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Isla al Sur

HOMENAJE A TOMAS BARCELÓ CUESTA EN LA HABANA

HOMENAJE A TOMAS BARCELÓ CUESTA EN LA HABANA

Este sábado 27 de noviembre, a las 2 p.m., en la sede del Instituto
Internacional de Periodismo José Martí -ubicado en Avenida G, entre 23 y 21, La Habana, Cuba- se llevará a cabo el homenaje al fotorreportero y escritor Tomás Barceló Cuesta con la presentación de su obra póstuma El Ojo del Mundo.

Tomás Barceló Cuesta falleció de manera sorpresiva el 27 de mayo de este año en la ciudad argentina de Córdoba, donde residía y desarrollaba su obra, mientras alimentaba un entrañable vínculo con su patria, Cuba.

Los comentarios al El Ojo del Mundo -su segunda novela— durante la presentación correrán a cargo de los periodistas cubanos Toni Pradas y Ariel Terrero, bajo la moderación de la colega argentina Irina Morán.

Estarán presentes, además, sus dos hijas, Katia y Lucía Barceló. Al concluir la presentación, familiares y amigos, se dirigirán al Malecón habanero (La Punta), donde quedarán esparcidas sus cenizas, tal como él mismo lo pidió alguna vez.

TOMAS BARCELÓ CUESTA

Fotógrafo, periodista y escritor, nació en 1949, en un batey llamado
San Matías, en la provincia de La Habana, Cuba. Hasta los 11 años, estuvo internado en diferentes colegios católicos, donde cursó sus estudios primarios. Finalmente se lo expulsó por “mala conducta y ejercer influencias negativas sobre sus compañeros” .

Fue vendedor ambulante, jornalero agrícola, aprendiz de boxeo, trabajador en los astilleros de La Habana, finalmente se graduó en fotografía deportiva, además de licenciarse en Periodismo en la Universidad de La Habana.

De rara estirpe, Barceló Cuesta supo brillar con igual talento y sensibilidad, dentro de los límites de la palabra escrita, como también a la hora de capturar instantáneas de exquisita síntesis y belleza poética.

Su obra fotográfica recoge más de 20 premios, y ha sido expuesta en países como Cuba, Argentina, Canadá, México y Estados Unidos.

En su país, trabajó y publicó en importantes medios de prensa, como periódico Trabajadores, revista Bohemia, Juventud Rebelde, LPV y El deporte, Derecho del pueblo, revistas deportivas y musicales; Opus Habana, revista Tropicana, entre otros.

Recorrido que le valió, en 1997, obtener el premio Juan Gualberto Gómez -galardón más importante que otorga Cuba dentro del periodismo-.

En el año 2001 se radicó en Córdoba y desde el 2005 hasta el 2010, se desempeñó como Profesor Adjunto de la cátedra de Fotografía Periodística de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

A lo largo de casi una década en la Argentina, impartió clases y conferencias tanto en la UNC; como en congresos nacionales e internacionales.

Dictó cursos en diferentes instituciones, colaboró asiduamente en la Feria del Libro Córdoba, exhibió muestras y publicó en medios de prensa, convirtiéndose, además, en una fuente obligada a la hora de emitir un juicio de valor sobre cualquier tópico que tenga como eje a Cuba. Se dio el gusto de alimentar su blog: www.ternurayrabia.blogspot.com, abordando diferentes temas con humor, ironía y sagacidad.

En el terreno literario, fue coautor de libros como: Bohemia, La huella en el tiempo (Editorial Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 1993); La necrópolis Colón (Editorial Words. CB Guadalajara, España1996); Cementerios de la Habana (Editorial José Martí. 1999); Perverso ojo cubano (Editorial La Bohemia. Bs. As. Argentina. 1999); Cuentos de la Habana Vieja (Ediciones Olalla, Madrid, 1997 y Ediciones del Bronce, Barcelona, 1998).

Recuérdame en la Habana (Ediciones del Boulevard, 2005) fue su primera novela. En el año 2006 su cuento Mañana estaré muerto, obtuvo el segundo premio del Concurso de Cuentos CAM Gabriel Miró, en Alicante, España.

El 7 de junio de 2010, su foto titulada “De Igual a Igual” -tomada en
Córdoba capital, durante una Marcha de Pueblos Originaros-, fue merecedora del Segundo Premio dentro del concurso provincial de fotoperiodismo Rodolfo Walsh.

Pero a Tomás Barceló Cuesta no le alcanzó la vida para celebrar este último galardón, como tampoco tuvo el tiempo necesario para volver a sonreír ante la masiva muestra homenaje que sus alumnos, colegas y amigos le celebraron en julio, durante la semana del periodista en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba.

De manera vertiginosa, falleció en la ciudad de Córdoba el 27 de mayo pasado. “Ha muerto un tipo dignísimo, de extraño brillo, un maximalista en una era de pigmeos que no reprimía ni su inteligencia ni su candor. Un tipo valiente al que cierta historia personal y cierto exquisito sentido de la ética le impedían tomar el atajo del cinismo”, escribió con certeza y celeridad en un mail, el escritor Hernán Tejerina ante el vértigo inesperado de su muerte.

