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Isla al Sur

Teoría-Trabajos docentes

MÁS QUE INFORMACIÓN: EXPLICACIÓN

MÁS QUE INFORMACIÓN: EXPLICACIÓN

Tema: Juan José Hoyos Naranjo define que “el reportaje busca captar una historia con todos sus detalles, retratando de paso sus personajes, sus ambientes, recreando el drama que hay detrás de los hechos que se narran”.

YESIKA QUESADA PANTOJA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al tratar de definir al reportaje, el investigador Gonzalo Martín Vivaldi dice: “El reportaje es un relato periodístico; esencialmente informativo, libre en cuanto a tema, objetivo en cuanto a modo y redactado preferentemente en estilo directo en el que se da cuenta de un hecho o suceso de interés actual y humano”.

La periodista de Radio Jaruco, María Amalia Pérez Suárez, argumenta: “Partiendo de que el reportaje es el género de los géneros pues incluye investigación, opinión del periodista, entrevista y elementos de la crónica, permite al reportero proponer soluciones a los problemas de la sociedad. En un reportaje crítico el periodista es como el fiscal y pone el dedo en la llaga, los de este tipo pueden ayudar a educar a la población”. 

Rodolfo Muñoz Zapata, en el libro De la noticia al reportaje humano, asegura: “El reportaje es la forma más exigente de la expedita utilización de los recursos de la noticia de rutina, pero sumado a ello la investigación, la interpretación, y sobre todo la definición noticiosa de los conflictos y alegrías de los seres humanos que componemos la civilización actual”

En “El reportaje escrito: reflexiones sobre el modelo documental”, de Luis Machado Ordetx, publicado en el periódico Vanguardia de Villa Clara, el autor expresa: “El punto de partida está en la toma de decisiones del proceso: la selección del tema, la fundamentación investigativa, la explotación eficiente de los instrumentales teóricos que aportan las Ciencias Sociales en la interpretación de los acontecimientos, la recopilación de testimonios y datos cotejados y comprobados, y la originalidad que ostente el discurso”.

Los especialistas opinan que a veces determinadas rutinas productivas conspiran de manera desfavorable, más cuando el reportaje constituye un género que requiere tiempo para cimentarse,  la investigación para el periodista representa una práctica consciente, estable y orgánica.

Rafael Arzuaga, periodista del semanario El Habanero, afirma que para él lo más importante de un reportaje es la investigación: ”La investigación da la profundidad del tema que se trata, pues con esta se descubren las causas y consecuencias del suceso. En dependencia del tema, el reportaje trata de polemizar, contrastar opiniones y llegar a conclusiones. En el cierre, el periodista toma partido y da su opinión”.

Rolf Schulze, en el Reportaje en la prensa socialista, precisa que: “La selección del objeto es decisiva para sumir el reportaje dentro de un especial proceso de creación, donde se combinan métodos científicos y artísticos, para tocar las puertas de una correcta y justa argumentación de situaciones, hechos y héroes de actualidad en cualquier tiempo”.

Las características destacadas de este género son: investigación participante del autor que selecciona temas, testigos, recopila informaciones en fuentes orales y documentales.

Muchos profesores de Periodismo, periodistas, filósofos, han abordado el tema del reportaje como género periodístico y definido cuántos tipos de reportajes existen. Martínez Albertos opina al respecto: “Desde el punto de vista de la creación literaria, el reportaje suele ofrecer al periodista un margen de oportunidades casi comparable al que brindan los géneros literarios de ficción, como los cuentos o los relatos breves”

Jorge Luis Rodríguez González, periodista del diario Juventud Rebelde, comenta que no existe una receta para escribir un reportaje: ”Aunque los manuales nos indiquen ciertas estructuras, la anatomía del reportaje es libre, flexible, y así mismo debemos sentirnos los reporteros cuando asumimos recrear un acontecimiento en su mayor complejidad.

“En el reportaje podemos encontrar características de otros géneros como la indagación de una entrevista, la revelación de un testimonio, la belleza estilística de la crónica, o la valoración de cualquier comentario. Esa es la hibridez que tanto está de moda hoy, aunque muchas veces tiende a ser un arma de doble filo, pues es el argumento de quienes, desconociendo las matrices de los géneros o irrespetándolas, dicen hacer un «nuevo periodismo», o un periodismo mucho más personalizado.

“Debemos ver al reportaje como una historia con argumento, personajes, puntos de clímax y de tensión como cualquier estructura dramática, con una fuerte columna informativa, nacida de ese tema que estamos tratando”, precisa Rodríguez González.

Los especialistas en el tema argumentan que el reportaje es la salvación del periodismo escrito. El profesor venezolano Humberto Cuenca, expresa: “El reportaje será más o menos grande, según quien lo escriba, será más o menos profundo según la capacidad del reportero para profundizar en los hechos... será más o menos interpretativo según la sensibilidad, la cultura o la capacidad estimativa de quien narre un hecho”.

El teórico Eduardo Ulibarri asegura que más allá de significar un esfuerzo de escritura y organización, el reportaje es, ante todo, indagación y razonamiento, además constituye el género más apropiado para conciliar realidad y creatividad.

“El reportaje no solo tiene que ser capaz de contar una noticia, sino que tiene que mostrar en toda su magnitud a los personajes o actores implicados en la misma, reflejar varios puntos de vista, complejizar y polemizar la realidad. Y aquí vale otra alarma: el hecho de que el periodista ofrezca varias declaraciones y opiniones no quiere decir que esté presentando un reportaje, porque todas esas opiniones pueden ser similares; y el reportaje requiere un profundo trabajo con la fuente que se manifieste también en la riqueza y la diversidad de enfoques de los actores de un hecho, lo cual finalmente dará el arco iris que es la realidad”, comenta Jorge Luis Rodríguez González.
   
Para Roger Ricardo Luis, periodista, profesor y director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, lo principal a la hora de escribir un reportaje es tener claro el objetivo que perseguimos con éste y luego seleccionar las fuentes que nos brindarán la información. Y otro factor imprescindible es el cómo se presente al lector el producto comunicativo final, de manera que no solo informe, instruya, comunique, sino que lo haga de manera atrayente en una lectura que se agradezca.
    
“La investigación periodística, por su parte, requiere de un proceso de planeación. Para introducirse en algún tema, se recomienda acudir primero a la biblioteca o a bancos de datos o navegar en Internet, con el propósito de hallar y extraer información de apoyo sobre los antecedentes del asunto”, cometa Susana Testé Rodríguez, estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, quien recientemente acaba de entregar su examen de curso en la materia.

Según varios teóricos, vale la pena rastrear, revisar, leer y marcar libros, revistas y toda clase de documentos referentes al tema. Y para concluir el trabajo investigativo, resulta imprescindible entablar contacto directo con protagonistas de la información y concertar entrevistas, sondeos, indagaciones, y rescatar puntos de vista e interpretaciones tanto de ellos como de testigos, contrapartes, expertos, representantes, y con toda persona que pueda facilitar más informes, opiniones y testimonios de interés . 
   
El siguiente paso es la estructuración y hechura del trabajo periodístico. Al respecto, Gabriel García Márquez resalta: “El reportaje es como una salchicha: debes saber dónde empieza y dónde acaba. Porque si no, lo vas llenando de datos y nunca terminas”.
    
Raymundo Riva Palacio, asegura: “El reportaje constituye el género periodístico con mayor exigencia investigativa; que ofrece total libertad para desarrollar un estilo literario; y gracias al cual se conocen a los verdaderos reportes escritores del periodismo. 
 
“El tema de un reportaje nace de dos maneras: de la observación personal del periodista o de los indicios acusatorios de la gente. De ahí que caminar por las calles, conversar en las paradas, escuchar las quejas y hablar con los amigos sean un buen ejercicio para el reportero. Hay que verificar toda la información obtenida todas las veces posibles. De no hacerlo así, el papel del periodista se reduciría al de traductor de datos sobre los cuales no tiene toda la certeza necesaria a la hora de llevarlos al papel”, afirma Riva Palacio

Bibliografía:

Documentales:

Machado Ordetx, Luis. El reportaje escrito: reflexiones sobre el modelo documental En: http://www.vanguardia.co.cu, Consultado el martes 11 de agosto de 2009.

Martínez Albertos José Luis. Curso general de redacción periodística. MES, La Habana. 1991. p. 273

Muñoz Zapata, Rodolfo. De la noticia al reportaje humano. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana. 1990. p. 62

Schulze, Rolf. Reportaje en la prensa Socialista. Editorial Tiempos Nuevos. 1983

Ulibarri Bilbao, Eduardo. Idea y vida del reportaje. Editorial Trillas, México, 1994. p. 38

Directas:

Arzuaga, Rafael, periodista de El Habanero.

Pérez Suárez, María Amalia, periodista de Radio Jaruco.

Ricardo Luis, Roger, periodista, profesor y director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Rodríguez González, Jorge Luis, periodista de Juventud Rebelde.

UNA HISTORIA EN SEIS PUNTOS

UNA HISTORIA EN SEIS PUNTOS

Tema: Daniel Saavedra argumenta que es pertinente planear el reportaje en función de seis puntos: “1-Historia: cómo se relaciona el pasado con  lo que sucede hoy; 2-Alcance: qué tan generalizado y variado es el fenómeno, a quien afecta y de qué manera; 3-Causas: por qué motivo ocurre hoy ese hecho; 4-Impacto: cuáles son las consecuencias; 5-Contracomentario: qué dicen y hacen fuerzas contrarias; 6-Futuro: qué podría suceder en ciertos casos y si no se resuelve el problema en cuestión”.

