtuvieron la certeza de que el ballet  debía ser patrimonio y reflejo de todo un pueblo y no privilegio de una minoría. Dicha repercusión fue la antesala de la fundación del BNC, el 28 de octubre de 1948, primera compañía profesional de ballet en el país.

Pie de foto: Alicia Alonso interpretó a Chela, la protagonista, quien se suicida al finalizar la obra.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Clásico de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional.
Tipo de fuentes: Documental: Ballet en Cuba: apuntes históricos, de Miguel Cabrera; Tesis Lo cubano en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba (BNC), de Yahimí Mederos Moronta, Facultad de Artes y Letras, 2008; No documental: Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba; Mirta  Elizarde Toscano, especialista del Museo de la Danza.
Tipo de noticia: Ligera, blanda, que afirma, simple, directa.
Primer valor noticia: Prominencia de los protagonistas.
Valores noticia: Singularidad, Proximidad.

EL SIGLO XIX CUBANO: UN COMBATE CONTRA LA CENSURA ESPAÑOLA EN LA ISLA

EL SIGLO XIX CUBANO: UN COMBATE CONTRA LA CENSURA ESPAÑOLA EN LA ISLA

AILEEN INFANTE VIGIL-ESCALERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Según la investigadora Martha Lesmes en su artículo Concepciones de periodistas, pensadores y escritores cubanos sobre la prensa y su función social (hasta 1868), el desarrollo de la nación cubana se caracterizó por su peculiar unicidad, evidenciada tras un acercamiento a la génesis de la evolución de la prensa y el periodismo en nuestro país.

“Desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XIX, las manifestaciones de algunos elementos que denotaban la presencia definitiva de una conciencia y de una literatura nacional, así como la condición colonial de la isla, justifican la afirmación inicial. Puede decirse, además, que a diferencia del resto de los países de nuestro ámbito regional, el periodismo cubano se estableció como actividad sistemática y de primer rango intelectual, junto con el advenimiento pleno de nuestra literatura romántica y bajo condiciones objetivas muy específicas” (Lesmes, M., en García, J., p.14).

Para algunos historiadores como Juan Marrero en su libro Dos siglos de Periodismo en Cuba, la sociedad en Cuba a partir de 1810 y hasta 1868, es escenario de un gran forcejeo ideológico y de intereses donde esclavismo o abolición, reformismo o anexionismo, autonomía o independencia, conservadurismo o liberalismo, fueron los temas y corrientes de pensamiento que afloraron y se enfrentaron con colores y matices varios en este período de la historia.

Los periódicos y revistas que nacen, algunos de ellos con efímera vida, no lo hacen para complacencia y desahogo de sus redactores, sino que se utilizan como instrumentos para la promoción y defensa de diferentes ideas e intereses en muchas ocasiones contrapuestos. De tal forma que las primeras evidencias de la inconformidad ciudadana con el gobierno colonial se manifestaron cuando la Isla comenzaba a disfrutar de los beneficios de la primera ley de libertad de imprenta, decretada al poner en vigencia en España por la constitución liberal.

En virtud de las leyes de imprenta y asociación promulgadas en el siglo XIX, la Corona le concedía a las clases propietarias y letradas criollas ciertas facultades suplementarias que habían sido siempre suyas: la facultad de asociarse y de expresar sus opiniones; sin embargo, lo realmente paradójico de las nuevas ordenanzas prescritas por la legislación colonial española radicaba en que se concedía un derecho soberano para negarlo acto seguido.

“Se reconocía el derecho de los criollos de ultramar a crear sus órganos de opinión pública y sociedades para postular a continuación  que las autoridades coloniales ejercían una soberanía o derecho inminente sobre esas instituciones. O sea, se reconocía que los criollos eran soberanos para determinar solo lo que las autoridades tuvieran a bien. La nueva legislación resultó más onerosa y agravió aun más a los criollos. Las consecuencias inmediatas fueron que las relaciones entre las autoridades y los criollos se tornasen más tensas y enconadas. De ese modo, la creación de una opinión pública por los criollos contribuyó a recrudecer los conflictos en la Isla, sobre todo, en la región centro oriental, y probablemente a acercar o precipitar la hora  de la ruptura definitiva con la metrópolis” (La formación de la esfera pública en Cuba).

Según el autor de Dos siglos de periodismo en Cuba, la promulgación en España de la Constitución de 1812, la primera en la historia de ese país que colocaba la soberanía en la nación y no en el rey, “disponía la separación de los poderes del Estado y la abolición de los privilegios señoriales, a la vez que reconocía varias libertades, entre ellas la de imprenta, determinante para que en Cuba hubiese, a partir de entonces, un incremento del número de periódicos con una amplia variedad de posiciones políticas e intereses” (Marrero, 2003).

Ante este adelanto, se instalaron en todo el país nuevas imprentas que propiciaron el surgimiento de decenas de nuevas publicaciones de diverso tipo: políticas y literarias, científicas y técnicas, económicas y mercantiles, humorísticas y satíricas, de modas y recreativas, al punto que “sólo de 18l2 a 1832, por ejemplo, aparecieron más de doscientos periódicos, revistas y boletines en La Habana y otras ciudades del país”  (Ibídem).

“Si bien la cantidad de publicaciones periódicas conocidas que circularon en Cuba durante la primera ley de libertad de imprenta fue mayor que las que lo hicieron bajo la segunda, en 1820, las ideas con respecto al ejercicio periodístico variaron notablemente, así como la calidad del mismo […]. Estos periódicos ilustrados del liberalismo inauguraron una nueva etapa dentro del periodismo nacional, porque no fueron empresas gubernamentales, sino contribuciones personales a la cultura cubana con el único interés de servirla y de transmitir a la mayor de las Antillas las motivaciones políticas que habían conducido a los pueblos del continente, una década antes, por los caminos de sus movimientos independentistas” (Lesmes, en García, p. 19).

Así, mientras se buscaba un despertar de nuestra conciencia nacional, se ponía en justo lugar el papel de la prensa en una actitud ética ejemplar, ya que, lejos de ser incompatible con el orden y la tranquilidad ciudadana, la libertad de imprenta y por consiguiente la libre expresión de las ideas, era una de las principales vías en el logro de la justicia social y política sin promover enojosos enfrentamientos violentos o revueltas y motines indeseados.

Al referirse a ese período, el historiador Jacobo de la Pezuela, escribió que, “como movidos por un resorte común rompieron con sus mordazas todos los periodistas de la anterior época, y aun algunos de los nuevos. De ahí que sea, precisamente en 1812, cuando tuvo lugar la primera junta general de periodistas en la historia de Cuba bajo el siguiente comunicado: “congregados todos los periodistas de la Habana en lugar seguro, donde libres de todos los ignorantes, de los partidarios de la tiranía y de los aduladores sempiternos de los déspotas, pudiesen tratar de reformas de abusos y de proponer los medios convenientes para remediar los males que afligen a nuestra patria, se determinó ante todas las cosas, para el mayor orden de las ulteriores juntas, elegir un presidente, un vicepresidente y secretario, y procediéndose a la votación salieron electos, a pluralidad de votos para el primero El Censor Universal; para el segundo El Diario, y para secretario El Lince” (Marrero, 2003).

Concluida esta ceremonia, juraron todos defender siempre la justicia y la verdad y combatir incesantemente a la tiranía y el despotismo bajo el discurso de apertura del recién elegido presidente, quien uniéndose al compromiso, argumentaba que habíase ya como un año que gozaban del eterno e imprescriptible derecho de pensar y de comunicar sus pensamientos a los demás seres por medio de la prensa libre, y en todo este tiempo no habían cesado sus declamaciones contra la arbitrariedad y los abusos que se habían introducido en todos los ramos de la administración, y de proponer el remedio que creían más oportuno y eficaz para curar radicalmente la enfermedad que tanto afligía a la sociedad.

Se trataba, sin dudas, de un documento trascendental que, en primer lugar, reflejaba la voluntad de los primeros que trabajaron en el periodismo en Cuba de unirse y luchar por determinados objetivos; aunque para realizarlo, sus participantes hayan tenido que tomar precauciones celebrándola en un “lugar seguro” y encubrir sus verdaderos nombres con pseudónimos representativos de publicaciones ya existentes por aquellos tiempos como El Presidente, El Hablador, El Reparón y El Patriota, etc., además de los utilizados por los elegidos presidente, vicepresidente y secretario de la junta.

Sin embargo, en pocos años el liberalismo que había sido positivo para Cuba, fue sepultado en España. “La restauración al poder de Fernando VII trajo como consecuencia que el sector más conservador de la clase de los hacendados recobrase su influencia. En 1824 dispuso la creación de comisiones militares para juzgar a ´los enemigos de los legítimos derechos del trono´ y a perseguir ´a los que promuevan alborotos o escriban papeles o pasquines dirigidos a aquellos fines´” (Marrero, 2003).

Comenzaba de este modo un largo período dentro de la evolución de la prensa cubana, donde la defensa de los intereses e ideales patrios se verían envueltos en todo un combate contra los mecanismos de censura impuestos por la colonia española en la Isla.