El Ojo del Mundo, editada por el sello argentino RECOVECOS, es su segunda novela. Obra que se presentó durante el mes de septiembre pasado, en la Feria del Libro Córdoba, a modo de homenaje.


 

MAESTRO POR NATURALEZA

MAESTRO POR NATURALEZA

Adalberto Giral reconoce no arrepentirse de ser maestro: “Soy formador de formadores. No consigo levantarme por la mañana y no hacer algo por la educación”.

Texto y foto:
DAVID VÁZQUEZ ABELLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde hace más de 30 años Adalberto Giral Gutiérrez forma parte del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Sin embargo, nunca imaginó en sus inicios como docente que llegara a amar tanto la profesión: “No concibo levantarme y no hacer algo por la educación”, dice ahora convencido.

En estos momentos ocupa el cargo de vicerrector económico en el Instituto: “Al regresar de una misión en Venezuela, asumí la responsabilidad, que no tiene que ver con mi formación, pero necesitaban un cuadro con experiencia y de confianza. Lo más difícil ha sido que entiendan que continúo como docente, trabajo en investigaciones y publico sobre ellas”.

Con el esfuerzo de cada día enfrenta su nueva tarea. Aprendió a lograr el equilibrio entre el ahorro y las necesidades y a sortear los obstáculos económicos. No le es fácil, su preparación dista mucho de ser economista. Él es graduado de Geografía y es uno de los pedagogos con más aportes a la asignatura. Su trabajo está centrado en la importancia de las actividades de campo, es decir, las excursiones al terreno que permiten comprobar lo que explican los libro y el profesor.

“Parto del criterio de que la Geografía no se puede estudiar en una silla, por eso hay que ir a las excursiones, a explorar, y llevar a la práctica los conocimientos previamente adquiridos en el aula”.

Giral hizo su Doctorado en Ciencias Pedagógicas en Moscú y desde aquel entonces comprendió la importancia de las prácticas de campo: “Mi tesis fue sobre un sistema de excursiones escolares para el desarrollo de la Geografía Física en Cuba. Cuando regresé, cambié mi perfil en el Pedagógico hacia el desarrollo de las actividades prácticas”.

Junto a otros tres profesores del Pedagógico diseñó planes de estudios para todas las enseñanzas, de manera que en cada una existan orientaciones precisas que permitan desarrollar excursiones al terreno: “Hicimos un estudio sobre la periferia de los centros educacionales. Tenemos en cuenta que en los alrededores de las escuelas hay componentes físicos, socioculturales y económicos. Es decir, los estudiantes que vivan en una zona urbana pueden perfectamente realizar, por ejemplo, visitas dirigidas a industrias.

“El educador en secundaria básica que hoy no hace prácticas de campo es porque no tiene el deseo o la voluntad; metodológicamente existen orientaciones suficientes para que el maestro se prepare. Está en el plan de estudio que ellos salgan al terreno. Además, estudiamos los lugares en la ciudad donde se pueden realizar acampadas pioneriles”.

Hicieron, además, un trabajo sobre lugares naturales, seminaturales y artificiales y cómo se podían utilizar cada uno de ellos: “El Jardín Botánico es totalmente artificial porque fue creado por la mano del hombre, pero todo lo que hay dentro es natural, es decir, esta es un área en la que se pueden realizar sin ninguna dificultad excursiones”.

Pero no solo ensancha teóricamente la importancia de estas actividades para estudiar y aprender Geografía, sino que además participa en todas las que se organizan en el instituto. Al hablar del tema se mueve en su silla y el tono de la voz se le escucha más alegre, disfruta mucho del campo y de las excursiones: “Este año es el quinto aniversario de una expedición científica en la que también participan profesores de Química y Biología. Me invitaron porque yo fui fundador de la primera que realizamos hace cinco años. Ahora vamos a ir a la Ciénaga de Zapata o a Viñales”.

Adalberto Giral hoy es un hombre consagrado a su profesión, pero nunca pensó ser maestro. Cuando terminó el preuniversitario empezó a estudiar Perforación y Extracción de Petróleo en Rumania, pero regresó a Cuba sin graduarse. Fue entonces que empiezó a estudiar Geografía en el Pedagógico.

“Recuerdo que escogí estudiar esta carrera porque pensé que pertenecía a las letras y el primer día de clases llegué y me senté en el grupo. La profesora pasó la lista y no mencionó mi nombre, entonces le pregunté y me explicó que Geografía era una ciencia y que estaba en el aula equivocada. Ya estaba ahí, no podía abandonar sin intentarlo, fui entonces y busqué mi grupo.

“El primer año fue complicado porque tenía que dar Matemática, Física y Química, pero a partir de segundo me fue muy bien, así me reorienté a la vocación de educador y amo esta profesión.”

Desde que se graduó trabaja en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona donde empezó como alumno ayudante en segundo año y ya lleva 33 años como profesor del centro. En ocasiones ha tenido que ir a trabajar a una sede o a provincia, pero siempre formando maestros. Entre esas experiencias están las de filiales del Pedagógico en Batabanó, Melena del Sur y la Isla de la Juventud.