SUSANA TESTÉ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El periodismo interpretativo es el último estilo periodístico que se conoce. Es la búsqueda de un equilibrio entre la opinión pura y la información tradicionalmente llamada objetiva, aunque sabemos que no es tal. Esta manera de hacer periodismo satisface la necesidad de informar al lector mientras abre el espacio para la reflexión.

Acerca de los orígenes del periodismo interpretativo, el profesor José Luis Martínez Albertos, catedrático Emérito de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), asegura: “El periodismo de explicación, o también periodismo interpretativo o periodismo en profundidad, surge a escala mundial en los años posteriores a la II Guerra Mundial y se mantiene vigente en la actualidad, en sus líneas generales. Surge como consecuencia de la evolución interna del periodismo informativo, que tiene su gran momento en el período comprendido entre ambas guerras mundiales, y como una necesidad competitiva de la prensa escrita frente al periodismo radiofónico y televisivo”. (1)

El periodismo interpretativo nace como un puente entre el estilo informativo y el opinático. El propósito del periodismo de investigación, como algunos autores le llaman, es analizar, explicar y profundizar en el hecho, además de provocar un criterio individual en los lectores.

Abraham Santibáñez, periodista titulado de la Universidad de Chile y colaborador en diversos medios sobre temas periodísticos, ha dedicado, junto a la práctica del periodismo, una parte importante de su vida al análisis del periodismo interpretativo.

Este autor plantea como función básica de dicho periodismo, la necesidad de brindar un servicio al hombre atareado, urgido de un estudio oportuno de los hechos: “La complejidad del lenguaje especializado hace todavía más importante esta función de traductor de los informes que surgen de todos los ámbitos de la noticia”. (2)

Añade que el hombre moderno quiere saber si sube o baja el precio del maíz o del petróleo, pero más le interesa estar al corriente de  cómo repercutirá en su vida. El individuo actual desea conocer qué representa  para su vida y para su sustento los altos y bajos de la economía.

La solución a las necesidades de la realidad actual es brindar un servicio completo a los lectores saturados por las responsabilidades de la vida moderna, quienes disponen de poco tiempo para informarse y muchas veces lo hacen en condiciones no ideales, como en autobuses o  paradas de estos. Por esto,  los teóricos plantean que la publicación de noticias no solo debe informar el hecho, sino estudiar todas las aristas del tema, buscar los orígenes, explicar mediante las diversas opiniones y puntos de vista el acontecimiento, para así entregar un producto final de más alto nivel conceptual.

El periodismo de profundidad “no es información en el sentido tradicional más estrecho porque no se limita a dar cuenta de un hecho o acontecimiento, sino que trata de profundizar y explicárselo al lector, incluyéndolo dentro del marco de referencia más amplio (contexto) y señalando sus raíces y eventuales proyecciones. Tampoco es opinión, porque en esencia trata de que las afirmaciones que se incluyan,  tengan respaldo, sean atribuidas a personas con autoridad para emitirlas, y no sean simples comentarios desde el punto de vista personal o ideológico del autor”, afirma Santibáñez.

Iraida Calzadilla, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, asegura que los medios de prensa debían detenerse en este análisis: “Va resultando cada vez más agotador ser “bombardeados” por noticieros en los que prevalece o bien la nota escueta, desprovista de contexto, notas que parecen salir de la nada y nada decir, ni aportar, ni informar ni orientar; o la opinión que más que persuasiva es impositiva, y con ello se convierte en puente roto en el camino hacia el entendimiento. Opinión que más de las veces se rechaza por su verborrea expositiva y apocalíptica, sin que medie balanza alguna ni ofrezca oportunidad al público para disentir. En ambos casos, cuando desvestimos las circunstancias de explicación y equilibrio, estamos construyendo mensajes incompletos”. (3)

La forma de vida de nuestros días se ve necesitada de situar los acontecimientos en un contexto determinado, darle sentido mediante distintas voces y, por último, entregárselo al lector no especializado, que llegará a sus conclusiones a través de los juicios expresados en el trabajo leído. En el periodismo interpretativo el periodista debe ser muy cauto, muy mesurado en sus opiniones personales, más gana el autor cuando éstas quedan implícitas en las diferentes perspectivas de los entrevistados.

En el periodismo de interpretación, el reportaje juega un papel protagonista. Este responde a todas las preguntas de la interpretación, va desde el qué, hasta el cómo y por qué y para qué del asunto.

Martín Vivaldi dice: "El término reportaje es una voz francesa con raíces inglesas, que realmente proviene del latín y que llevado al español es "Reportare": que significa traer o llevar una noticia. Y según la voz francesa Compte réude, se describe como la información recabada de algún hecho, situación o viaje escrito por un reportero. (4)

El buen reportaje analiza el hecho en todas sus dimensiones, va al pasado en busca de los orígenes y las causas, estudia el presente desde las perspectivas de los protagonistas del hecho, quiénes están a favor y en contra y, además, propone soluciones a los problemas.

“El reportaje es una información con carácter profundo; divulga un acontecimiento de actualidad pero amplia e investiga mucho más que la noticia. El reportaje narra lo que sucede”, así lo señala Eduardo Ulibarri, en su libro Idea y vida del reportaje. (5)

El estudioso del tema, Daniel Saavedra (6), explica que el reportaje se planea en seis puntos fundamentales, el primero de ellos es la historia, es decir, cómo se relaciona el pasado con la actualidad.

Es necesario buscar los antecedentes del  problema abordado. ¿Qué generó  lo que sucede hoy? La historia, según la analiza Saavedra, es el puente entre lo que genera los hechos y el hecho mismo.

Por ejemplo, en el reportaje Soy Pinareño ¿Y Qué?, de la estudiante cubana de Periodismo, Karlienys Calzadilla Padilla (7), la autora analiza como antecedente que los pinareños son utilizados como referentes en el humor, y esto ha dado lugar a que los tilden de tontos  y despistados.

El reportaje es una historia narrada desde todos sus ángulos. Se plantea un tema actual, o vinculado a la actualidad, después: la búsqueda de  los antecedentes y, además, se aventuran proyecciones. “El reportaje es la forma periodística que comunica, explica, analiza y examina los hechos y profundiza en todos los sucesos que narra”, asegura Jose Antonio Benítez, periodista cubano, autor del libro Técnica periodística, (8)

El segundo punto analizado por Saavedra es el Alcance, o sea, qué tan generalizado y variado es fenómeno, a quién afecta y de qué manera. Analizando estas  interrogantes, el suceso no se percibirá   como un hecho aislado, por el contrario, formará parte de una realidad general, la cual concierne a la sociedad.

“El reportaje es necesario contextualizarlo. Situarlo en tiempo y espacio y, sobre todo, destacar el factor humano, mediante testimonios y opiniones de personas vinculadas al tema en cuestión”, explica Rafael Arzuaga, periodista del semanario El Habanero.

En el reportaje Memorias de un sobreviviente, de Eduardo González Martínez (9), estudiante cubano  de Periodismo,  para contextualizar el hecho: Deterioro de las instalaciones y terrenos de la Escuela Comunitaria Deportiva “El Pontón” de Centro Habana. Él  analiza   el avance del movimiento deportivo a pesar de las dificultades y  aporte creciente de la instalación a la comunidad para su bienestar físico y la recreación.

La causa  es el tercer filtro por el que debe pasar un reportaje para cumplir su función de informar e interpretar, indica Saavedra, y “para conocer las causas de cualquier fenómeno, es obligatorio remontarse al pasado, indagar e investigar es menester a la hora de analizar las causas de un suceso”, asegura Roberto Castellano, periodista cubano de la agencia de noticias Prensa Latina.

El cuarto punto en la planificación del reportaje es el impacto: consecuencias del hecho en el presente. En el reportaje A la caza de emociones, de Susana Testé (10), estudiante cubana de Periodismo, se demuestra que los emos, nueva moda en la juventud mundial, quienes llevan como máxima la autoflagelación y  el suicidio, son la respuesta a la violencia característica de la sociedad moderna y la tendencia de esta a agruparse y catalogarse a través de los grupos sociales.

Contracomentarios es el quinto punto analizado por Daniel Saavedra en la arquitectura del reportaje. En este género, la voz del periodista se vislumbra mediante las opiniones de los entrevistados, muchas veces los juicios de estos apuntan en direcciones opuestas. El redactor ofrece un amplio abanico de miradas para que el lector arribe a sus conclusiones después de conocer un tema íntegramente.

José Antonio Benítez en el análisis del reportaje se refiere al contrapunto y asevera que para interpretar, analizar y explicar, es imprescindible la indagación, la pesquisa y, además, tener en cuenta  los  disímiles  actores inmersos en un escenario.

Saavedra analiza el futuro como el sexto y último punto de la planificación del reportaje, entiéndase este  como las proyecciones. “En estas, generalmente, se proponen soluciones a la problemática del reportaje”, sostiene Michel Contreras, periodista del semanario El Habanero.

