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Isla al Sur

TRES CIUDADES AL CARTEL

TRES CIUDADES AL CARTEL

Seattle - La Habana - Teherán Poster Show muestra afiches con disímiles temáticas, propias de los respectivos países, pero semejantes en las representaciones gráficas.

MARÍA CAMILA MAURY VÁZQUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Seattle - La Habana - Teherán Poster Show es una muestra de 69 carteles, organizados en 23 tríos que intentan revelar, a través del diseño gráfico, la comunidad existente entre urbes desiguales culturalmente.

La exposición está en Cuba desde el 26 de abril como parte del Festival del Cartel en La Habana y se mantendrá en el Centro Hispanoamericano de Cultura todo el mes de junio (2016). Organizada por el Consejo Nacional de Artes Plásticas y curada por Daniel R. Smith, de Seattle, Iman Raad, de Teherán, y Pepe Menéndez, de La Habana, en ella participan 51 diseñadores de las tres ciudades con sus obras.

De izquierda a derecha, siempre se cumple la misma secuencia de carteles: el estadounidense, el cubano y el iraní, aunque en ocasiones parezca alterarse el orden o repetirse el mismo país por las similitudes estéticas evidentes. Los elementos comunes en las agrupaciones son el color, la forma y el contenido.

En el trío compuesto por Rose Windows, de Shogo Ota, Muestra de cine de Costa Rica, de Nelson Ponce, y Al por menor y al por mayor de sus fotos familiares, de Mohammadreza Abdolali, en los que el gallo es la figura central, ocurre un intercambio en la forma de representar al animal.

El afiche norteamericano muestra un ave, que por su especie y el estampado de cachemira, evoca la cultura India, mientras, el iraní, parece un gallo doméstico común, que inclina a pensar en las granjas norteamericanas, o en las peleas de estos en los campos cubanos.

En otros casos, el elemento común es el modo en que se distribuye la tipografía en el plano. Así ocurre con No Joy, de Carlos Ruiz, Viva la Revolución, de Laura López y Carlos Zamora, y El sueño que aún no había visto, de Mohammadreza Abdolali, donde las palabras aparecen fragmentadas y acompañadas de figuras sugerentes, evidenciando el miedo de los diseñadores contemporáneos a hacer carteles exclusivamente textuales.

Hay tres afiches, que mediante representaciones acordes con su cultura, unen las miradas de los espectadores en el vértice inferior de un triangulo invertido: la feminidad.

La serigrafía Nude, de Chad Lundberg es un desnudo poético, dado en la cándida relación entre el color mamoncillo y las figuras ensortijadas que componen la tipografía, en el extremo inferior del cártel, dejando descubrir, como seña de pudor, solo un tercio del triángulo correspondiente a la pelvis, para permitir –sin percatarse-que  la imaginación complete la figura.

En el Cuerpo Equivocado, el cubano Edel Rodríguez usa el contraste entre el rosado fucsia y el negro para transmitir el mensaje de homosexualidad, apoyado también en los músculos masculinos del cuerpo y en la ubicación del mensaje hacia las entrepiernas, tocado delicadamente por una de las manos.

Un afiche blanco con la figura al centro, sintética, pero evidentemente iraní, por estar cubierta de simbologías, es Truncado, la impresión digital de Iman Raad. En este caso, el triángulo presenta una obertura vaginal que deja un vacío hacia el interior de la figura, manteniendo los bordes de esta casi cerrados. La imagen y el título sugieren una denuncia a la ablación que se comete en culturas religiosas del Oriente Medio con las niñas.

La función comunicativa de los afiches no fue tenida en cuenta por los curadores al agrupar los tríos. Esto provoca cierta confusión en la apreciación, pues los mensajes no están asociados, y los carteles lo mismo pueden ser de cine, teatro, música o el anuncio de algún producto.  
Aunque resulta una innovadora propuesta llevar el diseño gráfico al medio artístico de una galería, más aún cuando incluye el performance de una calle con el logo del evento, un paso peatonal y una señalización que indica la dirección: Seattle – La Habana – Teherán, esta es otra forma de ignorar la principal función del cartel: socializar información.