Como resultado de su labor, por su consagración y por el esfuerzo que realizó en pos del mejoramiento de la educación, ha recibido diversos reconocimientos a lo largo de estos años. Pero los que más lo han emocionado fueron los merecidos por su último trabajo internacionalista: “La Misión Sucre me impactó, porque realmente esa es una tarea de voluntad. En Venezuela el trabajo es complejo y te esmeras tanto que llegas a amarlo.

“En realidad, solo tuve dos misiones, la nacional, con los alumnos provenientes de África, y la de Venezuela; las demás fueron colaboraciones en Bolivia y Honduras. La que fue en Cuba la hice en la Isla de la Juventud, entre el año 1989 y 1992. Di clases y fui, además, el jefe del Departamento de Geografía. Preparaba estudiantes de Zimbabwe y Angola como maestros, para que luego enseñaran en sus países. Con ellos también hice excursiones, fuimos, por ejemplo, a Viñales y a la Península de Guanahacabibes. Fue muy bonito, me encariñé mucho con ellos, todavía hoy algunos me escriben”.

Durante toda su carrera ha ejercido como profesor y dirigente. Cuando estudiante fue cuadro de la Federación Estudiantil Universitaria y de la Unión de Jóvenes Comunistas: “Después ingresé al Partido y me desempeñé como secretario del núcleo del Departamento de Geografía, hasta que marché a la Isla de la Juventud, allí comencé a dirigir las esfera administrativas, pero siempre tuve una idea fija: seguir superándome”.

Muchas veces como dirigente ha asumido tareas difíciles, como la de director de la secundaria básica República de Chile, en Marianao: “A veces amanecía con un práctica docente y dos profesores, todos para cuatro aulas de séptimo y cuatro de noveno. No había maestros”. Tuvo que impartir Educación Física a todos los grupos de octavo grado, clases de Matemáticas, Física, Historia… “el primer Profesor General Integral (PGI) de Marianao fui yo”, afirma jocosamente.

“Es uno de los momentos más gratificantes que he vivido. Tengo un carácter bastante explosivo, pero ese año me tranquilicé, sobre todo por los padres, con ellos no puedes ser agresivo, tienes que hablarles con ternura, cariño, exigen mucho. Hay alumnos de aquel entonces que hoy me reconocen y saludan por la calle.

“Por eso la idea de que nosotros, los profesores de educación superior, pasemos por las escuelas un año o seis meses es muy buena. Primero, permite aplicar las investigaciones propias sobre las enseñanzas primarias y medias; y segundo, te retroalimenta”.

La educación en Cuba es muy importante, el Estado y el pueblo prestan especial atención a la enseñanza y hemos alcanzado un prestigio a nivel internacional en esta esfera. Adalberto Giral comentó sobre las condiciones actuales y los problemas más observados. Opina que los PGI resolvieron un problema real: “Fidel tuvo esa genial idea, ellos pueden tener a veces problemas de contenidos, formación, de contacto con el estudiante, pero solucionaron la dificultad. No teníamos maestros y eso no se puede negar.

“En la ciudad, por ejemplo, ya todos los alumnos están en las escuelas la sección de la tarde, ahora hay un control y una disciplina mayor. Como todo procedimiento, tiene errores, los que se han corregido. Hay muchos de estos profesores graduados que son buenísimos, yo tengo algunos brillantes en la maestría.

“No creo que la educación haya decaído, porque está formada por un conjunto de elementos, no es solo la instrucción; sí pienso que la enseñanza ha tenido alguna dificultad, hay aspectos a reforzar, pero se ha ganado, por ejemplo, en amor a la Patria, solidaridad, antiimperialismo, disciplina, en organización de la escuela, en el trabajo con la Literatura, las Matemáticas y con la Historia de Cuba”.

El profesor Adalberto es optimista: “El problema de la educación se resuelve si cada maestro hace su trabajo con amor y se prepara con calidad. Hay profesores que demostraron que a pesar de las adversidades, se puede. Muchos abandonaron, pero otros nos quedamos y lo hicimos porque somos maestros, amamos la profesión”.

Rememorando su vida, Giral reconoce no arrepentirse de ser maestro: “La decisión fue correcta. Yo estoy aquí y soy formador de formadores. El Pedagógico crea muchas raíces en uno. La persona que lleva aquí muchos años quiere al Instituto y ama esta labor docente”.

Momentos felices tiene muchos, recuerda especialmente el día que por casualidad se encontró con una de sus hijas en un círculo social: “Fui a saludarla y me llama la secretaria del núcleo para que yo le entregara el carné del Partido Comunista de Cuba a mi hija, a mi propia hija”.

Apagué la grabadora, pero la conversación aún no terminó. Nos esperaba un final de aventuras cuando los dos quedamos encerrados en su oficina por un descuido del custodio del lugar. El profe Giral se moría de vergüenza; yo, lleno de emoción, pues la salida era una sola: bajar por un balcón a cuatro metros de altura. Llegué abajo sin rasguño alguno utilizando una soga como única ayuda. Giral quedó arriba esperando por el custodio, lo miré y nos despedimos con una sonrisa.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Resaltar la labor de Adalberto Giral como vicerrector económico y conocer de sus aportes a la Geografía en el área de las prácticas de campo.