Elsa Pelegrín, directora del Canal de Televisión de la Agencia de Información Nacional (AIN), expresa: “En algunos casos resulta imposible ofrecer vías de solución, especialmente cuando se trata de  un tema muy polémico y de gran peso social. Cuando esto sucede, se puede  dejar abierta una ventana al futuro, es decir, dar un final de suspenso al reportaje y retomar el tema en otro momento”

El reportaje es una respuesta completa a la demanda de información  y orientación de la sociedad moderna, sobre esto explica Iraida Calzadilla: “Debemos aceptar que recibir información no es equivalente en todos los casos a poseer conocimientos (…) en no pocas ocasiones esa sobreabundante y masiva información de que se dispone se vuelve anodina al no saber cómo interpretarla.

Mediante el análisis  de estos seis puntos se logrará un reportaje completo y ameno, que cumpla con la función principal del periodismo interpretativo: informar, y provocar  al  lector para que se forme un juicio o valoración sobre el tema en cuestión.

Bibliografía:

(1) Martínez Albertos, José Luis: Artículo sobre periodismo interpretativo. En:http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=9950&cat=medioinfomacion. Consultado: 6/6/2009.

(2) Santibáñez, Abraham: Periodismo interpretativo y nuevo periodismo. ¿Una cuestión de estilo? [documento digital].

(3) Calzadilla Rodríguez, Iraida: Interpretar los sabores y olores de la vida misma. En: http://islalsur.blogia.com/2007/092504-interpretar-los-sabores-y-olores-de-la-vida-misma.php. Consultado: 14/7/2009.

(4) Vivaldi, Martín Gonzalo. Géneros periodísticos, Prisma, Primera edición mexicana, pp. 394.

(5) Ulibarri, Eduardo, Idea y vida del reportaje, Editorial Trillas, Primera edición, enero 1994.

(6) Saavedra, Daniel: En :http//Esquina al Sur.com Consultado: 3/4/2009.

(7) Calzadilla, Karlyenis. Soy pinareño, ¿y qué? En: http://islalsur.blogia.com/ -Soy-pinareño-y-qué.php Consultado: 3/8/2009.

(8) Benítez, José Antonio. Técnica periodística, p.162, Editorial Pueblo y Educación. 1983.

(9)González, Eduardo.  Memorias de un sobreviviente. En: http://islalsur.blogia.com/ Consultado: 3/8/2009.

(10) Testé, Susana. A la caza de emociones. En: http://islalsur.blogia.com/-A-la-caza-de-emociones.php Consultado: 6/8/2009.

Fuentes directas:

Michel Contreras, periodista de El Habanero

Rafael Arzuaga, periodista de El Habanero.

Roberto Castellano, periodista de  Prensa Latina.

Elsa Pelegrín, directora del Canal de Televisión de la Agencia de Información  Nacional.

 

REPORTAJE: UN ACTO DE CREACIÓN PERSONAL

REPORTAJE: UN ACTO DE CREACIÓN PERSONAL

Tema: Citlali Muñoz Villagómez apunta sobre el reportaje: “Es una creación personal, una forma de expresión periodística que además de los hechos, recoge la experiencia, sin embargo impide al periodista la más pequeña distorsión de los hechos. Aunque está permitido hacer literatura un reportaje no es, en sentido estricto, una novela ni algún otro género de ficción.”

LIDIA HERNÁNDEZ TAPIA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“El periodismo se ejerce a través de formas variadas de narración, denominadas géneros. Los géneros periodísticos son literatura: buena, mala, deleznable o meritoria”, señala Carlos Marín, en su Manual de Periodismo. 

Fogonazo de imaginación anclado en la realidad, “el lenguaje periodístico debe ser caracterizado como un hecho lingüístico sui generis, que busca un grado de comunicación muy peculiar: una comunicación distinta, de una parte, de la conseguida por el lenguaje ordinario (…), pero una comunicación también diferente de la establecida por el lenguaje estrictamente literario o poético, aquel que busca deliberadamente, el regusto de la palabra por la palabra misma”, argumenta José Luis Martínez Albertos.

Este es “un lenguaje mixto, representado y colectivo. No se agota en las palabras, sino que abarca su escenario. Al lector no le ofrecemos una mera sucesión de frases escritas. El periódico, ser vivo, tiene también sus gestos, guiños, silencios”, es para Carlos Marín.

Para la profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla Rodríguez, la palabra en el periodismo, y en el reportaje en particular, ha de ser intencional, bella, pensada y, sobre todo, útil: “El sentido utilitario del periodismo no lo desnuda de creatividad; es más, la impone, de manera que los productos comunicativos que se entreguen tengan una factura de calidad no solo informativa, sino también estética”. 

El reportaje es el más vasto de los géneros periodísticos, pues en él tienen cabida todos los demás. Puede incluir entrevistas, crónicas e, incluso, recursos de otros géneros literarios, como el ensayo, la novela corta y el cuento.

“Los orígenes del reportaje parecen estar simplemente en las informaciones ampliadas sobre un suceso determinado. La palabra (que proviene del latín reportare, transmitir, descubrir) ha sido utilizada según los tiempos con acepciones diferentes. Probablemente en alguna época se envió a los periodistas a conseguir un buen reportaje, sin que esto significara acumular la información necesaria para confeccionar, lo que entendemos hoy por reportaje”, señala Juan Gargurevich.

“El periodista hace intervenir toda su sensibilidad literaria para dar vida a lo que cuenta. Con respeto por la realidad, se vuelca en el reportaje de la misma forma en que la de un escritor se inclina en la novela”, expresa Carlos Marín.

Al plantear Citloli Muñoz Villagómez que “además de los hechos recoge la experiencia” del periodista, se refiere a la razón de ser del reportaje: profundizar en la noticia, con el fin de explicar un problema, enunciar y argumentar una hipótesis, o contar un suceso.

Mientras en la nota informativa se da cuenta del hecho y nada más, el reportaje muestra la realidad para mover, sacudir, convencer al lector.

Esta licencia para la creatividad no debe confundirse con un permiso para enriquecer el contenido con informaciones o citas falsa, sino para utilizar la mayor cantidad de recursos posibles en la forma de decir las cosas.  En periodismo, un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los demás datos verídicos. Como dice Gabriel García Márquez, “hasta la última coma tiene que ser verdad”.

La significativa viveza del reportaje lo asemeja, en ocasiones, con la narrativa, pues trata de ser ameno, como el cuento o la novela corta. En los casos anteriores, se trata de mantener en ascenso el interés del lector, se describen personajes, lugares, se plantea y se sostiene una intriga. La diferencia estriba en que el reportaje no trabaja con situaciones imaginarias, ni con personajes de ficción, sino con protagonistas y hechos reales.

La ética profesional, el respeto a la veracidad en el momento de transmitirle a los demás el modo en que ocurren los hechos, es lo primero; sin embargo, no debe descuidarse el estilo. Respecto al tema, José Martí diría que “la verdad llega más pronto a donde va si se dice bellamente”. La imaginación literaria no se aplica en la invención de personajes o situaciones, sino para resolver la manera en que el periodista contará un suceso.

A modo de conclusión, sirvan estas palabras del periodista cubano Eduardo Varela Zequeira: “Los deberes profesionales han de considerarse tan solemnes como pueden ser para un militar pundonoroso los deberes de su carrera. El periodismo para el reportero es algo más preferente que la propia familia. Por una información no se vacila en correr los mayores peligros. Y cuando por vigorosa, infatigable se crea una persona capaz de ser reportero, todavía necesitará de algo que no es tan fácil adquirirlo, o sea, estilo y gusto literario, porque es un error creer que el reportero debe reducirse a copiar unos cuantos datos para ponerlos en mano de sus lectores (...)”

Bibliografía:

Calzadilla Rodríguez, Iraida: Notas de clases. Curso 2008-2009.

Gargurevich, Juan: Géneros periodísticos. Editorial Félix Varela, La Habana, 2006

Marín, Carlos: Manual de periodismo. Editorial Debolsillo, México, 2006

Martínez Albertos, José Luis: Curso General de Redacción Periodística. Cuarta Edición, Editorial Paraninfo, Madrid, 1998. p. 179

Valle, Amaury E. del y Lázaro Bacallao Pino: La palabra audaz. Editorial Pablo de la Torriente, 2006

 

UN POCO MÁS DEL REPORTAJE

UN POCO MÁS DEL REPORTAJE

Tema: Luis Velázquez apunta que  “el reportaje es un género  en el cual se profundiza en cada uno de los fenómenos descritos, investiga todos y cada uno de los vericuetos de la información, y los da a conocer al lector. Informa de datos que con frecuencia se dejan de conocer en la noticia de todos los días, por falta de tiempo para ahondar en la verdad cotidiana. Documenta la realidad paso a paso”.

YAMILET PÉREZ PEÑA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

El reportaje es un género que ha inspirado a más de un periodista en la búsqueda de un hecho,  con el objetivo de analizarlo desde un  punto de vista diferente, profundizando en aspectos que no son tratados diariamente y que incluyen una mayor exploración.

Un ejemplo de lo anteriormente dicho es el de Luis Velázquez,  periodista que apunta: “el reportaje es un género  en el cual se profundiza en cada uno de los fenómenos descritos, investiga todos y cada uno de los vericuetos de la información, y los da a conocer al lector. Informa de datos que con frecuencia se dejan de conocer en la noticia de todos los días, por falta de tiempo para ahondar en la verdad cotidiana. Documenta la realidad paso a paso”.

Para un mejor entendimiento vale destacar que el reportaje se puede definir como el abordaje en profundidad, de manera analítica y desde distintos ángulos de un asunto con valor periodístico que se pretende comprender en toda su complejidad (antecedentes, contexto, consecuencias), y del que interesa descubrir su sentido, tanto para el periodista y el medio, como principalmente para el público al que va dirigido.