Félix Varela, El Habanero y El Mensajero Semanal de Nueva York frente a la censura colonial española

Varela, quien se encontraba en España durante la restauración del gobierno de Fernando VII, fue de los primeros a los que se persiguió, y se vio obligado a refugiarse en Gibraltar, y de ahí se trasladó a Estados Unidos, donde vivió desterrado hasta el fin de sus días, en 1853.

“El amor que tiene todo hombre al país en que ha nacido, y el interés que toma en su prosperidad le llamamos patriotismo. La consideración del lugar  en que por primera vez aparecimos en el gran cuadro de los seres, donde recibimos las más gratas impresiones, que son las de la infancia, por la novedad que tiene para nosotros todos los objetos, y por la serenidad con que los contemplamos  cuando ningún pesar funesto agita nuestro espíritu; impresiones cuya memoria siempre nos recrea, la multitud de los objetos a que estamos unidos por vínculos sagrados de naturaleza, de gratitud y de amistad; todo esto nos inspira una irresistible inclinación y un amor indeleble hacia nuestra patria. En cierto modo nos identificamos con ella,  considerándola como nuestra madre, y nos resentimos de todo lo que pueda perjudicarla. (…) De aquí procede el empeño en defender todo lo que le pertenece, ponderar sus perfecciones y disminuir sus defectos” (Varela, en Guadarrama).

Lo primero que hizo Varela al llegar a Estados Unidos fue publicar en español y en la ciudad de Filadelfia, el periódico El Habanero, destinado a llamar a los cubanos a ´ocuparse de la suerte de la patria´ y ´a operar con energía para ser libres´. Este periódico era enviado clandestinamente a Cuba, y su circulación en el interior del país en los dos años que tuvo de vida contribuyó a mantener vivo el anhelo por la independencia. “Aunque solamente se publicaron siete números con un total de 200 páginas, el efecto que causó en Cuba lo revela una declaración de una autoridad española de la Época que calificó el contenido de sus páginas como opúsculos incendiarios” (Marrero, 2003).

En El Habanero, Varela ofreció a los cubanos “un verdadero programa anticolonial para América Latina, además de reiterar la idea de que no puede haber libertad política sin libertad económica”. (Miranda, en Lesmes, en García, p. 21).

Ese periódico dejó una profunda huella en el pensamiento revolucionario cubano ya que las ideas esenciales expuestas por Varela comprendían: “ser tan isla en lo político como lo estamos en la naturaleza; obtener la independencia sin ayuda extranjera; luchar por la abolición de la esclavitud; buscar la unidad de todos los componentes del país; los nexos inseparables entre los sentimientos americanos, cubano y el amor a la independencia” (Marrero, 2003).

Junto a Varela, mientras editaba El Habanero, estuvo José Antonio Saco, otra figura grande de la historia, que profesaba un amor entrañable a Cuba y tenía confianza en el poder de las ideas. Saco se opuso a la trata de esclavos y al anexionismo, y desde posiciones reformistas contribuyó a empujar al pueblo cubano al camino de la independencia.

Según Juan Marrero, se cuenta que Saco viajó a La Habana en 1826, y al regresar a Estados Unidos convence a Varela de no continuar la publicación de El Habanero debido a que los hacendados no estaban dispuestos a ayudar y el mantenimiento de ese periódico sólo iba a contribuir a derramamientos de sangre de la juventud cubana. Varela y Saco deciden poco después iniciar la publicación de otro periódico, también en Estados Unidos, al que dan el nombre de El Mensajero Semanal, que abandona la propaganda directa independentista, pero que en sus páginas alienta el desarrollo de la cultura cubana con especial énfasis en sus diferenciaciones con lo peninsular y en la reafirmación de lo americano.

Pero, como era de esperarse luego de la difícil situación que afrontó su predecesor El Habanero, también el gobierno colonial español prohibió la circulación de El Mensajero Semanal de Nueva York dentro de Cuba ya que el sector más poderoso de la burguesía esclavista no estaba dispuesto a aceptar ninguna acción divulgadora del pensamiento de los jóvenes liberales.   

Sobre esta problemática, la investigadora brasileña María Nazareth Ferreira afirma que “... la función política efectiva del periódico en la sociedad de clases no es la de dar noticias, divulgar datos que interesen a la clase o a los sectores dominantes, sino de amoldarlos, estirarlos y comprimirlos, reproducir así la vida pública y privada conforme a los parámetros ideológicos de sus productores”.  (Ferreira, en García, 2004).

No obstante, tanto El Habanero como El Mensajero Semanal, pese a la prohibición de su circulación por el gobierno colonial español, “sirvieron de aportes al contenido político de esa generación de criollos en lucha por hallar luz y, a la vez, de guía para los que encabezarían la lucha por la independencia y la dignidad de Cuba” (Marrero, 2003).

El semanario obrero La Aurora y el comienzo de la conciencia de la clase obrera en Cuba

“Los años inmediatamente anteriores al estallido de nuestra primera gran guerra por la conquista de la independencia nacional estuvieron caracterizados por la radicalización del pensamiento cubano y por el surgimiento de publicaciones periódicas con perfiles nunca antes vistos” (Lesmes, en García, p. 31).

De ahí la importante trascendencia que tuvo el surgimiento, en 1865, del  semanario La Aurora, primera publicación del reformismo obrero en Cuba dedicado a servir los intereses de nuestros trabajadores. La Aurora fue una publicación de cultura general donde materiales literarios y científicos, junto a análisis sobre los problemas cotidianos que afectaban a los trabajadores, aparecían en sus páginas.
 
La idea de fundar esta publicación fue de Saturnino Martínez, (1840-1905) “llegado a Cuba adolescente y vinculado al oficio de torcedor en la famosa fábrica Partagás, que compartía, en el horario nocturno con el de estacionario de la Biblioteca Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País”  (Romero, 2012).        

“Esta publicación no fue precisamente un periódico político, sino una posibilidad de representar a los artesanos y obreros cubanos y, sobre todo, de ilustrarlos, fomentar entre ellos el hábito de la lectura y difundir las ideas científicas y literarias del momento” (Lesmes, en García, 32).

Además de publicar cuestiones obreras, fundamentalmente aquellas relacionadas con los tabaqueros, La Aurora incluyó innumerables colaboraciones de índole literaria como poesías, artículos de crítica y novelas por entregas y dedicó también un espacio a temas relacionados con la educación. Entre sus colaboradores estuvieron destacadas figuras de la literatura cubana como Joaquín Lorenzo Luaces, José Fornaris, los hermanos Sellén, Luis Victoriano Betancourt, Alfredo Torroella, Antonio Bachiller y Morales y Mercedes Valdés Mendoza.

El primer número apareció el 22 de octubre de 1865 y allí figuraba una “Profesión de fe” en la que se expresaba: “Por eso nosotros venimos a colocar nuestro grano de arena en el gran edificio que la humanidad erige. Cosmopolitas por convicción venimos a manifestar nuestras ideas con la libertad que nos sea permitida y entre los límites a que está sometida una publicación del carácter de la nuestra. Venimos a hermanarnos a ese grupo de obreros de la inteligencia que tanto afán manifiesta por el adelanto de las ciencias y de la literatura y por la difusión de las luces en las masas de la sociedad” (Romero, 2012).

A Saturnino Martínez se debe, igualmente, la iniciativa de las lecturas en las tabaquerías durante las horas de trabajo. La Aurora figuró entre las primeras publicaciones que se leyeron en las fábricas El Fígaro y Partagás, las primeras que implantaron esa innovación. Semanalmente en las páginas de esta publicación se anunciaban informes sobre la marcha de ese movimiento de lectura en las tabaquerías que llegó a convertirse en una atracción nacional e internacional” (Marrero, 2003).

Muy pronto, sin embargo, a finales de 1866, el gobierno colonial español prohibió esas lecturas en las tabaquerías, y el periódico La Aurora fue sometido a continua vigilancia por los censores, sin que por esto su corto período de existencia dejara de señalar el comienzo de la conciencia de la clase obrera en Cuba.

El estallido revolucionario de octubre de 1868, la consiguiente dispersión de muchos de sus colaboradores y la imposición de las autoridades coloniales fueron las causas determinantes para que esta publicación terminara desapareciendo de las esferas obreras cubanas en ese año y para siempre.    

El Cubano Libre, un adversario de armas tomar contra la censura del gobierno colonial español en la Isla

En los años 60 se tomaba cada vez más conciencia de la naturaleza del régimen autocrático impuesto en la Isla por el régimen liberal español. Al respecto, un patriota emigrado en un periódico mexicano durante la guerra de los Diez Años expresó: “los censores, que con frecuencia son españoles y cuando no, cubanos españolizados, borran con el lápiz rojo sin piedad cuanto escriben de progreso y de ideas liberales los hijos del país, mientras que los periódicos peninsulares no tienen limites para la expresión de su pensamiento…” (La formación de la esfera pública en Cuba).