Objetivos Colaterales: Conocer de sus inicios como educador. Ahondar sobre sus misiones internacionalistas. Preguntar sobre sus aportes científicos más importantes. Indagar sobre la educación actual en Cuba.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Directa o de presentación.
Tipo de cuerpo: De cita.
Tipo de conclusión: De relato curioso o significativo.
Fuentes consultadas: El entrevistado.

PINTURAS CON POCA ROPA

PINTURAS CON POCA ROPA

Una colección de cuadros de arte erótico se exhibe en el museo Servando Cabrera.

ANNIERYS BORGES LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una página bella en la vida, Mujer feliz, Alejandro en tres tiempos y  Vuelve Sevilla, son varias de las obras de arte erótico exhibidas  en el Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno, del municipio capitalino Plaza de la Revolución.

La colección del pintor cubano, con tendencia a la mutación, al cambio y la búsqueda, se inspira en la figura femenina y desarrolla técnicas como óleo sobre tela, tinta sobre cartulina, creyón sobre papel, sanguina y carbones.

Sus obras muestran una combinación de torsos desnudos con extremidades abrazadas y trabajan la estilización en los rasgos de la mujer cubana de los años 70.

En dos etapas de creación se dividen los cuadros de arte erótico: una primera, de 1974 a 1978; y la segunda, en 1981, con la particularidad de que en esos últimos títulos se hace mención a  Sevilla, ciudad predilecta del autor.

Conocida  como “Villa Lita”, la residencia cuenta con una colección de piezas europeas, mexicanas y de la antigua Unión Soviética, pertenecientes a Servando Cabrera. Incluye, además, siete salas de exposiciones que reflejan otras corrientes de su pintura como la épica revolucionaria y el expresionismo.

La institución presta también los servicios de una biblioteca especializada en arte universal y promueve actividades culturales en el área exterior, denominada “jardín de las esculturas”,  donde se exhibe la obra original “La pensadora“, del escultor Alberto Lescay.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Datos adicionales.
Tipo de fuentes: Documental, no documental, primaria.
Primer valor noticia: Actualidad.
Otros valores noticia: Interés colectivo. Originalidad, curiosidad.
Tipos de noticia: Ligera, simple, directa.


 

“TODAVÍA HAY MUCHO INDIO ESCONDIDO POR AH͔

“TODAVÍA HAY MUCHO INDIO ESCONDIDO POR AH͔

Afirma la arqueóloga Lourdes Domínguez, primera Doctora en Arqueología Histórica en Cuba.

ROSANA BERJAGA MÉNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llegué, ella miraba en la televisión un documental de Estela Bravo. Pedí hablar sobre su vida. Era obvio que no me esperaba, pero una dulce sonrisa me invitó a tomar asiento. Se disculpó diciendo que en un minuto estaría conmigo y se escurrió por entre los pasillos de su casona antigua.

Arqueóloga desde el año 1967, Lourdes Domínguez González, camina por entre sus pajaritos, peces, perros y cuadros de Rubens, afirmando con vanidad de enamorado que  no existe en el mundo una profesión más hermosa que la suya, “porque la historia, por ejemplo, la pueden escribir de cualquier manera, pero la arqueología solo puede escribirse con la verdad.

“De niña yo no pensaba en la arqueología, mi sueño era ser bailarina. Esa era una de las cosas que más me gustaba, pero toda mi vida he sido gordita. A duras penas me podía parar en puntas o dar algún giro. Juro que me esforzaba al máximo, sin embargo, no avanzaba. No fue por falta de buenos maestros, porque recibí clases hasta de Alberto Alonso. Todo parece indicar que no nací para bailar, así que lo dejé. En eso también tuve la ‘ayuda’ de mi padre, quien se negaba a tener un artista en la familia.”

A Lourdes hay que escucharla con los oídos bien abiertos mientras cuenta, sin perder el aliento, el sinfín de cosas por las que ha pasado: publicidad, magisterio, agronomía, campaña de alfabetización, milicias revolucionarias…, porque ella asegura que lo importante es no quedarse con deseos de hacer.

“Comencé la Universidad en el año 1963, en un curso para profesores de Historia, y al terminar primer año, pedí la licenciatura y me la concedieron. En ese tiempo, recibí clases en la Facultad de Artes, tomé algunas asignaturas de Arquitectura y clases de pintura; además, colaboraba con el Departamento de Antropología.

”A la Arqueología llegué gracias a un NO. Un día me di cuenta de que realmente me gustaba y decidí presentarme en la Academia de Ciencias, dije que estaba dispuesta a que me hicieran las pruebas necesarias y me dijeron «no, ese no es un trabajo para mujeres», entonces decidí que eso era lo que quería hacer.