En él se persigue tratar los acontecimientos como "hechos significantes" que tienen un significado particular, inmediato, pero sobre todo un sentido.

El valor periodístico de un suceso, conforme con la construcción de la noticia, no es absoluto ni neutral, sino relativo al conocimiento, estrategia y valor en juego tanto del emisor como del receptor.

Como relativo al conocimiento se mide por el grado de incertidumbre que resuelve para el lector. Con respecto a la estrategia, se evalúa por su pertinencia instrumental, tanto a la del emisor como a la del receptor. Por otra parte, el valor en juego se aprecia por sus efectos para uno y para otro. No es, por lo tanto, el valor periodístico propio de un acontecimiento, sino del discurso cognitivo-estratégico que se construye a propósito de ese acontecimiento, según criterio de Martín Vivaldi. 

Entendemos, entonces, por "sentido de un suceso" no su significado directo, manifiesto e inmediato, sino aquel latente que resulta de su puesta en relación.

Según el periodista chileno Juan Jorge Faundes, pueden distinguirse dos tipos de reportajes: el reportaje objetivo y el reportaje interpretativo.

La valoración de Faundes con respecto al reportaje objetivo es que cumple en gran parte las mismas funciones que la noticia. Presentan bastantes elementos comunes, sobre todo que el periodista mantiene la objetividad en la presentación de los hechos.

Es un relato descriptivo que no debe incluir opiniones personales o valoraciones del periodista, si bien este tipo de reportaje tiene sus propios rasgos característicos que le diferencian de la noticia. Quizá el más evidente es que su extensión generalmente es mayor. Por tanto, permite al periodista ofrecer un mayor número de datos complementarios que cuando redacta una noticia en la que debe ceñirse a los elementos esenciales, dada la limitación de espacio con la que trabaja.

El otro tipo de reportaje es el interpretativo que sí presenta unas diferencias muy significativas frente al objetivo. Pertenece a los llamados géneros híbridos o interpretativos, combinando componentes propios de los géneros informativos con otros utilizados en los géneros de opinión.

Con relación al tema, la profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, plantea que “este tipo de reportaje lleva a los periodistas a explicar no solo lo que sucede, sino también por qué ocurren los hechos. Es un tipo de reportaje con contenidos profundos que contextualizan, indagan en las causas y pronostican el futuro desenvolvimiento de los hechos. Esta  es una necesidad sentida tanto por los hacedores de la información -los periodistas-, como por los receptores. Y este es, justamente, la trama donde se desenvuelve el periodismo interpretativo”

A su vez,  Sebastián Bernal y Lluís Albert Chillón aseguran que la interpretación “relata un hecho de actualidad, pero introduce también determinados juicios de valor, y se  permite abandonar la estricta objetividad utilizando elementos subjetivos.”

Para gran variedad de periodistas el reportaje es un género que se basa en un profundo estudio del tema y en la búsqueda de diversas opiniones.

Raymundo Riva Palacio, reportero de Excélsior en 1987, señala que, “antes que nada me documento sobre el tema a tratar. Según la problemática, también recurro a libros y documentos. Después realizo entrevistas con conocedores del tema y especialistas que me orientan y aclaran cualquier duda, antes de proceder a la investigación de campo. Finalmente, voy a la calle a conocer físicamente lo que sé en teoría. Procuro hacer el mayor número de entrevistas posibles y hablar con una amplia gama de personas de todos los niveles y actividades, para lograr un mejor retrato o panorama de la situación que busco comprender y analizar.”

Según Raiko Martín, periodista de Juventud Rebelde, lo más importante para elaborar un reportaje es investigar, e investigar en periodismo es sinónimo de preguntar; el periodista debe ser un cuestionador en el más extenso sentido de la palabra. El mejor consejo es dedicar toda la experiencia y talento para pintar la escena lo mejor posible. Para ello es necesario adentrarse en ella, permanecer con el o los personajes involucrados el mayor tiempo posible y no temer a preguntar cosas para las cuales pareciera no haber respuesta.

Por su parte,  el  reportero español  Fernando M. Garza asegura que es de vital importancia a la hora de realizar un reportaje hacer acopio de la mayor cantidad de información sobre el tema, seleccionarla por su calidad y ordenarla en varios cuadros sinópticos y, si es posible, resumirlos en uno solo. Personas, bibliotecas, hemerotecas, viodecas y grabaciones son valiosas fuentes de material para enriquecer la noticia y transformarla en reportaje, el cual es  la mezcla de todos los géneros, por eso se considera género de géneros.

Bibliografía:

Calzadilla Rodríguez, Iraida: Notas de clases. Curso 2008-2009.

Gonzalo Martín Vivaldi, Géneros periodísticos, Madrid, Paraninfo, 1987.

McKinsey & Company, Circulation winners-presentation to the World Association of Newspapers, Amsterdam, 1997.

Riva Palacio Raymundo, Redacción en prensa: el reportaje como gran género, Santiago de Compostela, 1995.

Sebastián Bernal y Lluís Albert Chillón, Periodismo  de creación, Barcelona, Mitre, 1999.

GÉNERO DE GÉNEROS

GÉNERO DE GÉNEROS

Tema: Julio del Río Reynaga sostiene que “el reportaje no es una noticia, pero es su coyuntura. Es su fundamento y por lo mismo se rige por los factores que determinan el valor de la noticia y los elementos de interés noticioso. A partir de una noticia, trasciende el suceso”.

LAURENT GUEVARA SANTANA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En el terreno movedizo de los géneros periodísticos, es el reportaje el que más atrae a los estudiantes de esta carrera. Quizás los apasiona la idea de, como dijera García Márquez, contar una historia, o tal vez la motivación radica en la ausencia de este estilo en los medios de comunicación cubanos. Aunque Martínez Albertos también sustenta que "entre las nuevas tendencias informativas, el reportaje o periodismo de investigación es la que despierta más entusiasmo entre los profesionales".

Un reportaje es una historia sin un tono ni estructura literaria, sino periodística. El término tiene su origen en el vocablo italiano reportagio. Es el género periodístico más cercano a la literatura, donde el autor puede narrar un acontecimiento, mostrar los hechos en voz propia de los involucrados y evidenciar su criterio. Es conocido como el “género de géneros” o “rey de la información” por ser el más completo y constituir la suma del resto de las técnicas. Incluye otros estilos como la nota informativa, la crónica, el comentario y la entrevista.

Por su trascendencia, Julio del Río Reynaga también asegura que es “la salvación del periodismo escrito.” Todos los medios de comunicación requieren de reportajes que abunden en las noticias o informaciones que transmiten a diario. Sobre todo, este género es de vital importancia para la prensa escrita. Por carecer ésta de la inmediatez del Internet, la radio o la televisión, necesita realizar trabajos que profundicen en los sucesos novedosos. Sin embargo,  ni los periódicos, ni los noticieros explotan esta técnica periodística lo suficiente, unas veces por falta de tiempo o de espacio, y otras, por causa de la escasez de noticias, dificultades con el transporte o deficiencias técnicas, pero estas excusas no justifican la carencia de trabajos investigativos que profundicen en las informaciones y contrapongan criterios en las publicaciones y programaciones nacionales.

El periodista cubano Luis Machado Ordetx, en el artículo El reportaje escrito: reflexiones sobre el modelo documental, expone que este género es la principal herramienta del periodismo interpretativo, porque rebasa los límites de la información, busca sus motivos y antecedentes, permite contar el hecho en todas sus aristas, aporta valoraciones del redactor, expone la realidad con objetividad para posibilitar que el lector cree su criterio y asuma determinada posición. En conclusión, muestra una noticia explicada desde sus causas y orígenes.

Éste es un género que requiere tiempo para crearse. Es necesario hacer investigaciones profundas que posibiliten confeccionar una información verídica, con bases sólidas, fuentes confiables y criterios diversos, para brindar al público un producto bien elaborado. Es necesario pensar en los lectores, que son precisamente para quienes trabajamos.

¿Cómo definen los académicos al reportaje?

El reportaje se puede dividir en objetivo o informativo, y en interpretativo. El primero pertenece al género informativo, donde se describe el suceso y se exponen criterios contrapuestos de fuentes sin expresar de forma directa valoraciones personales del periodista; mientras que el segundo, como se había planteado anteriormente, clasifica en el género interpretativo y contiene un componente de opinión más fuerte. Juana Osmaira González Consuegra, periodista villaclareña, en su artículo Monarcas de la Interpretación expone que “el reportaje interpretativo no admite improvisaciones, responde a las necesidades del lector moderno.”

Las clasificaciones son muy disímiles. Los teóricos no reconocen los mismos términos y lo agrupan de distintas maneras, por tanto, un trabajo puede ajustarse, según sus características, a varias denominaciones. Por ejemplo: el reportaje testimonial, también es conocido como Investigativo, Juan Gargurevich lo llama histórico, mientras el cubano Luis Rolando Cabrera lo nombra de Archivo o Gabinete, por el modo en que se elabora.

Gabriel García Márquez  puntualizó: "(...) el reportaje me parece el más natural y útil del periodismo. El que puede llegar a ser no sólo igual a la vida, sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia -sagrada e inviolable- de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma. Aunque nadie lo sepa ni lo crea".