Sin embargo, alrededor de estos años “pre-guerra” dentro de la Isla, fueron menos frecuentes las expresiones de nuestros escritores, pensadores y periodistas en torno a la prensa y su función social, a pesar de la presencia de elementos fundacionales de diverso tipo en su concepción. Además, durante este período, “se puede fácilmente advertir la profundización de esas escasa referencias en la defensa de los valores nacionales que muy poco después serían vindicados en la manigua” (Lesmes, en García, p. 32).

La genuina prensa revolucionaria cubana fue creada y realizada por los gestores e impulsores de la causa por la independencia y la libertad de Cuba. De tal modo que a partir de 1868 unos veinte periódicos se imprimieron en la manigua, teniendo como característica común, además de su contenido ideológico, la irregularidad de su aparición; factor este último causante de que de algunos de éstos periódicos insurrectos no se conservan en la actualidad, ni siquiera ejemplares en los archivos.

Así, “con el levantamiento en armas de los cubanos se inició también un nuevo tipo de periodismo, inaugurado por Carlos Manuel de Céspedes al fundar en Bayamo, días después del alzamiento de la Demajagua, el periódico El Cubano Libre”, al que la historia recoge como el exponente principal de esa prensa independentista (Lesmes, en García, p. 32).

“Relata la historia que días antes del alzamiento del 10 de octubre de 1868 se tomó la decisión por Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, de publicar un periódico que fuera portavoz del programa revolucionario. Se discutió sobre su nombre, y el poeta y también periodista José Joaquín Palma dijo: ¿no vamos a libertar al cubano? El periódico, pues, debe llamarse El Cubano Libre” (Marrero, 2003).

El periódico vio la luz en la noche del 17 de octubre, en una antigua imprenta donde se había editado, en años anteriores, un periódico denominado La Regeneración, dirigido por Francisco Vicente Aguilera. Su primer director fue José Joaquín Palma, quien en su número primero, publicó bajo el título ´Orden del día´, un documento firmado por Céspedes como general en jefe del Ejército Libertador, en el cual ofrecía al pueblo de Bayamo velar por su tranquilidad y respetar sus propiedades.

“Céspedes tenía una clara conciencia del papel que debía asumir en la contienda independentista un órgano de prensa y, al efecto, puso a su disposición la experiencia adquirida como colaborador de La Prensa, El Redactor (Santiago de Cuba), El Eco (1857-1858) y La Antorcha (1860-1866), éstos dos últimos de Manzanillo. […]. Sin embargo, cuando en 1868, se decide a fundar El Cubano Libre, su concepto del periodismo no podía ser el mismo, consciente de que desde allí se hablaría a toda la nación y en otros términos. […]” (Lesmes, en García, pp. 32-33).

“No es el nuestro un pueblo ilustrado y es necesario que a la obra de destrucción del régimen despótico y sus instituciones, siga la edificación de una nueva mentalidad” (Pontes, en Lesmes, en García, p. 33).

“Esta mentalidad diferente estaba asociada a una nueva condición política y social en la que los cubanos ponían su empeño, para obtenerla por la vía de la guerra recientemente declarada a España, y en la que El Cubano Libre debía ser el vocero de la libertad como expresión suprema del derecho del hombre a disfrutarla, y de su deber de alcanzarla” (Lesmes, en García, p. 33).

El Cubano Libre también publicó noticias sobre los primeros hechos de armas e incluía una sección poética donde aparecían las dos primeras estrofas de La Bayamesa (hoy Himno Nacional). A partir de su segunda semana, y durante dos meses y medio, la publicación salió a diario con editoriales y artículos de fondo, noticias de la guerra, disposiciones oficiales, gacetillas y hasta una sección literaria.

Tras el anuncio de un próximo asalto de la ciudad de Bayamo por fuerzas del general Valmaseda, los patriotas cubanos deciden incendiar y abandonar la ciudad. Y entre las cuestiones que Céspedes dispone deben ser salvadas estuvo la imprenta de El Cubano Libre, la cual se dice fue llevada a una cueva donde permaneció hasta el final de la guerra, aunque no volvió a utilizarse en la impresión de periódicos. Luego de estos sucesos, la publicación dejó de aparecer durante seis meses para, coincidentemente con la promulgación de la Constitución de Guáimaro, el 10 de abril de 1869, hacerlo como el “periódico oficial de la República de Cuba”.

“La prensa fue en aquellos momentos el mejor instrumento de la lucha en manos de los cubanos contra el coloniaje español como expresión de su cultura y como manifestación de sus ideales políticos. […]. En aquellos momentos, las preocupaciones de nuestros intelectuales por la relación periodismo-literatura estaban en la cima de una inquietud por el estado de la cultura literaria que se manifestaba a través del romanticismo bajo la férrea oposición de la censura española. Los reclamos por un periodismo auténtico estaban directamente relacionados con la exigencia de una mejor literatura, pero desde el punto de vista de las ideas que representaran con más acierto al pueblo cubano” (Lesmes, en García, p. 34).

Luego de incluso oponerse al decreto que en 1869 restablecía la censura en la Isla, El Cubano Libre cesó de publicarse en el año 1871, después de que una patrulla enemiga destruyera sus instalaciones ubicadas en un caserío de la zona de Florida. No obstante, “al estallar la guerra de 1895, Antonio Maceo lo hizo reaparecer tras ordenar la captura de una imprenta existente en unos almacenes de Nipe. Y en la cueva de Sao Corona, jurisdicción de Holguín, y luego en Cuabitas, al norte de Santiago de Cuba, se publicó indistintamente este periódico hasta 1898, bajo la dirección de Mariano Corona Ferrer, quien había sido cajista del periódico santiaguero El Triunfo. Figuras como José María Heredia, Federico Pérez Carbó, José Miró Argenter y el doctor Joaquín Castillo Duany estuvieron entre sus redactores” (Marrero, 2003).

Además, Juan Marrero agrega que durante los mil días que duró El Cubano Libre inmerso en este período insurrecto, publicó cerca de cien ediciones, incluyendo los suplementos. De ahí que un corresponsal de guerra puertorriqueño incorporado a la lucha por nuestra independencia, Modesto A. Tirado, dejó escrito en el periódico El Porvenir, de Nueva York, una crónica sobre una visita que hizo en compañía de un periodista norteamericano al lugar donde se imprimía en 1896 la publicación:

“Penetramos en el lugar donde se imprime El Cubano Libre y encontramos allí la imprenta completa. Desde el tipo más pequeño hasta la prensa de manos, todo en perfecto orden. Es admirable y digna de todo encomio la gran voluntad de estos hombres, encerrados en el corazón de un espeso bosque, con el componedor en la mano y al lado el rifle, dedicando todo su tiempo a la importante tarea de difundir por los ámbitos de la República y fuera de ella los triunfos de nuestro Ejército y los errores del enemigo, empecatado y cruel. Iba con nosotros el director del periódico, Mariano Corona, quien con exquisita amabilidad puso a nuestra vista la colección de El Cubano Libre y un sinnúmero de trabajos tipográficos ejecutados en el taller que dirige desde principios de la guerra. Volaron las horas entretenidas en la imprenta y en la redacción, curioseándolo todo y recordando mis buenos tiempos en New York. Acompaño como objeto muy curioso una de las tarjetas que Mariano Corona hizo imprimir con el nombre del corresponsal norteamericano. Lo más típico de esa tarjeta es el material en que fueron impresas: papel de yaguas” (Tirado, en Marrero, 2003).

Por su parte, Antonio Maceo definió a El Cubano Libre como “un cuerpo de ejército compuesto por doce columnas, equivalente para él a un refuerzo de quinientos hombres, que se batía diariamente y bien por la causa de Cuba. En otra ocasión lo caracterizó como una pieza de artillería” (Marrero, 2003).

Al finalizar la guerra Mariano Corona continuó en Santiago de Cuba la publicación de El Cubano Libre, y fue uno de los críticos más fuertes de la intervención y ocupación militar norteamericana de Cuba. El 30 de enero de l897, menos de un año antes de que oficialmente Estados Unidos anunciase que Cuba sería ocupada militarmente por sus tropas, Corona publicó un artículo de enjuiciamiento a un mensaje sobre Cuba presentado ante el Congreso de Washington por el presidente Grover Cleveland:

“Hay en el mencionado mensaje informes desatinados en extremo y que no tienen otra justificación que el marcado propósito de perjudicarnos, aún a trueque de obscurecer la verdad” [...]. Y añade: “Cree asimismo el Presidente, que seamos nosotros capaces, como medio de poner término a la revolución, de aceptar soluciones que no tuviesen por base la absoluta independencia de Cuba. Esas palabras, en labios tales, son la demostración más franca y evidente de que él no desperdicia la ocasión de hacernos blanco de su inmotivada malquerencia [...] Sépalo de una vez para siempre quien tan mal nos juzga: Independencia o Muerte es nuestro lema. Con él vinimos al campo de la guerra; con él volveremos al hogar, quizás deshecho pero dignificado. Con él abandonamos nuestros más preciados intereses e incendiamos la ciudad donde vivimos largos años de esclavitud; con él retamos al déspota, y con él lo venceremos [...]” (Corona, en Marrero, 2003).