Sin menospreciar la estética que complementa al diseño y lo relaciona con el arte, quizás hubiera sido más pragmático exponer los carteles en su medio natural: las calles de La Habana, donde solo el paso por una esquina, enseñara a personas de todas las edades, estratos económicos y culturales que  Seattle y Teherán convergen hoy en Cuba.

Pie de fotos: 1-Daniel Smith, curador y diseñador de Seattle, fue quien tuvo la iniciativa de la muestra en una visita hace 11 años a la Isla; 2-En los últimos días de mayo la galería del Centro Hispanoamericano de Cultura, que expone Seattle - La Habana - Teherán Poster Show, fue poco concurrida.

REANDAR LA VIDA DEL GENERALÍSIMO

REANDAR LA VIDA DEL GENERALÍSIMO

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

La cama donde reposó Máximo Gómez durante los días que antecedieron a su muerte está perfectamente conservada en el otrora Museo de los Veteranos, hoy Casa de los Combatientes, de la ciudad matancera de Cárdenas. También allí quedan cuidados el escaparate y la mesita. Solo que el Generalísimo falleció en el capitalino Vedado.

Mercedes Alonso Romero no intenta poner faja al oficio de periodista (revista Bohemia) ni seguir la historia a pasos de investigaciones rígidas, por eso inicia su libro Máximo Gómez: El Viejo Mambí, atrapando al lector con este poco conocido argumento.

Le siguen seis capítulos breves de prosa sencilla, como si hablara en tertulia a los amigos sobre lo visto en República Dominicana, adonde fue por casi un año para recorrer los caminos de Guayubín, Montecristi y Baní en busca de la impronta de uno de los más grandes estrategas militares de América, a fin de escribir este texto que presentará a la Academia de Historia de esa otra isla caribeña, gracias a la Editorial Manatí.

Sin perder las riendas de la veracidad histórica, muchas veces recurre a la ficción para revivir la primera carga al machete en Venta de Pino, el combate de La Sacra, la Paz del Zanjón, el fracaso del Plan Insurreccional Gómez-Maceo, los encuentros con José Martí en los lares dominicanos y la redacción y firma del Manifiesto de Montecristi, entre otros importantes sucesos en la vida del General en Jefe del Ejército Libertador cubano.

Y no son pocos los pasajes menos publicitados que retoma a modo de viñetas para darnos al héroe en su dimensión humana, porque para ella "este libro es reandar por relatos de la vida".

Ahí está, entonces, que en "una madrugada de enero de 1875, él y su tropa cruzaban la Trocha, cuando una bala enemiga hizo blanco en su cuello. (...) Recuerda que sujetó con una mano la garganta, desde donde caían borbotones de sangre que brotaban por la boca y aún tuvo voz, no se sabe ni de dónde la sacó, para ordenar que tocaran la Marcha de la Bandera. (...) Durante 48 horas descansó, para luego integrarse al mando con la terrible herida casi olvidada y de la cual quedó aquella ronquera que sorprendió a Manana y que ella aseguró que había convertido su voz de vibrante y metálica en sonora y sorda".

En otra parte nos cuenta: "Allí estaban él y el general español Martínez Campos, como los dos rivales que eran, observándose en silencio. El contraste entre el uniforme del español, decorado en toisón de oro y el suyo, era marcado. (...) No olvida que Martínez Campos le dijo que pidiera por esa boca lo que quisiera, porque excepto la mitra del arzobispado, todo se lo podía dar y le señalaba que no era posible que fuera él a su país con aquella ropa miserable. (...) La respuesta fue concisa y firme; aseguró que no cambiaba por dinero sus andrajos, porque aquellos constituían su riqueza y orgullo. Sí, él era un caído, pero sabía respetar el puesto que había ocupado en la Revolución".