En opinión del español José Luis Martínez Albertos, "desde el punto de vista de la creación literaria, el reportaje suele ofrecer al periodista un margen de oportunidades casi comparable al que brindan los géneros literarios de ficción, como los cuentos o los relatos breves”. El catedrático también lo define como “el género más específico del periodismo interpretativo a escala universal. Es, podemos decir, aquel género que ofrece mayores posibilidades para lograr una eficaz interpretación y análisis de los acontecimientos."

Para Gonzalo Martín Vivaldi, el reportaje es un relato periodístico “esencialmente informativo, libre en cuanto a tema, objetivo en cuanto a modo y redactado preferentemente en estilo directo en el que se da cuenta de un hecho o suceso de interés actual y humano que suele ser una narración informativa con vuelos literarios, pues en su hechura el reportero goza de la mayor libertad expositiva.”

Por otro lado, el profesor venezolano Humberto Cuenca propone que, "el reportaje será más o menos grande, según quien lo escriba, será más o menos profundo según la capacidad del reportero para profundizar en los hechos (...) será más o menos interpretativo según la sensibilidad, la cultura o la capacidad estimativa de quien narre un hecho (...)"

Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, lo establece como un “(…) relato-narración de características literarias sobre un hecho, asunto o tema de actualidad o interés general, en el que se pretende dar una visión amplia mediante el análisis, la interpretación y la información contenida en una exhaustiva investigación practicada en el terreno o a partir de fuentes orales o documentales”.

Los periodistas mexicanos Carlos Marín y Vicente Leñero lo explican como la “(…) forma periodística que se elabora para ampliar, completar y profundizar en la noticia, para explicar un problema, plantear o argumentar una tesis o narrar un suceso. El reportaje investiga, describe, informa, entretiene y documenta”

Según Rodolfo Muñoz Zapata, reportero ecuatoriano, en su libro De la noticia al reportaje humano: ”(…) es quizás la forma más exigente de la expedita utilización de los recursos de la noticia de rutina, pero sumado a ello la investigación, la interpretación, y sobre todo la definición noticiosa de los conflictos y alegrías de los seres humanos que componemos la civilización actual.”

Por su parte, el periodista mexicano Manuel Buendía Tellezgirón lo precisó como un: ”(…) desafío a la capacidad técnica de narración. Representa un compendio de técnicas de la noticia y de la entrevista. Requiere para llevar sus requisitos elementales de un asunto o tema que tenga importancia tal, que pueda ser tratado a fondo (…)”.

José Antonio Benítez lo define como la “(…) forma periodística que comunica, explica, analiza y examina los hechos y profundiza en todos los sucesos que narra”.

En Periodismo para nuestro tiempo: informar e interpretar, Eduardo Ulibarri Bilbao, plantea la idea de que el insumo básico del reportaje consiste en la investigación exhaustiva sustentada en la observación participante del periodista y en la confrontación de fuentes. Luego, en el texto Idea y vida del reportaje, Ulibarri expone que “(…) indaga con distintos grados de profundidad, valiéndose de múltiples fuentes y métodos, sobre hechos o situaciones públicas, para dar a conocer su existencia, relaciones, orígenes o perspectivas, mediante el empleo de diversas estructuras y recursos expresivos”.

Confrontación de opiniones

Julio del Río Reynaga propone una acertada definición del reportaje, donde no se concibe como la noticia en sí, sino como su complemento. Según Reynaga, este género periodístico siempre parte de un hecho novedoso, por lo que el reportaje y la noticia deben compartir los mismos valores y características para mezclarse armoniosamente. Siempre debe ser veraz, objetivo, actual, novedoso y de interés humano. Una vez brindada la información, esta técnica es la encargada de estudiarla, investigarla y explicarla; luego, la argumenta. El reportaje es la noticia completa.

Humberto Cuenca afirma que el reportaje moderno “no es noticia, es una situación; no es sensacionalista, es radiografía social; no es suceso extraordinario, es descubrimiento de una realidad”, definición a la cual Reynaga clasifica como “el hombre con sus problemas cotidianos”.

Por ejemplo, una noticia es la aparición del primer caso de la influenza A H1N1 en Cuba. Este hecho se publica como una nota informativa, pero la investigación del desarrollo de la enfermedad, el estado de salud de los infectados, las estrategias y medidas a seguir dictadas por el Ministerio de Salud Pública, etc, demanda un trabajo periodístico exhaustivo y constante. La búsqueda de opiniones autorizadas permite realizar trabajos que respondan a las preguntas de los lectores y esto lleva a la confección del reportaje, porque sólo así se pueden confluir los hechos noticiosos, las entrevistas y los comentarios en un solo género.

Carlos Manuel Barruecos, jefe de información de la Agencia de Información Nacional, opina que el reportaje es un género importante en el periodismo, “no es una información, sino que parte de ella para ampliar lo que el periodista quiere llevarle al lector. Permite incluir en él más de un género, ofrece la posibilidad de enriquecer el trabajo con una entrevista o un comentario.”

Lourdes Stusser, joven periodista de la redacción cultural del Noticiero Nacional de Televisión, opina que el único tipo de reportaje que existe es contar una historia. También concuerda con la frase de Reynaga, “a partir de la noticia trasciende esta técnica o género periodístico, mas no solo es su coyuntura, también puede ser la noticia en sí misma explicada. Hay reportajes que dedican diez páginas a explicar el hecho y dos a profundizarlo. Lo más importante en realidad no es lo contado, sino la manera de hacerlo”.

Por su parte, Alina Martínez Castillo, jefa del equipo de cultura de la Agencia de Información Nacional, no cree que existan varios tipos de reportaje, sino buenos y malos. “Una información integral, intencional y completa puede ser un gran reportaje. A veces 40 líneas con fuentes diversas y contrastadas pueden proporcionar un buen trabajo. Lamentablemente, los jóvenes piensan que el gran reportaje en prensa impresa es el que abarca una página y media en periódicos y cuatro en revistas. La calidad no depende de la longitud o de la cantidad de fuentes. Existen muchos clichés y convencionalismos respecto a este tema, asevera”.

Barruecos explica que en las agencias de prensa casi nunca se maneja este género, sólo se hace por solicitudes específicas. Además, considera que para los órganos de prensa, tanto escrita como televisiva, es imprescindible realizar buenos reportajes porque éstos le brindan al lector o al televidente mucha información, “en mi criterio, en los medios se realizan muy pocos trabajos de este tipo y no todos los que se hacen tienen la calidad requerida”.

Según plantea Stusser, “en televisión casi no se maneja ese género y si se hace un análisis del contenido del noticiero, se percibe que apenas se usa esta técnica en su acepción tradicional. Hay una tendencia a hacer reportes que incluyen un párrafo de información en off del periodista y un corte del entrevistado, y así continuamente. Esos trabajos se asumen como reportajes por el hecho de darle voz a las fuentes consultadas, pero en realidad son notas ampliadas, muchas veces basadas en sucesos que no son noticiosos.”

Mientras que Alina Martínez afirma que no comparte el criterio impartido por la Academia de que el reportaje es el más completo de todos los géneros, porque es una fiel amante de la información.

“Es necesario practicar mucho en la Academia y durante los primeros años de ejercer el oficio, para aprender a manejar esa técnica. Sobre todo es importante instruirse bien en el trabajo con la información, pues de ella parte y de ella depende el reportaje”, agrega Alina.

Sobre qué género es más completo, la periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, sostiene que no comparte con quienes pretenden establecer cercos cualitativos: “Es tan importante y completa una información como un reportaje cuando ambos se conciben, investigan y escriben bien. Cada género cubre una intencionalidad en el periodismo, profesión justamente signada por ese destino.

“Sin embargo, no niego que en el reportaje, como en ningún otro género, podemos plasmar con mayor profundidad el palpitar de la vida, de los problemas que nos inquietan y urgen de soluciones, en suma, el devenir de la sociedad en sus muy diversas y amplias aristas. Junto a estos aspectos puramente informativos, el reportaje ofrece también posibilidades de creación más flexibles, un empleo vasto de la narrativa, es decir, productos comunicativos de una más alta factura tanto en lo que se revela en ellos, como en su forma expresiva”.

A su vez, Barruecos concluye en que “el cubano está bien educado y busca una información de calidad. El pueblo se informa, lee los periódicos y reconoce cuando se hace un buen trabajo, prueba de ello son los elogios plasmados en la sección Acuse de Recibo de  Juventud Rebelde, cada vez que aparece un reportaje con calidad”.

Dónde queda el “monarca de la interpretación”

En prensa escrita algunos órganos han tenido la iniciativa de impulsar el trabajo periodístico investigativo y como resultado hacen buenos reportajes. Pero aún los medios están saturados de trabajos con cursis ingredientes literarios, frases hechas y un lenguaje seudopoético que raya en lo ridículo.

Los hechos carecen de voz propia, no pueden contarse por sí solos, esa es una verdad establecida por los teóricos. La función de los periodistas y de los medios de comunicación es asegurarse de hacerlos llegar a la sociedad. Entonces, cumplamos con nuestra labor.

Es necesario sentirse comprometidos con los lectores y no tomar el oficio a la ligera, confeccionar agendas temáticas que traten temas sociales de interés público. Hay que aprender a contar historias sin creer jamás que por solo aparecer publicado un trabajo, va a interesar a los receptores. Trabajemos para quienes nos leen y para que nos lean.

Bibliografía:

Benítez, José Antonio: Técnica periodística, Editorial Pueblo y Educación, 1983, p. 162.