Libertad de imprenta en la Isla: un negocio de solo treinta y cuatro días

La libertad de imprenta se convirtió durante este período entre guerras en un tema de generalizados comentarios en la Isla en medio de la difícil situación política y social que se vivía en toda la metrópoli.

En las Memorias de mi mando en Cuba, el Capitán General Lersundi resumió la perspectiva desde la que apreciaba la situación de Cuba en los años 60: “Los periódicos publicaban descaradamente doctrinas incendiarias… y la enseñanza pública desde la Universidad hasta la última escuela de aldea, estaba convertida en una conspiración contra la unidad nacional” (La formación de la esfera pública en Cuba).

De ahí que, producto de esta delicada situación para su dominio en la Isla, el gobierno colonial español remplazara al general Lersundi por el general Domingo Dulce Garay en el mando principal en Cuba, quien, en un intento por contrarrestar la rebelión independentista, dictó algunas medidas de apertura política, entre ellas la libertad de imprenta del 9 de enero de 1869, en cuyo decreto se establecía que:

“Todos los ciudadanos de la provincia de Cuba tienen derecho a emitir libremente sus pensamientos por medio de la imprenta, sin sujeción o censuras ni/o ningún requisito previo. Los delitos comunes que por medio de la imprenta se cometan, quedan sujetos a la legislación común y tribunales ordinarios. Son responsables para los efectos del artículo anterior en los periódicos, el autor del artículo y a falta de este el director; y en el caso de los libros, folletos y hojas sueltas, el autor, y no siendo conocido, el editor y el impresor por su orden; aclarando que serían considerados como hojas sueltas para los efectos de este decreto, los periódicos que carezcan de director. Las empresas de periódicos pasarán a este gobierno superior político una comunicación en la que ha de constar el nombre de la persona que dirige el periódico. Ni la religión católica en su dogma, ni la esclavitud hasta que las Cortes Constituyentes resuelvan, podrá ser objeto de discusión” (Marrero, 2003).

Entre los nuevos diarios que se publicaron amparados en la libertad de Imprenta se encontraban los periódicos de la juventud habanera El Diablo Cojuelo y La Patria Libre. “Por primera vez, desde el periodo constitucional de 1820 a 1823 se publicaban periódicos sin censura previa. Allí José Martí y Fermín Valdés Domínguez  denunciaron toda posibilidad de entendimiento con el régimen colonial, luego del estallido revolucionario de Yara. En El Diablo Cojuelo impreso en la imprenta y Librería El Iris, entre el 19 y el  22 de Enero de 1869, José Martí, escribió su primer artículo periodístico a propósito de la Libertad de Imprenta  española: ’Esta dichosa libertad de imprenta, que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que hable usted por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica: pero también permite que usted vaya al Juzgado o a la Fiscalía, y de la Fiscalía o el Juzgado lo zambullan a usted en el Morro, por lo que dijo o quiso decir’ “ (La formación de la esfera pública en Cuba).

Sobre este mismo tema de la censura y sus consecuencias, el intelectual cubano Alfredo Guevara afirmó que “no hay creación donde hay moldes estrechos. Se trata de abrir y aun de ahondar el debate ideológico sin temores y sin límites, de hacerlo coherente y seriamente, buscando en extensión y profundidad las líneas más justas y los análisis más completos. Y de armarse para ese proceso con una adecuada formación, que ha de comenzar por una información igualmente adecuada. De otro modo, la tentación de la fuerza puede hacerse inevitable, y causar incalculables daños, temporal silencio e irrecuperable empobrecimiento espiritual (Guevara, en García, 2004).

El Diablo Cojuelo había nacido para  proclamar que el único camino que les quedaba a los cubanos era el de decidirse entre Yara o Madrid, no para jugar, como pretendían los reformistas, con un tercer camino. Por su parte y ante esto, la metrópolis comprendió, en efecto, que no había otro camino y clausuró todos los periódicos y la mayor parte de las sociedades creadas por los criollos, entre 1830 y 1868.

La fecha de constitución y desaparición de los órganos de la aristocracia centro oriental, y los periodistas y rotativos sancionados por la censura de prensa, reflejan hasta qué punto se hacía  intolerable  la represión a la expresión del pensamiento durante los años 50 y 60 en Cuba. “Con independencia de la censura que gravitaba sobre la prensa, los periodistas se las arreglaban siempre para transmitir mensajes que escapaban a toda vigilancia gubernamental. En los fondos del Gobierno Superior Civil existentes en el Archivo Nacional se conservan decenas de casos de periódicos sancionados por no cumplir las disposiciones de la Ley de Imprenta, en cuyos casos, los redactores editaban los periódicos sin pasarlos por la censura previa de los tenientes gobernadores y afrontaban las penas de prisión, multas o clausura del periódico”  (La formación de la esfera pública en Cuba).

Esta libertad de imprenta duró treinta y cuatro días, justo hasta el 12 de febrero de 1869, fecha en que el general Dulce dictó un nuevo decreto restableciendo la censura en la Isla. El debate sobre la cuestión llegó incluso a la prensa insurrecta propiciando que la Constitución de Guáimaro estableciera que ciertas libertades, entre ellas la de imprenta, eran inviolables.

Precisamente, según afirma el intelectual español Ignacio Ramonet, de esto se trata la censura autocrática, de la “supresión, prohibición, corte y retención de la información, estimando la autoridad precisamente que un atributo fuerte de su poderío consiste en controlar la expresión y la comunicación de todos los que están bajo su tutela...” (Ramonet, en García, 2004).

Toda esta situación provocó contradicciones ante la imposibilidad de conciliar las exigencias de la guerra con los procedimientos democráticos consagrados en la constitución. Así, por ejemplo, “la Secretaría de la Guerra de la República en Armas, la cual dependía del gobierno civil, se vio obligada a enfrentar la campaña de propaganda mentirosa y calumniosa de España en relación con la lucha de los mambises y no tuvo otra opción que prohibir la circulación de periódicos, revistas y proclamas del enemigo español en los campamentos rebeldes. Además, se emitió una circular determinando que al ciudadano que llegase un papel de esa naturaleza, debía entregarlo a las autoridades cubanas y que estas lo harían llegar a la Secretaría de la Guerra, la que decidiría si debía publicarse o no, o ser objeto de réplica en la prensa mambisa. Esto no se entendió en medios aferrados a un civilismo en extremo. La Cámara de Representantes rechazó la medida de prohibición como inconstitucional” (Marrero, 2003).

Por su parte, el periódico El Cubano Libre apoyó la resolución de la Secretaría de Guerra. “Conque tenemos libertad de imprenta ilimitada, comentaba en una nota editorial el 15 de diciembre. Pues entonces pueden salir escritores españoles del seno de los campamentos enemigos, y fundar periódicos dentro de nuestras mismas trincheras, proclamar en ellos las doctrinas más disolventes para nosotros, atacar la causa de nuestra independencia y ser inviolables sus personas, pues hacen uso de una libertad que les concede la República de Cuba, la libertad de imprenta [...]. De tal manera, desde sus mismos inicios, El Cubano Libre evidenció ser un símbolo de la intransigencia y la combatividad revolucionarias” (Ibídem).

El golpe combate final

Si bien estos son solo unos pocos ejemplos de la férrea censura impuesta por la colonia española en la Isla durante el siglo XIX, bien que revelan los mecanismos censores que enfrentaban día a día los periodistas y escritores cubanos en su búsqueda por una culturización y emancipación de los ideales patrios frente al dominio español en Cuba.

Tanto El Habanero, de Félix Varela, como La Aurora, de Saturnino Martínez, o El Cubano Libre, de Céspedes, no son más que pequeñas heridas abiertas al filo de la pluma dentro de la “poderosa” coraza censora española, que por más que lo intentó, no logró frenar ni las ansias emancipadoras de los cubanos contenidas en sus páginas ni sus firmes y ya arraigados ideales patrióticos. Al final, el siglo XIX cubano bien pudiera denominarse, en el ámbito de la prensa, como un continuo combate contra la censura española en la isla.

BIBLIOGRAFÍA

Lesmes, Martha: Concepciones de periodistas, pensadores y escritores cubanos sobre la prensa y su función social (hasta 1868).  En: García Luis, Julio: Ética periodística: selección de lecturas. Editorial Pablo de la Torriente, Colección Temas de Periodismo, La Habana.

Marrero, Juan: Dos siglos de periodismo en Cuba: momentos, hechos y rostros. Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2003.