Este es el Gómez que desde una dimensión humanísima nos retrata Mercedes Alonso. Selecciono otras líneas del libro: "Marzo del año 1878 terminó en Kingston sin resolver nada. La familia se mantenía casi solo comiendo mangos. Tuvo que dejar a sus hermanas en un cuarto por el valor de 2 chelines. (...) Un día en que el hogar ardió, solo pudo sofocar el fuego al precio de achicharrarse las manos, como si fueran pocas las penas".

En esta entrega de relatos escritos desde las técnicas periodísticas, cuentan historias Máximo Antonio Pol, biznieto del Generalísimo; Australia Mercedes Fermín Toro, de la familia de Manana; Emilio Cordero Michel, vicepresidente de la Academia de Historia de República Dominicana y prologuista del libro; el profesor Euclides Gutiérrez Félix, Luis Manuel Jiménez, historiador de Guayubín; Amarilys Peralta, regidora del Ayuntamiento de Laguna Salada; la maestra nonagenaria María Aracelys Moronta, e imaginariamente Juan Bosch, tomando sus textos de El Napoleón de las guerrillas.

En ocasión del centenario de la muerte de Máximo Gómez -17 de junio-, Mercedes Alonso defiende la toma de partido por un análisis contemporáneo de los hechos y le apasiona investigar sobre los por qué de la pervivencia del prócer dominicano-cubano: "La historia es la médula que nos conserva derechos y vivos. ¿Quién sabe lo que ocurriría si nos olvidamos de ella?".  

ENTRE CASA Y TERRAZAS

ENTRE CASA Y TERRAZAS

Marcia Leiseca Hernández, mujer de la clandestinidad, amiga de Haydée Santamaría, asesora sociocultural de Las Terrazas y vicepresidenta de Casa de las Américas. Dama de pocas palabras, pero de gran saber.

NAIMY HERRERA PEREIRA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: ROBERTO CHILE.

Es una menuda señora que a sus 79 años se muestra tan jovial  como una adolescente. Sus sagaces ojos dejan ver que hay más  historias de las contadas, a lo mejor porque le tocan allá dentro, en  el lado izquierdo del pecho. La marca la sobriedad. Acercarse a las  cámaras y dar entrevistas pueden ponerla "al borde de una crisis",  aunque ha tenido que hacerlo por ser la asesora sociocultural de la localidad Las Terrazas, hoy reserva de la biosfera, y vicepresidenta de Casa de las Américas.

Hoy es viernes y el sol ha alcanzado el centro del cielo. Llego al emblemático edificio ubicado en la esquina de G y 3ra, atravieso la recepción, subo las anchas escaleras en busca de mi objetivo. Me  llama la atención el aire hogareño que se respira en su oficina de Casa de las Américas: varias plantas adornan la entrada, en lugar de un buró encuentro una mesa circular sobre la que descansa el ordenador portátil y muchos papeles, organizados, pero muchos. Un pequeño librero, un  televisor y dos sillones complementan el decorado de la habitación.

Marcia Leiseca fue amiga de la heroína del Moncada, Haydée Santamaría: "La conocí en el año 1957 y en esa época portaba el nombre clandestino de María". Respira profundo, continúa: "El contacto con ella cambió el rumbo de mi vida”. El acercamiento a Haydée hace que se vincule al Movimiento 26 de Julio, donde llevó su existencia al límite, quizás por eso se aferra tanto a los recuerdos y los comparte con recelo.

Ahora se reclina en el asiento, pierde la mirada como si evocara lo  ya vivido: “Tengo dos proyectos en mi vida que he podido ver nacer y desarrollarse: uno es Casa de las Américas y el otro Las Terrazas."

Comenzó a trabajar en Casa desde su instauración el 28 de abril de 1959, con solo 22 años: "Viví momentos decisivos del centro como la creación del premio Casa de las Américas, el Festival de Teatro, el concurso de composición, las publicaciones y el surgimiento del Fondo Editorial con importantes colecciones.  

"Siempre quise formar parte de un proyecto más vinculado a las  demandas y necesidades del pueblo, pues Casa era un mundo relacionado con la cultura y las ideas." Siete años  más tarde, en1966, fue en busca de lo que llama su “proyecto  romántico”, un plan de reforestación en Sierra del Rosario, Artemisa. Allí vivió durante cinco años en tiendas de campaña junto a la persona de quien se enamoró y luego compartiría momentos de felicidad, Osmany Cienfuegos, arquitecto y promotor de la idea.