Buendía Tellezgirón, Manuel: Ejercicio periodístico, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1983, p. 183.

Díaz Rancel, Eleazer: Miraflores fuera del juego, Editorial Lisboa, Caracas, 1978, p. 85.

González Consuegra, Juana Osmaira: Monarcas de la Interpretación. La Tecla.htm (Periódico Vanguardia. Villa Clara, Cuba. http://www.vanguardia.co.cu/)

Leñero, Vicente y Carlos Marín: Manual de periodismo, Grijalbo, México, 1986, p. 68.

Martínez Albertos, José Luis: Curso general de redacción periodística, MES, La Habana, 1991, p. 273.

Mesa Yanes, Rafael: El reportaje, texto informativo aglutinador de distintos géneros periodísticos - nº 34 Espéculo (UCM) .htm (Espéculo: Revista de Estudios Literarios, ISSN 1139-3637, Nº. 34, 2007)

Microsoft ® Encarta ® 2008. © 1993-2007 Microsoft Corporation

Muñoz Zapata, Rodolfo: De la noticia al reportaje humano, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1990, p. 62.

Ordetx Machado, Luis: El reportaje escrito reflexiones sobre el modelo documental. La Tecla.htm (Periódico Vanguardia. Villa Clara, Cuba  http://www.latecla.cu/bd/reportaje/01documental_ordetx.htm

Rodríguez Betancourt, Miriam: Tipología del periodismo contemporáneo, Disertación, Instituto Internacional de Periodismo José Martí, La Habana, 2001.

Sancho Rodríguez, Alfonso: Lenguaje periodístico, 2005.

Ulibarri Bilbao, Eduardo: Idea y vida del reportaje, Editorial Trillas, México, 1994, p. 38.

Ulibarri Bilbao, Eduardo: Periodismo para nuestro tiempo: informar e interpretar, 1988. Pie de imprenta: San José Libro Libre.

Wikipedia, la enciclopedia libre.htm

Fuentes directas:

Alina Martínez Castillo, jefa del equipo de cultura de la Agencia de Información Nacional.

Carlos Manuel Barruecos, jefe de Información de la Agencia de Información Nacional.

Iraida Calzadilla, periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Lourdes Stusser, periodista de la redacción cultural del Noticiero Nacional de Televisión.

 

MÁS ALLÁ DE LA NOTICIA

MÁS ALLÁ DE LA NOTICIA

Tema: Eduardo Ulibarri plantea sobre el reportaje que “indaga con distintos grados de profundidad, valiéndose de múltiples fuentes y métodos sobre hechos y situaciones públicas, para dar a conocer su existencia, relaciones, orígenes o perspectivas, mediante el empleo de diversas estructuras o recursos expresivos.” 

NEISY MARTÍNEZ MIRANDA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

                                
                                                        “Para un periodista todo lo que sea
                        interesante será actualidad.”
Azorín, 1920

Desde que comienza sus estudios, el periodista aprende a reconocer las distintas formas o modos de escribir, las cuales usará durante toda su carrera, y asumirá con el  nombre de géneros periodísticos. Existen tres tipos o clases de géneros: el opinativo, el informativo y el interpretativo; cada uno con una serie de marcas, algunas comunes y otras exclusivas, pero que los diferencian entre sí. Es cierto que la frontera puede ser casi imperceptible en ocasiones, pero es importante comprender sus diferencias para no ser repetitivos y ganar la preferencia del público.

Se puede decir que el reportaje es víctima también de esta confusión, pues son diversos los conceptos existentes en cuanto a su definición. Algunos lo ven como una simple información ampliada, otros como una historia que abarca las preguntas clásicas de qué, quién, cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué. Pero, ¿qué es el reportaje realmente?

William Rivers y Gonzalo Martín Vivaldi hablan de dos tipos de reportaje: el estándar y el  interpretativo. El primero es el que solo da cuenta de un acontecimiento, del cual «se relata el aspecto más importante e interesante», mientras que los otros aspectos «se descubren por su importancia decreciente»;  es un relato periodístico informativo, libre en cuanto al tema, objetivo en cuanto al modo y redactado preferentemente en estilo directo. El segundo es más literario y tiene gran interés publicístico, trabajo más personal y libre.

Vivaldi agrega que “el gran reportaje es una narración más o menos noticiosa, siempre informativa y orientada según el enfoque personal del periodista. Se empieza como el reportero quiera, a su aire, sin olvidar que el primer párrafo ha de tener garra”. (1)

Es cierto que conviene comenzar el reportaje de una forma atractiva,   debe ser un gancho para el lector; pero también es cierto que dicha definición no es la más acertada. Muchos periodistas y teóricos también han dado su definición:

Según el cubano José Antonio Benítez, es la “forma periodística que comunica, explica, analiza, examina los hechos y profundiza en todos los sucesos que narra”. (2)

Gabriel García Márquez, periodista colombiano y Premio Nóbel de Literatura explica:"...el reportaje me parece lo más natural y útil del periodismo. El que puede llegar a ser no sólo igual a la vida, sino más aún, mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia -sagrada e inviolable- de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma (…)".

José Antonio Cerantes Díaz, periodista de Radio Guamá, dice que el reportaje no es nada más que el desarrollo de la noticia con todas sus particularidades: “Es la versión ampliada de la noticia, donde se responden ampliadamente las preguntas clásicas, pero además, recrea e ilustra el lugar y la forma en que ocurrieron los hechos”.

En su libro Curso General de Redacción Periodística, José Luis Martínez Albertos da una definición más completa: “El reportaje es el género más específico a escala mundial, es aquel que ofrece mayores posibilidades para lograr una eficaz interpretación y análisis de los acontecimientos. Este se ha convertido en una de las piedras angulares del nuevo periodismo (New Journalism) y era considerado, desde el año 1938, elemento ineludible para conformar los manuales de enseñanza en las universidades estadounidenses.”(3)

En resumen, es un género híbrido, pertenece al periodismo interpretativo porque informa sobre un hecho y se redacta de acuerdo con una estructura lógica y coherente. Su propósito puede ser informar acerca de un hecho inmediato. Narra al lector lo que acontece, amplía la noticia o revela la trama de los vínculos existentes en un conjunto de hechos. Posee capacidad de análisis, sin llegar a la opinión, es claro, imparcial,  e infiere lo que ocurrirá a partir de lo analizado en él. Es creativo, profundo, expresivo y amplio. Produce una especial atracción sobre el público y la sociedad en general. En él la veracidad es esencial.

O como lo expresa Eduardo Ulibarri: “De alguna manera el reportaje engloba y cobija  a las demás formas periodísticas. Tiene algo de noticia cuando produce revelaciones, de crónica cuando emprende el relato de un fenómeno, de entrevista cuando transcribe con amplitud opiniones de las fuentes o fragmentos de diálogos con ellas. Se hermana con el análisis en sus afanes de interpretar hechos y coquetea con el editorial, el artículo y la crítica cuando el autor sucumbe a la tentación de dar sus juicios sobre aquello que cuenta y explica”. (4)

Forma de redactar un reportaje

Según Evelio Tellería Toca, “la redacción de un reportaje brinda al periodista la oportunidad de emplear un lenguaje sin contrariar el estilo periodístico, presenta más galanura que la rutinaria prosa noticiera. En él caben ciertas formas literarias no usuales en la simple información. Se puede hablar en primera persona porque juega gran papel la iniciativa personal.” (5)

Para comenzarlo debemos, primeramente, decidir la estructura a usar. Esta no es más que el criterio para organizar el material seleccionado, es el plano según el cual colocaremos los elementos en el texto. Por ejemplo, si hablamos de la diabetes, ¿comienzo con historias de vida?, ¿hablo primero de cifras? o ¿en qué parte pondremos las declaraciones de especialistas?

También es importante decidir cuál entrada emplearemos, teniendo en cuenta que debe ser un anzuelo, una puerta de acceso, y sustentada por un cuerpo que la  argumente, explique las situaciones, etc, y un cierre adecuado para poner broche final al trabajo, articulado por transiciones y formando una estructura compacta, capaz de analizar a profundidad un problema determinado y a la vez atraer al público.

Pero para escribir un reportaje interpretativo hace falta más que una estructura, pues, como bien explica Rudens Tembrás, periodista del semanario Trabajadores y profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana: “El reportaje es una historia que busca responder el porqué de un asunto o hecho, estudia las causas y consecuencias del mismo, lo saca a la luz. Aclara las partes ocultas del suceso que hayamos escogido. Es el fruto de la investigación, ya sea documental o directa, combina habilidades, desde la narración hasta el diálogo entre las fuentes y realiza un ordenamiento narrativo, ya sea jerárquico o cronológico para ganar en comprensión.”

En fin, como señala Eduardo Ulibarri, “indaga con distintos grados de profundidad, valiéndose de múltiples fuentes y métodos sobre hechos y situaciones públicas, para dar a conocer su existencia, relaciones, orígenes o perspectivas, mediante el empleo de diversas estructuras o recursos expresivos.” (4)

En él se dan a conocer hechos determinados, recientes e interesantes. Interpreta al indagar las causas de los hechos, al explorar su significado, proyecciones, repercusiones o al descifrar el porqué de algo. Compara las opiniones de diferentes protagonistas. No opina, sino analiza. Aunque es mayor que otros géneros como la nota informativa, entrevista, comentario, etc, su extensión nunca debe ser sinónimo de hinchazón.