La formación de la esfera pública en Cuba. (1830-1868). 2da. Parte. Consultado el miércoles 5 de junio de 2013 a las 3:30 pm en: http://www.google.com.cu/url?sa=t&rct=j&q=censura+siglo+xix+cuba&source=web&cd=

9&cad=rja&ved=0CFMQFjAI&url=http%3A%2F%2Fwww.bimestrecubana.cult.cu%2Fdocs%2FZQWCI3PMVK.doc&ei=LnqeUZeiNcfAtQbD04H4Dg&usg=

AFQjCNHFvpmVaiUWqWttIC7XqclWUEnqCg

García Luis, Julio: La regulación de la prensa en Cuba: referentes morales y deontológicos. La Habana, 2004. Tesis presentada en opción al grado de Doctor en Ciencias de la Comunicación.

Romero, Cira: Prensa obrera en Cuba en el siglo XIX:
La Aurora y El Productor. Sección Huellas en el tiempo, Revista cultural La Jiribilla, No. 568, 24-30 de marzo, La Habana, 2012. Consultado el miércoles 5 de junio de 2013 a las 4:00 pm en: http://www.lajiribilla.cu

Guadarrama González, Pablo: Varela y el humanismo de la filosofía ilustrada latinoamericana. Consultado el miércoles 5 de junio de 2013 a las 3:00 pm en: http://biblioteca.filosofia.cu/

php/export.php?format=htm&id=2390&view=1

 

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El domingo, al observar una revista de modas, me asombrécon las nuevas tendencias, las cuales optan por la mínima utilización de tejido. Dejaban descubiertas partes que antaño se consideraba indecente mostrar públicamente. Tal parece que los diseñadores de moda son conscientes del cambio climático que nos acecha.

Lo cierto es que en  los últimos 100 años, la temperatura media global aumentó 0,76ºC. Dicho crecimiento es suficiente para que el clima cambie de forma acelerada y profunda. A este fenómeno se le conoce como calentamiento global.

Por si fuera poco,  los especialistas prevén que las temperaturas para fin de siglo aumenten entre 1,8 y 4ºC y el nivel del mar ascienda entre 18 y 59 centímetros, tanto por la expansión del agua por el calor como por la fusión de los glaciares continentales.

Las principales consecuencias de esta situación radican en la atmósfera, donde ocurre el efecto invernadero. Este último es notorio en gases claves como el CO2, Metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), que aunque son menos de una décima de un 1 por ciento del total de gases de la atmósfera, resultan vitales porque actúan como una “frazada” alrededor de la Tierra. Sin esta capa, la temperatura mundial sería 30°C más baja.

Por otra parte, las emisiones de dióxido de carbono por quema de combustibles ascienden a 6.25 mil millones de toneladas en 1996, un nuevo récord, de acuerdo a la Panel Internacional Sobre Cambio Climático. Aunque no parezca mucho, es equivalente a volver a la última glaciación, pero en la dirección inversa, según expertos. 

El cambio climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes variaciones en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

De igual modo, este no es solo un fenómeno ambiental, tiene profundas consecuencias económicas y sociales. Los países más pobres, peor preparados para enfrentar cambios rápidos, son los que sufren las peores consecuencias.

Los especialistas predicen la extinción de animales y plantas porque los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud advierte que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua y según el Banco Mundial, las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980.

Quizás la proximidad de la Cumbre Climática de diciembre de 2015, en París, obligue a replantearnos soluciones urgentes y viables para frenar el cambio o al menos atenuarlo. Debe estar en el centro de la agenda, el incumplimiento de algunas naciones del Protocolo de Kioto, como España, y la no participación de otros como Estados Unidos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático  considera que la solución es una revolución energética que transforme el sistema hacia las energías renovables, la eficiencia energética y la inteligencia. El desarrollo de estas energías será una fuente de empleo y reducirá el costo de la electricidad.

Apuntaría la necesidad de voluntad política de algunos gobiernos y el cumplimiento estricto de los acuerdos internacionales sobre este asunto. De esto no suceder con prontitud, no solo estarán  en peligro de extinción el trabajo de los diseñadores de ropa, sino también una importante especie: el hombre.

EL GUARDIÁN DE LA BAHÍA

EL GUARDIÁN DE LA BAHÍA

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
estudiante de tercer año de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Camina el transeúnte por la avenida Malecón. Entran y salen los barcos con sus cargas de siempre, con el mismo andar de cualquier otro día. La Habana despierta, trabaja, se agita y duerme una vez más. Y él ahí: tranquilo, calmado, paciente, vigilante.

Desde su rincón mira a la ciudad de mil historias, de infinitos olores, de incontables realidades. Mira y calla como solo saben hacer los grandes. Aprecia allá todo lo humano e imperfecto de una Habana que se renueva y reconstituye, que se dispone a nuevas cabalgatas.

Y sufre, como todos, los avatares del tiempo, de ese maldito que no da tregua a nadie. El salitre lo inunda como un mal más, el viento, la lluvia y la intemperie no dan tregua. Todo es soportable menos el desconocimiento del transeúnte, del barco, de La Habana.

Solo en un rincón se distrae. No le importan los que pasan una y otra vez y no lo ven. Perdona a quienes lo han olvidado. Todo lo perdona.

Cual guardián de una bahía que es suya, la protege con desmedido placer. Fiel a su legado sigue allí, sin importar la hora o el día, velando, protegiendo, confiando.

Es entonces cuando La Habana, aunque no lo vea, se siente más tranquila. Sus brazos abiertos, su rostro complaciente, sus ojos que ven todo, allí donde se esconda, hacen de esta una ciudad un poco más acompañada. Y el guardián seguirá ahí. Ahora rejuvenecido, remozado, quizás con más compañía, tal vez menos solo.

Esta bahía podrá seguir con él sin importar los tiempos, incluso más allá. Para unos continuará como el guardián que siempre ha sido, para otros se erige como el sublime protector de una ciudad que le agradece, aunque no lo note.

LA NOVELA ROMÁNTICA DE ALLENDE

LA NOVELA ROMÁNTICA DE ALLENDE

Hija de la fortuna, propuesta literaria para los amantes del realismo mágico, cautiva al lector y lo lleva de la mano al siglo XIX.

Texto y foto:
MILENE MEDINA MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Diez años parece demasiado tiempo, pero en Hija de la fortuna, novela de la escritora chilena Isabel Allende, pasan velozmente. La obra atrapa al lector por el asequible lenguaje empleado, lo que influye en la aceptación lograda por la misma.

La trama desarrollada entre los años 1843 y 1853, caracteriza  una época donde la ambición, la violencia, el libertinaje y la prostitución eran los principales males imperantes. Los personajes encaran esta situación imponiendo en la sociedad virtudes indispensables como la amistad, el amor y la misericordia.

Eliza, protagonista de la historia, es abandonada y cae en brazos de los Sommers, familia pudiente de la sociedad inglesa. Con el paso de los años, llega a ser una  joven preparada, sabia y culta, todo ello gracias a su madre adoptiva, Miss Rosses, quien le inculcó cualidades que la convirtieron en alguien excepcional. 

Hija de la fortuna, en su séptima edición realizada por la editorial Plaza Janés, es una ambiciosa historia que motiva a continuar la lectura hasta el final. La estructura narrativa y el sistema de personajes, así como la dosis de suspenso de cada capítulo, se encargan de que al leer la última página se quiera comenzar nuevamente.

Allende describe de forma concisa y haciendo uso de su estilo narrativo, el contexto político y social en el que se desenvuelve la historia. Esto permite al lector viajar imaginariamente al siglo XIX con extrema facilidad.

El libro ofrece a lo largo de 367 páginas un mensaje alentador  para aquellos amantes de la literatura romántica, así como el acercamiento de la autora al realismo mágico y los vínculos de su novelística con la corriente novísima literaria.

Aunque su estilo ha sido criticado por literatos como Roberto Bolaños y Elena Poniatowska, quienes lo han calificado de "literatura comercial" o "copia menor de García Márquez", la Allende continúa siendo un paradigma para sus seguidores.

Cuenta, además, con el respaldo de numerosos galardones como Mejor Novela en México (1985), Autora del año (Alemania, 1986) y Premio Nacional de Literatura en Chile (2010), lo que demuestra la aceptación que ha tenido su literatura en públicos diversos.

Isabel Allende (1942), nació en Lima, Perú y se nacionalizó en Chile, donde desde los diecisiete años trabajó como periodista y escritora. Es autora de títulos como Eva Luna, De amor y de sombra, Paula, Inés del alma mía y La casa de los espíritus. Esta última la situó en la cúspide de la literatura latinoamericana contemporánea.

Pie de foto: El libro es un fiel reflejo del estilo Novísimo que identifica a su autora.

EL TEATRO ES LA VIDA BIEN CONTADA

EL TEATRO ES LA VIDA BIEN CONTADA

Texto y foto:
DAVID DELGADO SECO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nos acercamos a una de las protagonistas del teatro cubano en las últimas décadas, una protagonista que no tenemos el placer de ver sobre el entablado, de esas que su labor llega con la culminación de cada puesta en escena. Nos acercamos a María Dolores Fernández Barnadas (Loly Fernández), subdirectora y productora de la capitalina Sala Teatro Hubert de Blanck.