Su voz es fina como el cristal, pero cuando se refiere a Las Terrazas y todas sus aventuras se nota la pasión, por lo que no puede evitar emocionarse.

"Me ocupé fundamentalmente de todos los aspectos sociales, creé un proyecto para elevar el nivel cultural de los hombres y  mujeres que participan en la tarea, en su mayoría jóvenes y pobres, pero con ganas de hacer y aprender. Trabajábamos todo el día, incluso en la noche sentíamos el ajetreo de los tractores en las lomas”.

Las faenas diarias se  hacían bajo muchos peligros, pues en varias ocasiones hubo accidentes fatales. En una ocasión, el operario de uno de los tractores a la hora de maniobrar le temió al irregular terreno que lo desafiaba. Marcia, decidida, cogió el timón y subió pendiente arriba, demostrando que para ella no había tarea imposible.

“Allí toqué lo que era la extrema pobreza, la toqué con mis manos, me di cuenta lo que era, la compartí, la viví y colaboré a su  transformación."
La conversación fue corta, no quise robarle más tiempo. El teléfono  había sonado varias veces y los recados no cesaban.

Pie de foto: Marcia Leiseca, fundadora de Las Terrazas, hoy reserva de la biosfera.

EL CASTILLO DE LOS KESSEL

EL CASTILLO DE LOS KESSEL

Historia popular es desestimada por el historiador Orlando Segundo Arias, en la barriada capitalina de Arroyo Naranjo.

Texto y fotos:
ANDRÉS LUIS HERRERO PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Conde que Kessel no cometió un asesinato en Cuba. Tras cinco años de exhaustiva investigación, el historiador Orlando Segundo Arias, desmiente el mito acerca del crimen tejido alrededor de la propiedad San José de Bellavista por su otrora dueño, Genaro Sánchez, en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo.   

Recurriendo a la sucesión de bautizos y defunciones de las familias nobles de Cuba, encontradas en los archivos del Arzobispado de La Habana y las parroquias de Jesús del Monte, Espíritu Santo y La Catedral de La Habana, Segundo Arias refutó la leyenda del asesinato cometido por el Conde de Kessel en la barriada capitalina de Víbora Park.

El mito creado por Genaro Sánchez fue transmitido de generación en generación por los vecinos de la zona, incluso el escritor Leonardo Padura realizó un magnífico relato recogido en su libro El viaje más largo, que avivó la historia y durante muchos años se pensó que el castillo San José de Bellavista había sido escenario de un delito perpetrado por el tercer Barón de Kessel, Carlos José Kessel Espinosa, alrededor del año 1940.

Cuenta Padura en su novela, basada en la historia del antiguo propietario, que el noble asesinó a su esposa y a un esclavo después de encontrarlos en un acto de infidelidad, igual suerte corrieron sus hijos, terminando así con la línea sanguínea de los Kessel. El Conde, destrozado por la culpa, dejó su fortuna a merced de la suerte y se suicidó.

Segundo Arias, en su trabajo investigativo San José de Bellavista, descubre que nunca en la estancia residió un Conde de Kessel. Declara que entre los Kessel establecidos en Cuba no había condes, solo barones, argumento que niega la anterior teoría.

La línea de descendencia de los Kessel no termina en el tercer Barón, pues en Cuba vivió un cuarto, José María Kessel y Herrera, quien no dejó descendencia y fue el último de esta línea sucesoria, manifiesta el historiador.

Según Dulce María Suárez Sotomayor, directora de la Asociación de Historiadores de Arroyo Naranjo, la construcción data de la primera mitad del siglo XVIII y por ser una de los primeros inmuebles del municipio destinados a vivienda posee un acervo histórico importante. Expone, que por su valor patrimonial debería ser tomado en consideración como un baluarte de nuestra historia arquitectónica nacional.