Como plantea Ulibarri, en la redacción es necesario tener en cuenta el ámbito como tipo de relación de trabajo que establezcamos con la realidad, las guías que se establezcan para jerarquizarlo y el contenido del trabajo. Además se suman hechos relacionados entre sí, pero que aisladamente se muestran poco, y así revelar tendencias inadvertidas. Para el reportaje, los hechos son más que acontecimientos individuales. Pueden ser actuales, por ejemplo, desastres, arengas, anuncios, pero con frecuencia tienen elementos que trascienden la inmediatez o especificidad que los hizo noticia. (4) 

El propio periodista  precisa lo que algunos conocedores del tema como la profesora auxiliar de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, Iraida Calzadilla, denomina Fórmula Ulibarri.  Esta abarca un grupo de aspectos en función de ampliar adecuadamente el hecho central del reportaje; o sea, para asegurarnos de haber realizado una buena redacción debemos comprobar si están presentes los siguientes elementos:

-Del pasado: ¿por qué ocurrió?, ¿cuáles son sus antecedentes?, ¿con qué otros acontecimientos se relaciona?, ¿se pueden identificar causas relevantes?, ¿qué ha ocurrido con situaciones similares en otras épocas y lugares?, ¿existen analogías relevantes?, ¿puedo documentar su desarrollo?

-Del presente: ¿qué significa?, ¿surge aislado o forma parte de otros?, ¿cómo se vincula con ellos?, ¿introduce algún cambio significativo?, ¿a quiénes afecta en lo inmediato?, ¿contiene elementos polémicos?, ¿cuáles fueros los factores más cercanos que precipitaron su aparición?

-Del futuro: ¿qué posibilidades de desarrollo tiene?, ¿es posible proyectarlo?, ¿con qué otros factores podrán relacionarse?, ¿en qué o quiénes repercutirá?

O sea, si fuéramos a hacer un reportaje sobre las donaciones de sangre tenemos, primeramente, que delimitar el tema, en este caso sería el aumento, y a partir de allí debemos abordar cuáles fueron las acciones llevadas a cabo por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), conjuntamente con los CDR, para lograr así dicha mejoría. También convendría hablar de lo que ocurre a nivel mundial en cuanto a este tema o de cómo se realizaban anteriormente en nuestro propio país, narrar brevemente cómo ha sido su desarrollo, los cambios que ello representa para el pueblo cubano en general,  y, si existieran elementos polémicos, igualmente deberían ser incluidos junto al futuro desarrollo del asunto.

También es necesario tener en cuenta diez preguntas que constituyen una especie de diez mandamientos a la hora de redactar un reportaje y saber si realmente vale la pena realizar un trabajo de tal envergadura; estos son:

I-¿Es actual o trata de algún aspecto que tenga vigencia?
II-¿Es interesante? ¿En qué sentido?
III-¿Es relevante o importante?
IV-¿Posee detalles irónicos o curiosos?
V-¿Es novedoso o tiene posibilidades de serlo?
VI- ¿Es útil? ¿Para quién?
VII- ¿Es original en las posibles orientaciones que pueden dárselo?
VIII- ¿Es de interés físico o psicológico para el público?
IX- ¿Es llamativo debido al potencial de denuncia que contiene?
X- ¿Es sólido en sus elementos?

Además, recordemos que el reportaje  no está caracterizado por las opiniones del autor, sino por la abundancia y relevancia de su investigación. Pueden ser incluidas algunas cuotas de subjetividad, por las cual no deja de ser objetivo.

“El reportaje es un texto más subjetivo que los dirigidos estrictamente a la información, ya que, además de contener parte de estos géneros, incluye la interpretación de su autor. Esta dualidad ha motivado que algunos autores lo definan como un género exclusivamente interpretativo, mientras que otros lo incluyan en los géneros informativos, e incluso alguno llega a afirmar que «reportaje equivale a información». Se puede definir como ‘una narración informativa, de vuelo más o menos literario, concebida y realizada según la personalidad del escritor-periodista’, pues es importante su condición como texto de libre creación con recursos literarios. Se puede afirmar que el reportaje es un texto que tiene como única limitación la capacidad creativa de su autor”, refiere Rafael Yanes Mesa en su artículo El reportaje, texto informativo aglutinador de distintos géneros periodísticos. (5)

En el reportaje existen diferentes grados de profundidad y extensión, dados, principalmente por la multiplicidad de las fuentes. Por ejemplo, para ampliar un tema hay que acudir a los implicados en el hecho o suceso central  y luego a especialistas y conocedores del tema. Los medios  recomendados para obtener esta información varían, pero la observación testimonial, la documentación, la investigación inspirada en métodos científicos y las entrevistas son esenciales. Es obligatorio realizar una amplia revisión bibliográfica, una recolección detallada de datos, definición exacta del problema a tratar y formulación de hipótesis y proyecciones para luego escribir un texto ameno, flexible, ágil y con poder de atracción sobre un público generalmente heterogéneo.

Según Eduardo Ulibarri, hay que someter la información y los datos obtenidos a cierto razonamiento; esto lo hacemos mediante métodos como la extrapolación, interpolación y analogía, mientras que cuando damos a conocer otros hechos estamos denotando; y al indagar en sus posibles causas, significados o consecuencias, estamos connotando, aplicando la  inducción. La diversidad de repertorios que utiliza el reportaje está ligada necesariamente a la diversidad de recursos expresivos. La narración y la exposición compiten entre sí como los más usuales, pero a menudo deben ceder campo a la descripción y el diálogo. El reportaje es predominantemente narrativo, aunque también se impone la exposición de ideas.

En él, el estilo y el manejo del lenguaje son fundamentales, así como la cadencia y música interna que se logren. Por tanto, escribir reportajes no es una acción instintiva; el talento, la intuición, los sobresaltos, las angustias, los estímulos, y las inspiraciones desempeñan un papel esencial. Son partes indispensables del periodismo.

Problemas en la redacción

El escribir reportajes para un periódico es hoy una ardua pero necesaria labor. Tras la aparición de la radio, la televisión e Internet, la prensa plana ha tomado la alternativa de dar la información más completa, donde se explique no sólo el contexto en el que ocurrieron los hechos, sino que los relacione con otros acontecidos en el pasado y los proyecte hacia un futuro más o menos inmediato.

Pero redactar un trabajo de tal envergadura requiere no solo de un gran espacio en el papel, sino además de tiempo y preparación, los cuales no siempre poseen los periodistas.
Hoy, tanto receptores como periodistas sienten la ausencia de trabajos que desenvuelvan toda la trama del periodismo interpretativo, el cual requiere de vasta información, antecedentes, pronósticos y evaluación de su significado para que, sin explicitar opiniones propias, el periodista deje al lector la tarea de llegar a conclusiones.

“No son pocos los temas que dejan de ser tratados con profundidad, simplemente porque no contamos con los conocimientos, las habilidades o el tiempo preciso para obtener mayor información de ellos y valorar su importancia. Base de datos con estadísticas, censos, informes sobre investigaciones científicas, archivos, trabajos de Internet y otros muchos documentos públicos todavía esperan por ser empleados como herramientas de un mejor periodismo.

Aún nos falta adiestramiento y disposición para no tomar la computadora como una simple máquina de escribir. Cuando seamos capaces de desarrollar un trabajo asistido por las fuentes electrónicas podremos graficar, comparar, cruzar, analizar cualquier hecho. Y los lectores nos lo agradecerán.” (7)

“Hoy uno de los problemas fundamentales que enfrentamos los periodistas es que estamos perdiendo terreno como contadores de historias, nuestra misión primera, y nos estamos convirtiendo en contadores de declaraciones. O sea, los teóricos coinciden en afirmar que como fenómeno general, ahora los dichos sobre los hechos parecen ser más importantes. Es decir, interesa más quien ha manifestado algo que lo que ha sucedido”. (8)

Notas:

(1) Vivaldi, Gonzalo Martín, Curso de Redacción, Paraninfo, Madrid 1969, sexta edición.

(2) Benítez, José Antonio, Técnica periodística, Editorial Pueblo y Educación, 1983.

(3) Martínez Albertos, José Luis: Curso General de Redacción Periodística, Editorial Paraninfo SA, Madrid, 1993. (Edición Revisada.)

(4) Ulibarri, Eduardo, Idea y Vida del Reportaje, Editorial Trillas, México, 1994.

(5) Tellería Toca, Evelio, Diccionario Periodístico, Santiago de Cuba, Eitora Oriente, 1986

(6) Yanes Mesa, Rafael, El reportaje, texto informativo aglutinador
de distintos géneros periodísticos.

(7) Carrobello, Caridad, Periodismo en profundidad, consultado en La Tecla, sitio de los periodistas cubanos, el 8 de julio de 2009.

(8) Calzadilla Rodríguez, Iraida, Los sabores y olores de la vida misma, consultado en La Tecla, sitio de los periodistas cubanos, el 8 de julio de 2009.

Fuentes:

Directas:

José Antonio Cerantes Díaz, periodista de Radio Guamá.

Rudens Tembrás, periodista del semanario Trabajadores y profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Documentales:

Benítez, José Antonio, Técnica periodística, Editorial Pueblo y Educación, 1983.

Calzadilla Rodríguez, Iraida, Los sabores y olores de la vida misma, consultado en La Tecla, sitio de los periodistas cubanos, el 8 de julio de 2009.