”Comencé en la Academia de Ciencias en 1968, donde pasé cursos especializados, formándome, como casi todos los arqueólogos cubanos, con libros de Geografía, de Historia o de Geología; también albergué la esperanza, durante más de treinta años de que el Ministerio de Educación Superior abriera una escuela universitaria de Arqueología. Pero desgraciadamente no fue así, suele pensarse que no tenemos en Cuba una razón posterior de trabajo, que no hay necesidad de abrir ese tipo de centros, pero nadie sabe cuánto tenemos por explorar de nuestras raíces, que no son solo españolas o africanas, que todavía hay mucho indio escondido por ahí.

”Yo vivo enamorada de lo que hago. Dicen que quien pasa el trabajo de campo, que es la prueba de fuego, y sigue apegado a la Arqueología, jamás se separa de ella. Salvé muchas veces esa prueba de fuego, y luego, así cansada, debía quedarme en los laboratorios limpiando pieza por pieza, todo lo que había encontrado; a veces había que limpiar hasta trece mil piececitas de barro, cepillarlas, analizarlas, clasificarlas…

”A pesar de todos los rechazos por ser mujer, terminaron por aceptarme en  ese mundo, y ya en los 80, me encargaba de organizar y dirigir jornadas de Arqueología. Así comencé a trabajar en mi tesis de maestría, la cual logré hacer de forma directa en 1987.

”Algo de lo que estoy orgullosa, además de los alumnos que he ayudado a formar, es haber sido la primera Doctora en Arqueología Histórica en Cuba después del triunfo de la Revolución; y eso, gracias al Doctor Eusebio Leal, quien decidió apoyar mi campo en el país y abrió la Facultad de San Gerónimo de La Habana, donde me preparé durante dos años. Eso me demostró que todavía hay personas que cree en lo que hacemos.”

Así, para Lourdes, el tiempo ha pasado volando, al igual que sus doce años de trabajo en la Oficina del Historiador de la Ciudad, sus veinte años de docencia en Puerto Rico o los cinco en Brasil.

“Ahora estoy un poco más en la casa. Me dedico a escribir libros de arqueología, y mantengo la docencia en Cuba y en otros países latinoamericanos, y hasta por Internet. Aquí tengo mi biblioteca, mi máquina y todo lo que necesito para trabajar; aunque claro, siempre dejo mis ratos libres para mis «animalitos», mis plantas o mi pintura; y trato siempre de no pensar en todo lo que me ha faltado por hacer, porque no niego que hay proyectos como Panamá la vieja, encargado de la reconstrucción histórica y arqueológica de esa ciudad, que me hubiese gustado retomar.

”Yo jamás he sido ambiciosa, pero si pudiese pedir un deseo, de aseguro que sería uno muy grande: ¡Vivir!”

CUBA DECLARA NUEVO PATRIMONIO NACIONAL

CUBA DECLARA NUEVO PATRIMONIO NACIONAL

El Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical  (INIFAT) recibe reconocimiento por sus resultados durante 105 años dedicados al trabajo agronómico en el país. 

JESSICA DOMINGUEZ DELGADO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (INIFAT) recibirá la condición Patrimonio Nacional por 105 años dedicados a la producción de alimentos, al cuidado del Medio Ambiente y de la biodiversidad.

El centro se dedica a la investigación agrobiológica, estudia las variaciones genéticas en las plantas, produce biofertilizantes e insecticidas que mejoran la calidad de los cultivos. También obtiene nuevas variedades de hortalizas y granos.

Para un mejor resultado en su trabajo cuenta con un banco de germoplasma, único en su tipo del país, donde se analizan los genes de cada especie a través de sus semillas.

En el INIFAT no solo se realizan estudios, se trabaja directamente con los productores y la comunidad, además se forman nuevos profesionales en una escuela de agricultura urbana y suburbana,  expresó Nelso Companioni, director adjunto del centro y secretario ejecutivo de Agricultura Urbana.

El lugar, antes cuartel de tropas españolas, luego banco de sangre y después orfanato, se escogió en 1904 como Estación Central de Agronomía por el gobierno de Estrada Palma. No es hasta 1974 cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro lo transforma en lo que es hoy: institución líder en las investigaciones agronómicas del país.  

Ficha técnica:

Tipo de Título: Genérico.
Tipo de Lead: Sumario de Quién.
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional.
Fuente: No documental, primaria, tradicional, permanente y directa.
Valores Noticias: Actualidad. Interés colectivo.
Tipo de noticia: Pesada, dura.

 

UN MATEMÁTICO CON ALMA DE ESCRITOR

UN MATEMÁTICO CON ALMA DE ESCRITOR

“En mi vida no he hecho otra cosa que enseñar”, comenta Baldomero Valiño Alonso, profesor de Matemática de la Universidad de La Habana, quien lleva ya más de 40 años de ejercicio en esta profesión.

LISANDRA FARIÑAS ACOSTA,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los años han mellado sus paredes, pero no su esencia. Por sus pasillos un tanto oscuros, siguen transitando jóvenes empeñados en construir su porvenir. La Facultad de Matemática se levanta casi en el centro de la Colina. Puede que sus colores hayan caído, pero aún mantiene su carisma e identidad. No son pocas las generaciones que la han visto envejecer. Sus aulas son testigo de la historia de muchos, y hay otros que las hicieron suyas y andan tras sus puertas.