Hoy, después de muchas reconstrucciones y modificaciones en su estructura, El Castillo del Conde de Kessel, aún se encuentra en pie y puede apreciarse su regio pasado de castillo.

Pie de foto: Castillo San José de Bellavista en la barriada de Víbora Park.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Quién.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Datos adicionales.
Tipo de fuentes: Documentales, no documentales.
Primer valor-noticia: Curiosidad.
Otros dos valores-noticia: Proximidad. Interés humano.

MECÁNICA SIN PORTAZO

MECÁNICA SIN PORTAZO

La obra teatral, dirigida por Carlos Celdrán, aborda un fenómeno que cada vez toma más fuerza en nuestro país: la presencia de un sector social seudo-burgués que incide directamente en las relaciones entre los hombres.

SERGIO FÉLIX GONZÁLEZ MURGUÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: JESÚS DARÍO ACOSTA.

Para nadie es un secreto que el noruego Henrick Ibsen marcó un hito en la historia del teatro con su obra Casa de muñecas, pero a más de un siglo de su estreno en 1879, la historia mutó y salió nuevamente del papel para transformarse, esta vez, en Mecánica, una creación del escritor Abel González Melo, quien repite el dulce sabor del éxito con el director teatral Carlos Celdrán y los actores de Argos Teatro.

Por lo visto, Melo ha querido apartarse de la rutina marginal en que lo sumergían otras conquistas de las tablas cubanas como Chamaco y Talco, también con Argos, para mostrar otro rostro de la sociedad de la Isla, con nuevas circunstancias y condicionantes que caracterizan a un grupo que surge con una interesante “mecánica”, al cual el escritor no ha pretendido estigmatizar, sino mostrar tal como es: con sus conflictos, miedos, e incluso dificultades.

El matrimonio clásico ibseniano experimenta un cambio de roles. En Mecánica, la mujer lleva las riendas, tiene el poder de decisión y representa un modo de vida matriarcal en el que el hombre, “hijo de papá”, se limita a someterse, vivir bien y derrochar el dinero que con “tanto trabajo” la gerente de los hoteles Gran Cuba, su esposa, consigue cada día.

No han sido pocos los espectadores impactados con semejante cambio de papeles, que responde a un flirteo entre el autor y su público, pues de lo contrario la historia sería obvia y carente de atractivo.

Además, para hacer aún más interesante la trama, los principios de inercia, fuerza y acción-reacción, según Melo, “son la esencia de la interrelación de los personajes, los cuales responden a las leyes de Newton, donde existen efectos muy similares a los postulados del físico inglés”, aunque esta vez se aplican a los modos de actuar de cada personaje.

Constantemente, Mecánica somete a la audiencia a un juego del pensamiento que comienza cuando el espectador entra en la sala, toma asiento y lo único que observa es una plataforma superpuesta al escenario original, con un diseño moderno, blanco e impoluto que da la impresión de lujo y confort, para reflejar el estatus social de sus protagonistas; así como la altura correspondiente a la suite de un hotel donde se desarrollan los hechos.

Esta “jaula lujosa” constituye el primer narrador de la historia, pues contextualiza la obra con una mirada inicial del público asistente, quien además observa un set con muebles que pueden ser movidos con facilidad por los actores, lo que aporta dinamismo y sencillez para transformar el espacio en dependencia del momento.

Es una historia donde los intereses valen más que los sentimientos. El amor pasa a un segundo plano y sale del cliché de Romeo y Julieta, porque la esencia radica en el conflicto psicosocial de los personajes, como lo plantea Ibsen en su afán de mostrar cómo actúan estos grupos sociales y por qué se comportan de forma tan arrogante.

Cada personaje es esencial en el desarrollo de la historia, desde la frescura aportada por la actitud de la actriz Yailín Coppola (Linda Kristin), hasta la tensión generada por el villano Carlos Rogbar, quien resulta no ser tan malévolo, pues vemos en él un subalterno que solo pretende mantener su trabajo para dar una vida digna a su familia, aunque con métodos para nada ortodoxos.