En su casa colonial, portentosa, ubicada en el corazón del Vedado, 6 y 23, me recibe. Setenta y una primaveras recogen sus canas, y, ¡qué manera de lucirlas! Pero de presuntuosa nada, con plena confianza me tira la llave desde el segundo piso, no hubo mejor forma de romper el hielo. Adentro, igual a estar en casa, como estar conversando con la abuela, pero sin que te tiren de las orejas.

Así es ella, no se da cuenta de cuán importante es su trabajo, porque lleva tanto tiempo concibiéndolo con tal gusto que dejó de ser función para convertirse en pasión. Ya la conocía algo, su sonrisa es popular dentro de la gente de teatro, y quería calar en ese personaje, quien podía darme la idea más exacta de lo que es hacer tablas en Cuba, que nunca ha detenido el show, incluso cuando las condiciones fueron pésimas. Sin ser actriz, cada fin de semana siente los aplausos como si fueran suyos. Quería saber de esa madre, abuela, que cuenta que el teatro no es más que la vida, porque la vida es una obra de teatro.

Una vez sentados en la mesa del comedor comienza la entrevista, pero no fui precisamente yo quien inició.

-¿Tenía alguna pasión cuando era joven?

¿Soñaba con alguna profesión?

Yo me crié en un reparto fuera de La Habana, Rancho Boyeros, allí no se pensaba en eso. De todas formas estudié Comercio, pero lo que me gustaba de verdad era la Medicina. Transcurrían otros tiempos y no pude estudiarla, había que pagar matricula y mi familia era pobre, obrera. Después, triunfó la Revolución, y con ella comenzó todo el proceso revolucionario. Me metí en las Milicias desde el mismo 1959, cuando todavía existían las casas del 26 de Julio. Fui parte del primer batallón femenino que hubo en Cuba, el “Batallón Lidia Doce”, Jefa de la Quinta Compañía. Luego fui Jefa del primer Batallón de Ceremonias. Esa fui yo, ¡la primera jefa!

Cuando pasé mi etapa de militar, me fui a trabajar a Cultura. Desde el comienzo de mi vida laboral he trabajado en esa rama. Al principio, administrando los dos cines de Santiago de las Vegas, uno en Boyeros y uno en Calabazar. Cuando todavía pertenecían a la Junta Central de Ejecución e Inspección (JUCEI), “las exhibidoras de películas”, como se llamaban antiguamente, luego pasaron al ICAIC. De ese puesto, fui a la Empresa de Espectáculos de Carnavales, a casas de Cultura, hasta que finalmente entré en teatro en el año ochenta y pico, en teatro infantil.

-En el Guiñol tengo entendido, ¿no?

En el Guiñol, como subdirectora del Guiñol Nacional, atendiendo además todos los grupos de teatro infantil de Ciudad de La Habana, hasta que llegué al Hubert de Blanck, y mira tú, 21 años.

-¿Cómo fue llegar al teatro?,

al infantil en especial.

Empecé, para mí, en la función más difícil que existe. Los niños son unos espectadores sin pena a nada, si no les gusta la obra se ríen, caminan, o se levantan y quieren irse. El adulto, ya por educación, respeta más. Allí fue donde aprendí de verdad. Y después, a teatro de adultos. Pero mira, siempre en Cultura, en varios lugares, pero en Cultura. Entré en el Hubert de productora, después, subdirectora, hasta que decidí ejercer los dos trabajos, la subdirección y la producción. Lo que más me gusta es la producción, lo otro son cosas administrativas, que alguien las tiene que hacer.

(Ella no deja de sonreír, y en cada una de las respuestas parece no entender el por qué la considero importante. Le gusta tanto hablar que tengo miedo de interrumpirla, entonces propongo dejar mis intervenciones en solo palabras, o frases, para que ella las desarrolle. Asiente).

-Período especial y teatro.

A pesar de todas las escaseces, nos abrió a los cubanos la mentalidad de creación. No había nada, y había que hacer teatro.

Las funciones no podían ser estables como ahora, pues no había corriente eléctrica. Teníamos que poner en escena menos funciones, pero nunca, escucha esto, nunca, se dejó de realizar alguna puesta.

El teatro donde yo trabajo se caracteriza por representar muchos clásicos, este tipo de obras por lo general, la producción es más costosa: el vestuario, la escenografía, etc. Como te decía, nos desarrolló tanto la mente, que de viejos vestuarios se hacían miles de adaptaciones. Desde esa época, todo el mundo cuando se vincula al teatro, nos regala zapatos, ropa, si muere el esposo de alguna compañera, la ropa de hombre que es lo que más escasea en teatro, la donan. Si no sirve para una obra… Para los ensayos.

Ahora mismo, por ejemplo, desde el Período Especial, no se fabrican zapatos en Tecnoescena; la empresa encargada de todos los vestuarios, la utilería, la escenografía. Y tenemos que lidiar con lo que traemos, inventando. Los artistas querían trabajar, y actuaban en parques, sin micrófonos, en fábricas, “a pelo”, como se dice. Porque sí, tenían deseos. Mira tú, eso fue lo que nos dejó el Periodo Especial.

-Condiciones actuales.

Muchas de las obras que son puestas en escena salen gracias al esfuerzo de quienes luchan dentro del teatro. En “El Cartero de Neruda”, toda la escenografía fue pura creación nuestra, papeles estrujados semejando rocas, el piso de cartón, y no hay goma para pegar cartones, así que, presilladora.

En Fuenteovejuna, igual, salió gracias a la voluntad y al deseo del colectivo, lo que pasa que el teatro es muy caro, muy caro, muy caro. Las telas hay que comprarlas en el exterior, y se pagan en dólares, nosotros en el teatro, no cobramos en dólares, de hecho, el teatro es una de las manifestaciones más baratas que existe, para ver una obra clásica, reconocida internacionalmente, se cobran solo 8 pesos, ¿qué cuesta 8 pesos? Ni una pizza.

El Estado gasta muchísimo dinero para que se pueda hacer teatro. Las producciones son en moneda nacional, cobramos en moneda nacional, así que se puede decir que somos subsidiados. Lo que se recauda en una puesta en escena, no alcanza ni para pagar un mes del salario de los trabajadores. Una obra, de 16 personas arriba de un escenario, el salario por persona es de 640 pesos, suma tú. Añade, además, gasto de electricidad. Es puro gasto, sólo tenemos 262 lunetas, aportamos porque vendemos por taquilla, sin embargo, aunque esté lleno a tope, y nunca va a estar lleno a tope, ¿qué se recauda? Nada. Montar una obra dura cuatro o cinco meses, y el resultado no es más de una hora y media. Es muy costoso, no solo en Cuba, en el mundo entero.

Afuera, los actores tienen otro trabajo. En los grupos que vienen a los festivales internacionales, el que no es maestro, es mesero, es no sé qué, pero no pueden vivir de la actuación como viven los actores cubanos, que a pesar de sus condiciones viven de la actuación. Allá, hay que alquilar locales, sonido, comprar el vestuario, a no ser, compañías muy específicas como “La Candelaria”, de Colombia. El teatro dramático, en general, que es en espacios pequeños, debido a la cercanía con el espectador, los actores necesitan tener otro trabajo.

-¿Aire fresco en la Sala?

El elenco es muy joven, por eso se hace tanto clásico, porque los jóvenes necesitan del teatro clásico para aprender actuación. Y mis jóvenes hacen de todo, tienen que empezar en utilería, saber de sonido, de luces, así es como van a convertirse en buenos actores.

Te digo que el 85 por ciento de mis actores, es menor de 30 años, y la mayoría de ellos, menores de 25. Mas hay un colectivo que es una familia, aquí la gente llega muy joven, y no tienes que venir de escuela, están dos y tres años, y a medida que se ve su progreso van tomando papeles poco a poco. Muchas obras no las llevamos a taller, las hacemos. Debe haber una labor en conjunto, que la gente esté muy bien cohesionada, que sean ingeniosas, el ingenio lo da todo.

-Hubert de Blanck, ¿una escuela?

Siempre lo ha sido. Antiguamente fue una escuela de muy buenos actores, de allí salieron varios de los mejores, trabajaron Sergio Corrieri, estaban Raquel y Vicente (Revuelta), Estorino, y siempre fueron muy rigurosos. Nuestra directora, Orieta Medina Negrín trata de seguir el estilo de Raquelita (Revuelta). La gente de teatro nunca se retira, bueno, mírame a mí, muchos actores bien mayores, no pueden hacer nada, entonces se dedican a asistencia de dirección, o a enseñar.

Ahora mismo, podemos darnos el lujo de contar dentro de la gran familia con Berta Martínez, que era actriz y directora artística, Premio Nacional de Teatro. Berta, en sus tiempos, hacía diseño de escenografía, vestuario, utilería y luces, a medida que va creando tiene en su mente todo lo que necesita. Es la asesoría que uno siempre va a buscar, la fuente donde uno va a beber. Decir en Cuba Berta Martínez…, es de ella de quien hemos aprendido casi todo. A los jóvenes se les ayuda mucho, se les regaña mucho también, porque tienen que formarse, cariñosamente igual que se regaña a un hijo. 