Llegué por estos días hasta ella. En busca del profesor Baldomero Valiño Alonso desandé corredores y escaleras. Pensé encontrar un hombre en extremo tímido, poco conversador, quizás difícil como una cuenta matemática, y en cambio descubrí un hombre alegre, lleno de vida y feliz de enseñar. Baldomero lleva 44 años en el magisterio y aún conserva un espíritu enérgico. La Universidad de La Habana y en especial la Facultad de Matemática se convirtieron hace mucho tiempo en su otra casa.

-¿Siempre tuvo vocación por ser maestro?

Yo creo que sí. Siempre me gustó la enseñanza. Recuerdo que en el bachillerato mis compañeros me preguntaban sobre Matemática, sobre todo de Geometría y a mí me gustaba explicarles.

-¿Cómo llega a ser maestro?

Me hice maestro más bien por necesidades familiares. La verdad es que necesitaba trabajar para mantener mi casa y lo más fácil en ese momento para mí era enseñar. Fue cuando en el Ministerio de Educación hicieron una convocatoria para captar profesores de secundaria y preuniversitario. Asistí y me entrevisté por Matemática para secundaria, hice un examen y al ver mis resultados me pidieron que realizara el examen para preuniversitario. Se presentaron cerca de 200 aspirantes a la convocatoria. De las doce plazas que otorgaron obtuve una. Tuve suerte de salir adelante. Empecé a trabajar en noviembre de 1963 y desde entonces no he hecho otra cosa que enseñar.

-¿De qué forma pasa  a ser profesor

de la Universidad de La Habana?

En el año 1964 empecé a estudiar en la Universidad la carrera de Historia, que de todas fue la que en aquel momento llamó mi atención. Ya trabajaba como profesor de Matemática y a ciencia cierta lo que me interesaba, aunque parezca raro, era ser escritor. Al principio ese era mi sueño. Recuerdo bien que la doctora Hortensia Pichardo, mi profesora, orientó un trabajo de investigación sobre un diario antiguo que se llamaba “El siglo”. Ahí fue cuando me di cuenta que aquello no era lo mío. Esos papeles amarillentos me hacían hasta estornudar. Definitivamente la investigación histórica no me iba  a gustar mucho.

Abrieron en la Universidad un curso introductorio de Matemática. Me sometí a examen de ingreso y entré a la carrera en el año 1964. Tuve siempre el gran problema de que trabajaba y estudiaba a la vez. Tenía todas las responsabilidades de un profesor. Era una época de gran efervescencia en Cuba. Tenía guardia estudiantil y a la vez guardia laboral. Se me hizo un poco difícil, pero logré terminar la Universidad  y entonces me pidieron que me quedara aquí, aunque trabajaba en el Ministerio de Educación.

Ya otras personas sabían de mi interés por la investigación y el desarrollo de la enseñanza. No quería ser solo metodólogo o controlador, lo que realmente me interesaba era la investigación, aspecto que pude desarrollar bien trabajando en la Universidad. Comencé oficialmente en el año 1970. Vine para Matemática a estudiar más que nunca por el nivel tan elevado de las asignaturas. Pasé cursos difíciles. Yo era solo un adiestrado, no fui nunca alumno ayudante. Tenía solo la experiencia de haber sido profesor de preuniversitario. Tuve sin dudas un bautismo de fuego.

-¿Qué cambios significativos ha

vivido usted en la Universidad?

Para mí la Reforma de la Educación Superior en el año 1962 fue fundamental. Con esa reforma se crearon las Facultades Independientes y las escuelas de Humanidades, Tecnología, Pedagogía, Ciencias, Ciencias Agropecuarias y Economía. La escuela de Matemática surgió como Facultad Independiente después, sobre los 80. Primero se llamó Facultad de Ciencias Exactas y Geografía, posteriormente fue la Facultad de Física y Matemática, hasta que finalmente se independizó. Todos esos cambios son consecuencia directa de la Reforma, como lo es la propia carrera.

-¿Prefiere Matemática o las Matemáticas?

Siempre he defendido el nombre de la carrera “Licenciatura en Matemática”, para resaltar la matemática como una unidad. Es cierto que existen muchas ciencias matemáticas, pero estudiarlas en un marco restringido rara vez resuelve el problema. Es necesario apoyarse en otras ramas.

El ejemplo más reciente es el del teorema o la conjetura de Poin Careu, uno de los últimos matemáticos enciclopedistas, quien planteó en 1904 una afirmación, pero no la demostró. Este problema vino a resolverse en el año 2002 y su demostración final se pudo hacer porque los matemáticos trabajaron simultáneamente en otro campo como es el de la geometría diferencial. Con los recursos de otra rama fue que se pudo llegar al final. Es por eso que defiendo la formación del egresado con una visión interdisciplinaria, no restringida.

-¿Alguna anécdota especial?

Recuerdo con entusiasmo la Zafra del 70. Muchos profesores y estudiantes nos fuimos a Camaguey. Las condiciones no eran nada fáciles, pero estábamos felices de estar allí. De aquella ocasión todavía conservo un diario que hice y que llamé “Diario de la Zafra”. No olvido que justo cuando Fidel hizo pública la noticia de que no resultaría, nos agarró por allá un ciclón. La gente tenía entusiasmo a pesar de todo y eso era importante.