Las actuaciones de Yuliet Cruz (Nara Telmer) y Carlos Luis González (Osvaldo Telmer), como de costumbre, transmiten toda la fuerza del momento en el que el hombre sumiso enfrenta a la esposa dominadora, como sucede en la obra del dramaturgo noruego a la inversa.

Sin embargo, existe un segmento de la trama que tal vez debió tratarse diferente. El personaje que encarna la actriz Rachel Pastor, la doctora Katia, quien mantiene una relación amorosa con la protagonista, es una mujer que presenta una participación sin sentido lógico en la trama. Más allá de justificar la dureza del carácter de su amante, Katia desarrolla una actividad desconcertante en la obra, lo que hace un poco difusa la historia en algunas ocasiones.

Está claro que la perfección es inalcanzable, entonces semejante detalle no empaña la “mecánica” de Celdrán y Melo, pues su función de captar el comportamiento a aquellos nuevos ricos y analizarlos a cabalidad, sigue ganando adeptos desde el estreno de esta probada joya del teatro cubano en mayo de 2015.  

Cada aspecto técnico es fundamental para apoyar la forma de narrar la trama. Las luces, a cargo de Manolo Garriga, aportan un lirismo sublime y con un toque burlesco en la primera parte de la obra, pues pretenden dar la imagen relajada y despreocupada de la vida del burgués en su encierro dorado; sin embargo, en el segundo fragmento, vemos como la iluminación se torna más oscura y dramática para dar,  tal vez, una impresión de vacío y amargura.

Mecánica, aunque reproduce una historia del siglo XIX europeo, demuestra actualidad y compromiso con la realidad del pueblo cubano, quien tal vez espere un portazo que, para sorpresa de algunos como Ibsen, Osvaldo Telmer no dará.

Pie de foto: Mecánica fue elegida para representar a la compañía Argos Teatro en el Mayo Teatral de 2016.

LAS PARADOJAS DE LA RACIALIDAD

LAS PARADOJAS DE LA RACIALIDAD

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
Comunicador Social,
Cortesía para Isla al Sur.

¿Qué es ser negro en Cuba? ¿Es el color de la piel un problema en esta Isla del Caribe, luego de 57 años de Revolución profunda y radical? ¿Existen las razas? Son estas interrogantes que se nos presentan como meros pretextos para acercarnos a un texto colosal, demoledor, único por su carácter de diario de la cotidianidad.

Con Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad, su autora Zuleica Romay logra acercarse y penetrar en un complejo problema que se ha mantenido bajo la alfombra del debate público durante años y que siempre se nos devuelve como tema espinoso, complejo.

Hablar de las razas, del negro, o simplemente de racismo, puede tornarse altamente dificultoso. Quienes intenten poner el tema sobre la mesa pueden encontrarse con todo tipo de resistencias o aparente falta de interés, disimuladas evasiones para no abordar un área bastante sensible de nuestro día a día.

Ganador del Premio extraordinario de estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe Contemporáneos, convocado por la Casa de las Américas en el año 2012, Elogio… no es simplemente una diatriba de la autora contra los remilgos de un racismo entronizado durante generaciones, sino una profunda reflexión desde su experiencia de vida, avalada por una intensa investigación de campo.

Zuleica, por demás, no se limita a acercarse al tema de lo negro en la cotidianidad sino que, para bien del ensayo, muestra otras aristas de la discriminación que van más allá del color de la piel y se centran en la procedencia o en el nivel socioeconómico.

Imposible resulta mantenerse al margen del cúmulo de verdades que encierran poco menos de trescientas páginas. No se vuelve a ser la misma persona luego de Elogio…, sino que se convierte uno en permanente escrutador de la realidad circundante, en la búsqueda de esos elementos que respaldan muchas de las tesis presentadas en el texto.

Frases como «esto es cosa de negros» y «pensemos como los blancos», a las que quizás en no pocas ocasiones hemos respondido con un asentimiento o con la risa cómplice de quien coincide en esencias, se convierten luego de la lectura de esta obra extraordinaria, en verdaderos latigazos a nuestra conciencia.