-Un recuerdo muy feliz…

Cuando se termina una obra, ver que el público lo agradece, esos aplausos, dirigidos hacia los artistas por su buena actuación, también van dirigidos a todos los que trabajamos detrás de ese telón, detrás de cada obra hay un luminotécnico, un diseñador de vestuario, hay maquillistas, jefes de escena, pienso que para todos quienes estamos detrás de esto, ese es el momento más feliz, y son tantos, ubícate que ya llevo en el Hubert de Blanc 21 años, cuántos momentos no habrá.

-Un recuerdo triste…

¿Dentro del teatro? Ninguno. ¿Tristeza cuando uno se emociona con algo? He llorado muchas veces con alguna obra de teatro, pero eso no es tristeza; por una buena actuación, en “El Cartero de Neruda”, yo lloraba todos los días, lo mismo en el ensayo que en la función. Las tristezas en el teatro no son tristezas, sientes sensaciones que te hacen llorar, pero de la emoción. Tristeza, cuando muere algún compañero, que han muerto varios, varios actores y directores que pertenecían a la familia, esas sí son tristezas, pero en el teatro nunca se muere, quedan sus obras, sus personajes, su historia.

-¿Alguna anécdota?

Un cuento bien gracioso. Me jubilé con 70 años, en febrero, y ya a principios de marzo estaba contratada en el mismo teatro, pude acogerme a la nueva ley, y yo, que fui subdirectora, me contraté como productora. Antes hacía la subdirección y no recibía salario por la producción, ahora recibo salario por la producción y hago la subdirección sin cobrar.

-Antes que baje el telón.

El teatro es muy hechicero, a veces ilógico, pero la vida es ilógica, y el teatro no es más que la vida en un momento determinado, es la vida… bien contada.

Pie de foto: Loly sonríe, pues no puede imaginarse de otra forma.


 

UNA MENTE SIN MIEDO NI PAZ

UNA MENTE SIN MIEDO NI PAZ

Durante la Guerra Grande, Manuel Sanguily colaboró en publicaciones como La Estrella Solitaria y La Independencia para las cuales usó el seudónimo de Otto.

DENISSE MACHADO TABOADA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Más reconocido por su hacer patriótico, político y militar, pocas veces se relaciona a Manuel Sanguily por su labor como orador y periodista. Este año (2015) se cumple el aniversario 90 del fallecimiento de aquel Coronel del Ejército Libertador, considerado uno de los más importantes intelectuales de finales del siglo XIX y principios  del XX.  

Para Francisca López Civeira, Profesora Titular Consultante de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana, “él tiene un lugar en los cursos de Historia de la cultura cubana y lo mismo ocurre con los de Pensamiento cubano. No hay uno dedicado íntegramente a su obra, pero sí es una figura que está presente, y debe estarlo, así como su trabajo de escritor y crítico, si no sería una carencia, una deficiencia”. 

La labor independentista de Sanguily se advierte en el desarrollo de la historia, aunque a veces el ciudadano común lo confunde con el hermano, Julio, afirma López Civeira. Su obra literaria suele ser más ignorada, incluso cuando este hombre fue considerado como uno de los grandes discursistas de aquella época.

Luis Sexto, periodista de Juventud Rebelde y Cubadebate, lo califica como un escritor de carácter apasionado, con una prosa erguida y bien estructurada, quien debería ser estudiado y se debe tener en cuenta dentro de los periodistas y los estilos de antes del siglo XX. 

La palabra y la pluma del hombre a quien Juan Marinello definió como una “mente que no conoció ni el miedo ni la paz” sirvieron para impulsar los intereses independentistas desde publicaciones como «La Estrella Solitaria»” o «La Independencia», donde escribía bajo el seudónimo de Otto.

Uno de sus aportes periodísticos más significativos fue la revista «Hojas Literarias», creada íntegramente por él durante el período de la Tregua Fecunda –desde 1893 al 94–, donde se incluían trabajos de crítica literaria, pero que también sirvió como un espacio para defender los intereses revolucionarios.

Max Henríquez Ureña señala en su libro «Panorama histórico de la literatura cubana»: “No era la crítica literaria la que atraía la atención preferente de Sanguily, pues su mayor interés se concentraba en aquellos temas que tuvieran relación con el proceso político de Cuba”.

Raiza Portal, profesora de Historia de la Prensa, asignatura impartida en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, comenta que ella exigía que durante el curso los alumnos buscaran información sobre «Hojas Literarias», mas la obra de Sanguily no se podía destacar completamente por la brevedad del curso. “Él es importante e interesante, pero otras figuras desbordan ese período y cuando uno estudia a fondo una personalidad, esta debe haber sido de gran trascendencia para su época”, acota.

Sanguily se pierde en las mareas del “conocimiento general” donde se explora de una manera superficial, como explica la profesora Inés R. Jáuregui López, asesora nacional del Ministerio de Educación y Máster en Metodología de la Ciencia, quien afirma que en la enseñanza preuniversitaria el conocimiento de esta figura abarca solamente su participación durante la guerra de los Diez Años y la actitud de oposición a la Enmienda Platt.

Aún más, detrás del héroe, escritor y periodista se disimula la imagen del hombre falible en su soberbia, quien “en las letras, la tertulia, la política, actuó a lo gran señor, dispuesto a morir al frente de la muchedumbre, incapaz de sumergirse en su seno (…) renuente a suavizar asperezas que acentuaba su agresiva franqueza…”, según lo expresado por René Lufriu y Alonso en el artículo «Un sol que se eclipsa. La muerte de Manuel Sanguily».

Se omite también al visionario que al conocer sobre el arribo de la flota yanqui a la provincia más oriental de Cuba, exclamó profético: “Han visto a Guantánamo, ya no lo dejarán nunca”.

“Los jóvenes periodistas deberían conocer la obra literaria de Manuel Sanguily. Es necesario el estudio en nuestras facultades de su faceta de crítico, su verbo encendido que en algo apuntaba a la prosa posterior de Raúl Roa y su capacidad para elaborar juicios evaluativos”, apunta Julio Martínez Molina, corresponsal de Granma en Cienfuegos, a través de un correo electrónico.

En torno a esta opinión, Félix González, alumno de quinto año de Periodismo de la Universidad de La Habana, asegura que “Sanguily se menciona en asignaturas como Procesos culturales cubanos, el estudio de sus obras es individual, y depende mucho del estudiante”.

Otra mirada la aporta, Ana Margarita Oliva Núñez, especialista de la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, quien considera como una necesidad estudiar a los héroes desde una perspectiva más humana: “A mí me hubiera gustado saber más acerca de la familia de Sanguily”.

En este nonagésimo aniversario de su muerte, Manuel Sanguily se presenta con una nueva luz, pues, según dijo de él Marinello, “si la historia de un pueblo, como se ha afirmado más de una vez, es la historia de sus grandes hombres, deben los cubanos estudiar con amor y meditar largamente sobre este (…) hombre sin par”.

Pie de foto: Manuel Sanguily, al conocer del arribo de la flota yanqui, exclamó proféticamente: “Han visto a Guantánamo, ya no lo dejarán nunca”.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Especial de Contraste.
Tipo de nota interpretativa retrospectiva: Explicativa.

Tema: El desconocimiento de la obra periodística de Manuel Sanguily.

Situación problémica: A pesar del impacto de esta personalidad dentro del mundo literario de finales del siglo XIX y principios del XX –así como su participación en publicaciones como La Estrella Solitaria, El Cubano Libre, La Independencia, Revista Cubana y Hojas Literarias–, su obra periodística es muy poco conocida y estudiada.

Objetivos colaterales: Analizar cuán reconocida es esta figura histórica. Dar a conocer información acerca de la vida de este héroe que participó en la Guerra de los Diez Años y quien fuera examinado por su prosa y oratoria. Conocer la opinión de especialistas.  

Estrategia de Fuentes:

Activas:

Doctora Francisca (Paquita) López Civeira, Profesora Titular Consultante de Historia de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana. Tipo de fuente: especialista, oficial, primaria, implicada. Tipo de juicio: de valor, analítico, sintético.

Inés R. Jáuregui López, Master en Metodología de la Ciencia, Asesora Nacional de la Enseñanza, Profesora Adjunta del Pedagógico Varona, profesora de todos los niveles de la Educación. Tipo de fuente: especialista, oficial, primaria, implicada. Tipo de juicio: analítico, sintético.

Doctora Raiza Portal, profesora de la asignatura Historia de la Prensa en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Tipo de fuente: especialista, oficial, primaria, implicada. Tipo de juicio: de valor, analítico, sintético, disyuntivo.

Luis Sexto, periodista de Juventud Rebelde y Cubadebate. Tipo de fuente: no oficial, secundaria. Tipo de juicio: analítico, sintético, disyuntivo.