-¿Qué opina de la enseñanza de la

Matemática hoy en la Universidad?

La enseñanza y la evaluación de los contenidos deben ser creativas y me esfuerzo por eso. Es necesario que el estudiante trabaje más, pero que en ese propio acto aprenda algo nuevo. Tengo presente siempre algo que dijo una vez un matemático ruso: “En la matemática no es cuestión de velocidad sino de profundidad”.

-¿Cree que la imagen del matemático

tímido y retraído ha cambiado?

Generalmente a los matemáticos les gusta la vida tranquila y algunos son tímidos. Mira, si uno iba antes a una fiesta de matemáticos raramente encontraba gente bailando, pero sí conversando. Últimamente las cosas han cambiado un poco. Hay muchachos que les encanta el baile. Aquí en la Facultad hacen hasta coreografías. La imagen del matemático reprimido y constreñido a su trabajo ya no es la misma. Aunque todavía hay quien dice por ahí que somos un poco locos, lo que no creo que sea una generalidad.

-¿Qué se lleva de la Universidad en estos 44 años?

Aquí en la Universidad me han pasado muchas cosas. He trabajado en investigaciones, enseñanza de postgrado, pero lo que me gusta es el aula. Lo esencial de mi trabajo lo encuentro ahí, junto a los alumnos que llegan deseosos de aprender. He pasado tiempo en otras tareas o funciones de dirección docente, pero siempre he estado trabajando para la Universidad o vinculado a ella. Por otra parte, el balance que puedo hacer de todos estos años es que no me arrepiento de ser profesor.

Baldomero Valiño en todo momento contradijo y derrumbó mis prejuicios sobre la imagen pragmática del matemático clásico. Muy por el contrario, hallé una persona sincera y espontánea, que no solo pasa su vida entre ecuaciones diferenciales, álgebra y análisis geométricos, sino que sabe apreciar la magia que encierran un libro o una película de Fernando Pérez. Encontré un hombre que conoce su país y su historia y, por supuesto, la vida hacia el interior de la Universidad. Pero, sobre todo, descubrí a alguien que ama su profesión y que está convencido de que el magisterio fue su mejor elección. Para suerte de varias generaciones de científicos, el escritor terminó siendo profesor de Matemática.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

EL VIEJO MAMBÍ

EL VIEJO MAMBÍ

A Máximo Gómez, nacido el 18 de noviembre de 1836, en Baní, solo sus más cercanos colaboradores pudieron llamarlo con sumo respeto El Viejo, y no en todas las ocasiones.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

La escuálida y erguida figura montada en caballo blanco nos quedó para siempre en la memoria. Así nos llega el Generalísimo Máximo Gómez Báez, el estratega militar de quien nunca hemos sabido qué parte de su espíritu fue más dominicana que cubana, después de 30 años de darlo todo por esta, su segunda patria.

Decía que a la independencia de Cuba se sumaba para pelear por la libertad del negro esclavo y del criollo explotado por el colonialismo español. De brillante ingenio militar, de él son leyenda sus emboscadas escalonadas, las hábiles contramarchas y los prolongados y agotadores movimientos a que sometía al enemigo.

Fue tanta su grandeza en los campos insurrectos cubanos y mucho lo que debe hablarse de esa participación, que poco se escribe del hombre que soñaba con Bolívar, San Martín, Garibaldi y "toda esa gente loca y guapa", como decía.

Ni de quien con delicadeza afirmó: "La pena y el dolor buscan al dolor y la pena para asociarse, los que sufren pronto se hermanan". Al que escribió a Clemencia: "A ti, hija amada de mi corazón. A ti, pedazo de mi alma, amor de todos mis amores y esperanza de mi vida". Al que exclamó: "Murió mi Panchito... mis brazos se quedaron abiertos esperándole".

Ese hombre de poderosa ternura es inevitable llevarlo en la memoria con su bravura en los combates por la libertad cubana. Pero también habrá que recordarlo retratado en cuerpo y alma por el general mambí Miró Argenter, con trazos que muestran al héroe en parquedad de carnes, tez trigueña y mirada viva y penetrante.

No fumaba, ni decía ni permitía en su presencia palabras obscenas. De comer sobrio, prefería los asados, los vegetales y los dulces, y era un empedernido bebedor de café. Escribía bien entrada la noche, su cama era la hamaca, y en los amaneceres, aún en invierno, su asistente derramaba sobre la cabeza un galón de agua: "Así no se cogen catarros", afirmaba.

Patriarca de probado humanismo, al lado izquierdo del pecho y sobre el corazón solo dejó que dos insignias reposaran: el escudo de Cuba y la estrella solitaria de nuestra bandera. En los últimos tiempos llevó siempre consigo, al cinto, el machete curvo que perteneciera a Martí.