No pierde tiempo la autora en afirmaciones banales ni absolutistas; tampoco convierte el texto en una defensa personal de su color de piel y su herencia cultural. No es, a fin de cuentas, un alegato de autodefensa. Elogio… se convierte en un canto a lo posible, a la verdadera equidad, al reconocimiento del otro en su diversidad.

Afirma Romay en un pasaje: «Lo que demanda este momento de nuestra historia es multiplicar los espacios y lenguajes del debate, encaminar propuestas hacia los órganos decisorios de la sociedad, visibilizar intercambios, utilizando los medios de difusión para interconectar y retroalimentar a todos los que en ellos participan. No se precisa una catarsis nacional ni debemos aspirar a que un debate organizado desde alguna instancia de poder funcione como exorcismo colectivo. El análisis abierto y masificado sobre nuestra problemática racial será solo el inicio de la postrera y difícil batalla que aún hemos de librar por la más completa emancipación humana.»

En esa batalla, Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad se ha convertido en merecida vanguardia.

TOMEGRITO, NUEVA ESPECIE DE LA ORNITOLOGÍA CUBANA

TOMEGRITO, NUEVA ESPECIE DE LA ORNITOLOGÍA CUBANA

Más de cinco ejemplares de un ave diferente son el resultado del cruzamiento realizado por William Gómez Rodríguez, habitante del municipio matancero de Jagüey Grande.

Texto y foto:
LAURA FARIÑAS NARANJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Tomegrito. Bajo este nombre, William Gómez Rodríguez bautizó al ave resultante del cruzamiento que realizó entre el tomeguín de la tierra y el negrito, considerada por la Organización Ornitológica de Cuba como la única existente en el país.

“Soy Máster en Química y me he interesado siempre por el tema de la conservación de la fauna endémica. En ese sentido, realicé una maestría que discutí en la Universidad de Matanzas con el título Estudio de la conducta cuando se reproduce en cautiverio del Melopyrrha nigra nigra, nombre científico del negrito, un ave que muchos cubanos la tienen como mascota por su canto melodioso”, comenta Gómez Rodríguez.

El creador de la especie añade que la investigación surge con la idea de obtener un híbrido hijo del negrito y el tomeguín. “La pareja que utilicé para el cruzamiento se basa en el uso de la negrita y el tomeguín como hembra y macho, respectivamente”, destaca.

Los caracteres morfológicos de ambas aves determinan la elección de la pareja, es decir, el tomeguín es más pequeño que la negrita, lo cual implica mayores posibilidades al realizar la cópula, según la  investigación Estudio de la conducta cuando se reproduce en cautiverio del Melopyrrha nigra nigra.

“Se obtiene un ave igual al negrito en longitud y volumen, con pico intermedio. Conserva las cejas y la corbata naranja del tomeguín en cuerpo negro. Canta como sus progenitores, no de forma separada, sino en una sola pieza. Resulta muy difícil conseguir el híbrido, pues estadísticamente cada 14 huevos que pone la hembra solamente nace un pichón”, comenta María del Pilar Almeida  Gallan, tutora de la maestría y licenciada en Biología.

Por otra parte, agrega que para lograr estos nuevos pajaritos primero es necesario obtener a sus padres en cautiverio. Ellos se crían juntos, pero separados de la influencia de tomeguines y negritos para tratar de que la hembra reconozca en el macho de otra especie su pareja y viceversa.

Hacía tres años que William no lograba ningún ave, pese a los enormes esfuerzos. El pasado año nació una pareja, la segunda de hembra y varón que conseguía, la cual aún conserva, comenta Lizett Álvarez Vidal, esposa de Gómez Rodríguez, a quien llaman “el biólogo por cuenta propia”.

La pareja de tomegritos obtuvo la condición de Gran campeón en el evento nacional de ornitología que se desarrolló en el municipio matancero de Cárdenas. Merecieron el premio mayor ante la imposibilidad de competir con el resto de las aves por su condición de ser únicos y endémicos.