Julio Martínez Molina, corresponsal del periódico Granma en Cienfuegos. Tipo de fuente: no oficial, secundaria. Tipo de juicio: analítico, disyuntivo.

Ana Margarita Oliva Núñez, especialista de la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, Tipo de fuente: no oficial, no implicada. Tipo de juicio: analítico.

Félix Manuel González Pérez, estudiante de quinto año de periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Tipo de fuente: no oficial, implicada, secundaria. Tipo de juicio: analítica, de valor.  

Documentales:

Panorama histórico de la literatura cubana, escrito por Max Henríquez Ureña, Edición Revolucionaria, 1967, La Habana.

Crítica Las obras completas de Manuel Sanguily, escrito por Juan Marinello Vidaurreta para el Diario de la Marina, julio de 1925, Cuba.

Artículo Manuel Sanguily, escrito por Cesar García Pons para la revista Bohemia, enero 1975, Cuba.

Artículo La personalidad de Manuel Sanguily, escrito por Dr. Juan M. Dihigo y Mestre para la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de La Habana, enero-junio 1929, Cuba.

Artículo Un sol que se eclipsa. La muerte de Manuel Sanguily, escrito por Rene Lufriu y Alonso para la revista El Fígaro, enero 1925, Cuba.

Artículo Manuel Sanguily, escrito por Luis Rodríguez Embil para la revista El Fígaro, 29 marzo 1925, Cuba.

Editorial incluida en la sección de Miscelánea de la Revista Cubana del año 1892, que trata del libro escrito por Manuel Sanguily, el cual habla de la vida de José María Heredia, Cuba.

Artículo Manuel Sanguily, escrito por Nicolás Heredia para la revista El Fígaro, 1892, Cuba.

Diccionario de la Literatura Cubana, Editorial Letras Cubanas, Cuba 1984.

Artículo Manuel Sanguily como historiador, escrito por Rafael Montoro para la revista El Fígaro, 1929, Cuba.      

Ensayo La Autonomía de Cuba, escrito por Manuel Sanguily para la publicación Revista Cubana dirigida por Enrique José Varona, 1892, Cuba. 

Soportes:

Hecho: Este año (2015) se cumple el 90 aniversario de la muerte de Manuel Sanguily.

Antecedentes: Fue una figura que se destacó no solo como patriota sino dentro del mundo intelectual por su oratoria y por sus dotes de periodista, sin embargo, estas facetas no se estudian tanto debido a que el siglo XIX y el XX tiene muchas figuras en el mundo literario de gran importancia y los cursos son cortos.

Contexto: La obra periodística de Manuel Sanguily se estudia muy superficialmente y no se profundiza debido a la falta de tiempo en el plan de estudio.

Situaciones colaterales: El poco espacio en el plan de estudio de algunas carreras universitarias para tratar la vida y obra de figuras como esta ya que existen muchos hechos y siempre se hace una selección de lo más descollante dentro de la historia. Ya en 1925, Juan Marinello admitía que para los jóvenes de la época era difícil acceder a los escritos de esta figura. La prensa tampoco colabora en la divulgación y conocimiento.

Tipo de juicios:

Analíticos: Los juicios analíticos se observan a lo largo del trabajo y está presente en las intervenciones de todas las fuentes.

Disyuntivos: Es evidente cuando se contraponen las opiniones de la profesora Raiza Portal, que considera que a pesar de que Manuel Sanguily es una figura importante no lo es tanto como otras de su época y, por tanto, no puede ser priorizado en un plan de estudio corto, y la opinión de los periodistas Julio Martínez Molina y Luis Sexto, quienes consideran que esta figura y su obra periodística debería ser estudiada en la carrera de Periodismo. 

De valor: Cuando la profesora Francisca López Civeira explica que a veces el ciudadano común lo confunde con su hermano Julio, incrementándose así las malinterpretaciones históricas y la falta de conocimientos relacionados con este patriota.

DÍA DE LA INDEPENDENCIA

DÍA DE LA INDEPENDENCIA

Los hechos del 20 de julio de 1810 en Bogotá no fueron fortuitos. Descubra el camino al grito por la libertad de Colombia. 

La historia nos dice que todo comenzó con un florero. Era viernes - 20 de julio y día de mercado - cuando un criollo fue a pedir prestado un florero. Un acto, en apariencia efímero, desató un enfrentamiento entre criollos y españoles y culminó en la independencia de Colombia.

Sin embargo, hoy en día es claro que lo que sucedió este día no fue un hecho espontáneo como aquellos que habían caracterizado la vida política colonial. Fue la consecuencia de varias circunstancias que sucedieron en cascada y desembocaron en una gran rebelión del pueblo.

Los criollos tenían razones de fondo, habían sido excluidos de la participación en altos cargos políticos y la representación de las juntas era mínima. Esto los animó a protestar contra el rey e hizo que los criollos por primera vez pensaran en la posibilidad de crear un Estado-Nación.

En consecuencia se creó la junta de notables integrada por autoridades civiles e intelectuales criollos. Los principales personeros de la oligarquía criolla que conformaban la junta eran: José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, entre otros.

Comenzaron a realizar reuniones sucesivas en las casas de los integrantes y luego en el observatorio astronómico, cuyo director era Francisco José de Caldas. En estas reuniones empezaron a pensar en la táctica política que consistía en provocar una limitada y transitoria perturbación del orden público y así aprovechar para tomar el poder español.

La junta de notables propuso promover un incidente con los españoles, a fin de crear una situación conflictiva que diera salida al descontento potencial que existía en Santafé contra la audiencia española. Lo importante era conseguir que el Virrey, presionado por la perturbación del orden, constituyera ese mismo día la Junta Suprema de Gobierno, presidida por el señor Amar e integrada por los Regidores del Cabildo de Santafé.

Don Antonio Morales manifestó que el incidente podía provocarse con el comerciante peninsular don José González Llorente y se ofreció "gustoso" a intervenir en el altercado. Los notables criollos aceptaron la propuesta y decidieron ejecutar el proyecto el viernes, 20 de julio, fecha en que la Plaza Mayor estaría colmada de gente de todas las clases sociales, por ser el día habitual de mercado.

Para evitar la sospecha de provocación se convino que Don Luís Rubio fuera el día indicado a la tienda de Llorente a pedirle prestado un florero o cualquier clase de adorno que les sirviera para decorar la mesa del anunciado banquete a Villavicencio. En el caso de una negativa, los hermanos Morales procederían a agredir al español.

A fin de garantizar el éxito del plan, si Llorente entregaba el florero o se negaba de manera cortés, se acordó que don Francisco José de Caldas pasara a la misma hora por frente del almacén de Llorente y le saludara, lo cuál daría oportunidad a Morales para reprenderlo por dirigir la palabra a un "chapetón" enemigo de los americanos y dar así comienzo al incidente.

Llegó el día indicado. Eran las 11 y 30 de la mañana y la plaza mayor estaba colmada por una heterogénea concurrencia, compuesta de tratantes y vivanderos, indios de los resguardos de la sabana y gente de todas las clases sociales de la capital.

Como estaba previsto, se presentó don Luís de Rubio en el almacén de Llorente y después de hablarle del anunciado banquete a Villavicencio, le pidió prestado el florero para adornar la mesa. Llorente se negó a facilitar el florero, pero su negativa no fue dada en términos despectivos o groseros. Se limitó a explicar diciendo que había prestado la pieza varias veces y ésta se estaba maltratando y por lo tanto, perdiendo su valor.

Entonces intervino Caldas, quien pasó por frente del almacén y saludó a Llorente, lo que permitió a don Antonio Morales, como estaba acordado, tomar la iniciativa y formular duras críticas hacia Llorente. Morales y sus compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español había dicho a Rubio malas palabras contra Villavicencio y los americanos, afirmación que Llorente negó categóricamente.

Mientras tanto los principales conjurados se dispersaron por la plaza gritando: ¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!. La ira se tomó el sentir del pueblo.

Indios, blancos, patricios, plebeyos, ricos y pobres empezaron a romper a pedradas las vidrieras y a forzar las puertas. El Virrey, las autoridades militares y los españoles, contemplaron atónitos ese súbito y violento despertar de un pueblo al que se habían acostumbrado a menospreciar.

Sin embargo, la revolución no tuvo entonces las proyecciones que eran de esperarse porque gran parte de los que intervenían eran indios y habitantes de las poblaciones de la Sabana, que debían regresar a sus pueblos al atardecer. Cosa que indujo a Acevedo Gómez, uno de los jefes de la oligarquía criolla, a reunir a algunos del Cabildo y declararse investido del carácter de "tribuno del pueblo". Construyó la famosa Junta de Gobierno con la cual sustituiría el virreinato.

El episodio ocurrido el 20 de julio no condujo a la independencia absoluta sino a la creación de un nuevo gobierno que dependía aún de España. Sin embargo, tiempo después, el pueblo descontento con la repartición de poder entre criollos y españoles, protestó en busca de la total independencia, logro obtenido varios años después.

Tomado de:

http://www.colombiaaprende.edu.co/

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