Pero esa visión del hombre queda relegada ante la fiereza de un arrojo que hizo que altos oficiales españoles le llamaran "el que más valía de los enemigos" y "el mejor general de ambos bandos en la guerra de Cuba". Su enemigo en armas, Arsenio Martínez Campos, le definió como el primer guerrillero de América. Entre sus subordinados y la oficialidad cubana era el maestro al frente de la tropa, cuyos cabellos blancos en la avanzada guiaban a los hombres al campo del honor.

Profundo respeto profesó José Martí por el Generalísimo. Tanto es así, que en la preparación de la Guerra, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano le propuso que asumiera el mando supremo de la contienda. Y lo hizo luego de visitarlo en su casa de Montecristi, República Dominicana, y de sostener largas y profundas conversaciones.

En carta escrita en la ciudad dominicana de Santiago de los Caballeros, Martí le dice: "...vengo a pedirle que cambie el orgullo de su bienestar y la paz gloriosa de su descanso por los azares de la revolución, y la amargura de la vida consagrada al servicio de los hombres". El 15 de septiembre de 1892, Máximo Gómez contestaría afirmativamente al llamado por una Cuba libre.

Gómez, aquel cubano entre todos los cubanos, fue el legendario combatiente de La Sacra, Palo Seco, Las Guásimas, Naranjo, Saratoga y Altagracia; el que dijo: "Como quiera que sea es preciso vencer los obstáculos, pues en nuestra guerra no debemos creer en los imposibles". Muchos años antes había entrado ya en la historia cubana cuando en el combate de Tienda del Pino, con la primera carga al machete, quedaron muertos más de 200 españoles y, en los vivos, permaneció la impronta de un arma nacida en la fragua del trabajo.

A Máximo Gómez, nacido el 18 de noviembre de 1836, en Baní, solo sus más cercanos colaboradores pudieron llamarlo con sumo respeto El Viejo, y no en todas las ocasiones. "...de quien solo grandezas espero", habló de él José Martí. 


 

PRESENTAN LIBRO VIAJES DESDE LA MEMORIA EN FERIA DE CARACAS

PRESENTAN LIBRO VIAJES DESDE LA MEMORIA EN FERIA DE CARACAS

El texto recoge 50 años de relaciones Cuba-Venezuela en las diversas voces rescatadas por sus autores, Marina Menéndez y Roger Ricardo. FILVEN 2010 cierra sus puertas este domingo

JUANA CARRASCO MARTÍN,
Enviada especial de Juventud Rebelde.
juana@juventudrebelde.cu

foto: YORDANKA ALMAGUER

CARACAS.— A punto de cerrar sus puertas la 6ta. Feria Internacional del Libro Venezuela 2010, la profunda amistad cubano-venezolana se hizo patente con la presentación del volumen Viajes desde la Memoria (Caracas-La Habana-Caracas), cuyos autores, los periodistas Marina Menéndez Quintero, subdirectora editorial de JR, y Roger Ricardo Luis, subdirector del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, dialogaron con el público en el pabellón Casa del ALBA.

En 225 páginas del libro, publicado por la Editorial Pablo de la Torriente, se puede palpar con mirada emocionada una fluida conversación con los protagonistas de estas historias, que recogieron magistralmente en lenguaje coloquial, los periodistas a quienes el diputado Earle Herrera, al dar a conocer la obra y la trayectoria profesional de ambos colegas, calificó de «trotamundos» que han recorrido caminos de la guerra y de la paz.

Libro polifónico, dijo Herrera, con voces muy diversas que narran 50 años de historia de las relaciones Cuba-Venezuela, desde la visión de guerrilleros, dirigentes comunistas, revolucionarios, otros que cambiaron de trinchera, y sencilla gente del pueblo.

Son historias de lo que ocurría en Venezuela cuando en la Sierra Maestra se luchaba contra la dictadura batistiana, y miles de mujeres y hombres, de muy diferentes posiciones políticas, contribuyeron con un bolívar para la Revolución Cubana; visiones inéditas hasta ahora de un encuentro con el Che, y de cómo en la historia más reciente, médicos cubanos salvan vidas de este pueblo.

Las emociones captadas por los periodistas cobraron vida cuando Yisura García testimonió conmovida su propio caso, que Viajes desde la Memoria recoge bajo el título de San Montejo, como desde entonces la joven llama al cirujano que la rescató de la muerte.

«Un libro que nos va llevando a pulso por la historia», aseveró Herrera, quien celebró que sea «una reafirmación del ejercicio periodístico noble, ético, de altura, algo que nos reconcilia con ese periodismo íntegro desde Hemingway hasta José Martí, pasando por Marina Menéndez y Roger Ricardo».

Los autores reconocieron que para ellos hacer el libro fue redescubrir los nexos tan antiguos y sólidos que existían entre los pueblos de Cuba y Venezuela, de una solidaridad que va y viene, y que seguirá yendo y viniendo entre nuestros mares, por eso lleva como epígrafe Caracas-La Habana-Caracas; fue vivir una hermosa aventura.

La Feria del Libro culmina este domingo luego de una semana de celebración, en la que más de 50 000 caraqueños caminaron por la floresta del Parque Francisco de Miranda, ahora reverdecida, más que por la lluvia que acompañó siempre el evento, por la sabiduría que brota de cada página de los libros.