Pie de foto: La obtención de especies como el Tomegrito tributa a la conservación de las aves endémicas.

Ficha técnica:

Tipo de título: Informativo.
Tipo de lead: Sumario de Cómo.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional.
Tipo de fuentes: Documental y Directas.
Primer valor-noticia: Novedad.
Otros dos valores-noticia: Proximidad o cercanía. Repercusión o consecuencia.

HISTORIAS DE UN ESCRITOR DECEPCIONADO

HISTORIAS DE UN ESCRITOR DECEPCIONADO

El libro la Soledad del tiempo, de Alberto Guerra Naranjo, es un reflejo de la difícil situación de los escritores noveles en Cuba.

YANDRY FERNÁNDEZ PERDOMO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando la dura realidad se impone ante los ojos de una persona ilusionada y cargada de sueños, las pasiones y las fantasías se marchitan. Este puede ser el hilo conductor de la novela La soledad del tiempo, de Alberto Guerra Naranjo. Su calidad narrativa la convierte en una obra excepcional, sobre todo, porque aborda temáticas conmovedoras de la Cuba en el oscuro Periodo Especial.

Los hechos históricos y la ficción convergen en este trabajo, publicado por Ediciones Unión, para reflexionar acerca de temas cotidianos en la Isla como las diferencias sociales, el racismo, la marginalidad u otros más complejos, como el triste “Quinquenio gris”, en la cultura cubana.

El personaje principal es Sergio Navarro, custodio de almacén, que en su tiempo libre escribe cuentos. Sus peripecias cotidianas van más allá de la simple vida de un cubano corriente, y reflejan una crítica social hacia las instituciones culturales del país, lo que hace diferente a esta obra de muchas otras que han escrito algunos autores sobre la temática del Periodo Especial.

La pasión cuentista de Guerra Naranjo lo lleva a iniciar la novela con el capítulo “Los Heraldos Negros”, donde desarrolla la trama del protagonista con un cuento que escribió para presentarlo en un certamen literario. A partir de ahí, una cadena de infortunios se despliega consecutivamente para este hombre, lo que provoca que se cuestione el funcionamiento de todo un país.

En uno de los apartados finales titulado “Hospital”, se evoca un análisis histórico sobre la controversial temática del suicidio de grandes personalidades, donde comenta acerca de la misteriosa muerte de Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Miakovski, Emilio Salgari, y los cubanos Miguel Collazo, Guillermo Rosales, entre otros.

Un aspecto sobresaliente de la obra, y a la vez en ciertos momentos criticable, es el lenguaje coloquial con que está escrita la novela, donde se utilizan expresiones sencillas para reflejar la vida de las personas comunes en nuestro país; sin embargo, en ciertos momentos, en los cuales se tocan aspectos críticos de la sociedad, el empleo de expresiones vulgares a veces no resulta el más adecuado.

El libro está estructurado por capítulos de similar extensión unos de otros. El empleo del narratario marcado, que adopta, en muchos casos, la voz del personaje principal, es otra característica del texto. También los acontecimientos se presentan como previos al momento en que son descritos.

La novela representa el primer escrito de grandes proporciones de su autor, pues antes, lo único que había publicado, en el año 2000, fue un libro de cuentos llamado Blasfemia del escriba, donde se adentraba en el universo cultural de la Isla como un promisorio escritor. Con su pluma ha logrado premios como el Luis Rogelio Nogueras, en 1992, y el Ernest Hemingway, en 1998.

Como es habitual en muchas ediciones cubanas, la portada de la obra, diseñada en esta ocasión por Elisa Vera Grillo, difiere un poco del contenido del escrito con su idea original, lo que le resta atractivo para la venta.

Esta primera gran obra de Alberto Guerra Naranjo muestra su calidad narrativa y vale por sí sola, sin necesidad de grandes argumentos críticos que permitan comprenderla, pues La soledad del tiempo adentra en las problemáticas de los escritores noveles en el Periodo Especial.

Pie de foto: Sergio Navarro, un custodio de almacén, es el eje central de esta novela (Foto tomada de lajiribilla.cu).