Calzadilla Rodríguez, Iraida, Clases de Periodismo Interpretativo (segundo semestre de primer año), Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Carrobello, Caridad, Periodismo en profundidad, consultado en La Tecla, sitio de los periodistas cubanos, el 8 de julio de 2009.

El Reportaje, publicado en http//ww.scribd.com/doc/270248/ELREPORTAJE, consultado el 9 de julio de 2009.

Martínez Albertos, José Luis: Curso General de Redacción Periodística, Editorial Paraninfo SA, Madrid, 1993. (Edición Revisada.)

Patterson, Carlos Miguel El buen reportaje, su estructura y caracterí¬sticas, publicado en: www.ull .es publicaciones/ latina2003paterson.html, consultado el 9 de julio de 2009.

Tellería Toca, Evelio, Diccionario Periodístico, Santiago de Cuba, ED Oriente, 1986

Ulibarri, Eduardo, Idea y Vida del Reportaje, Editorial Trillas, México, 1994.

Vivaldi, Gonzalo Martín, Curso de Redacción, Paraninfo, Madrid 1969, sexta edición.

www.saladeprensa. Org. art 184htm recursos, cnice. mec. es/media/prensa/bloque4/pag4.html

Yanes Mesa, Rafael, El reportaje, texto informativo aglutinador de distintos géneros periodísticos

LOLÓ DE LA TORRIENTE

LOLÓ DE LA TORRIENTE

Tema: ¿Por qué una figura incuestionable desde todos los puntos de vista: político, ideológico, periodístico, literario, una verdadera personalidad de la cultura cubana, ha merecido tan escaso estudio académico y ningún reconocimiento institucional y divulgación pública? Oponente: Doctora Miriam Rodríguez Betancourt.

SONIA PEREZOSA,
respuesta a la oponencia para
la tesis de licenciatura en Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una de las mayores satisfacciones que me brindó realizar esta tesis fue la oportunidad de entrevistar a personas que por distintas motivaciones conocieron a Loló de la Torriente. Amigos, familiares, colegas, me permitieron escucharlos y respondieron amablemente mis interrogantes. Una de ellas, para la que tal vez no exista respuesta total es la misma que formula la oponente: ¿Por qué una figura incuestionable desde todos los puntos de vista: político, ideológico, periodístico, literario, una verdadera personalidad de la cultura cubana, ha merecido tan escaso estudio académico y ningún reconocimiento institucional y divulgación pública? Contestarla me hizo —nos hizo—, recordar y especular, volver a las inexplicables sombras en los mundos de Loló.

Virgilio López Lemus, por ejemplo, me comentaba que en la década del ochenta cuando la conoció, «estaba algo aislada, un poco sola, (pues) algunos viejos amigos ya no la visitaban (y) ella tenía un mar de resentimientos sobre sus coetáneos, pero no por ello dejó un solo día de escribir, leer y trabajar», «porque los intelectuales están por encima de eso –planteaba también la investigadora Judit Díaz- Y Loló era una intelectual».

Tal vez fue esta una de las primeras causas por las cuales Loló fue olvidada, incluso antes de que muriera en 1983, «a pesar de no ser ni estrella de paso ni tampoco estrella menor», como afirmó Virgilio López Lemus en un artículo en el periódico Granma.

Es necesario tener presente, además, que aunque en sus últimos años de vida se mantuvo escribiendo para publicaciones como Bohemia, estuvo inmersa casi completamente en su libro Los caballeros de la marea roja, una inmensa tarea de creación literaria, sobre todo por sus alcances temporales. Para muchos, una faena intelectual de estas dimensiones es también sinónimo de soledad o distanciamiento.

Puede influir, además, que Loló, como he dicho antes, fue una periodista que murió hace relativamente poco tiempo. Y no es muy común el rescate de personalidades «inmediatamente» después de su muerte. Tal vez esperar a que pasen los años sea una fórmula para hacernos comprender la necesidad y obligación del reencuentro con lo perdido –en este caso su amplia cultura, su ejemplo como escritora revolucionaria.

Loló fue también una mujer que vivió con plenitud entre sus «dos patrias»: Cuba y México. Posiblemente tener esta dualidad de hogares, no le brindó, como a otras figuras, la posibilidad de ser estudiada en los dos países, sino que las ausencias indistintas en uno u otro sitio provocaron su olvido.

Su escaso reconocimiento puede deberse, además, a la amplitud de temas que abordó. Se desarrolló en la literatura, el periodismo y la crítica de arte; esto, sin contar su apasionada vida política. Es posible que abordar estos diferentes y gigantescos tópicos ha hecho que el estudio de su figura caiga en «terreno de nadie», al pensar que merece ser más reconocida en un sector que en otro; y en ninguno, al final.

Asimismo, se podría pensar que hay nombres que simplemente no son tomados en cuenta por instituciones para ser estudiados y, aunque sean relevantes, caen en la desmemoria. O que sobre ellos se tienden suspicacias, mezquindades, intereses diversos que en cada coyuntura histórica contribuyen al aislamiento, a la soledad; y que, pasado algún tiempo, son omitidos o enterrados por los testimoniantes.

De cualquier forma, pudiéramos recordar personalidades que han corrido suerte parecida. Algunas, por fortuna, ya se han rescatado; otras, permanecen en la sombra debido a disímiles causas (Félix Varela, Dulce María Loynaz, José Rodríguez Feo…)

Ojalá sirva esta tesis para que el silencio alrededor de Loló sea, a la larga, vencido, para que como espera López Lemus, «el tiempo haga que lleguen momentos de desentrañamiento de su obra, que la fijarán en el espacio definitivo que merece». «Lo contrario —como defiende el Investigador Francisco de Oraá, en Historias en dos mundos—: sería ignorar la necesidad histórica de todo un lenguaje».

ELIÁN EN LA ACADEMIA UN DECENIO DESPUÉS

ELIÁN EN LA ACADEMIA UN DECENIO DESPUÉS

Temas: Objetividad, Subjetividad, Parcialidad e Imparcialidad en el Periodismo. Construcción de la noticia. Validez del periodismo interpretativo. Oponente: Máster Iraida Calzadilla Rodríguez.

ROUSLYN NAVIA JORDÁN,
respuesta a la oponencia para
la tesis de licenciatura en Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

1-Al referirse a la noticia -entendiéndose esta en el texto como nota informativa, pues la sitúa en el desglose que realiza de géneros periodísticos-, la estudiante plantea que “transmite una información objetiva sobre un hecho, sin introducir opiniones personales del periodista”, y más adelante agrega que “la regla principal ha de ser la objetividad, separando lo que es información de lo que es opinión. La opinión es libre, la información ha de estar basada en la veracidad y la comprobación”. Sobre esas bases:
a) ¿Podemos afirmar que en el periodismo somos objetivos e imparciales?
b) ¿Ciertamente la opinión es libre? 

Según Miguel Rodrigo Alsina (2005), “El concepto de la objetividad periodística, a pesar de las múltiples criticas que ha recibido, sigue siendo uno de los elementos claves para comprender la ideología que sostiene el modelo liberal de la prensa”. Sin embargo, como plantea Shudson(1978), el concepto de objetividad no ha sido inmutable a lo largo de la historia de la prensa.

Carey (1980) observa que “El reportaje objetivo se convirtió en el fetiche del periodismo americano en el periódico de la rápida industrialización”. Sin embargo, según cuenta Alsina (2005), en los años 60’ se comenzó a criticar el concepto de objetividad basándose fundamentalmente en la manipulación de la información. Crítica que dura hasta hoy. (Carey en Alsina 2005))

Para Bechelloni (1982), el problema de la objetividad periodística no está en que los medios de comunicación masiva dan una versión subjetiva de la realidad, sino que es el propio modelo liberal de la prensa el que limita la objetividad.

Alsina (2005) además considera como causa de la falta de objetividad no tanto el modelo en general del sistema informativo, como la producción específica de la noticia y en concreto,  la actividad de los periodistas.

Basándose en investigaciones de Kline (1982), Alsina  (2005) plantea que “la objetividad es un concepto social distinto según sean la culturas estudiadas”.

Plantea además que la subjetividad del periodista se ve reflejada durante el proceso de producción noticiosa y ello se evidencia por:

-La jerarquización y tematización de los contenidos por parte de los medios.

-La selección de las fuentes (si por ejemplo, siempre se emplean las mismas excluyendo a otras posibles).

-El ángulo para explicar el acontecimiento cuando los referentes no están consensuados.

-El sesgo retórico en la organización de los materiales brutos de una noticia por razonamientos por inferencias o relacionando diferentes aspectos de un acontecimiento.

El surgimiento del Nuevo Periodismo causó la crisis del concepto de objetividad, pues tiene un estilo mucho más subjetivo donde lo anecdótico es lo esencial en la construcción del discurso.

En ese sentido, Marletti (1983) señala que no es fácil establecer cuáles serán los contornos posibles del modelo de construcción de la realidad que se gesta a través de los medios.

También ocasiona la crisis el hecho de que los periodistas comienzan a contar hechos que no presenciaron como si hubiesen estado presentes. Esto, según Alsina  (2005), demuestra que “la construcción social de la realidad difícilmente será universal”.

La utilización de los medios de comunicación con fines políticos (guerras) es otra forma de manipulación que acrecentó la crisis del concepto de objetividad. A finales del siglo XX, la comunicación comienza a cumplir con una función elemental de la estrategia militar. Ya la información pasa del hacer saber (informar) al hacer creer (persuasión) y al hacer sentir (sensacionalismo emocional).

El no dar información, la censura y autocensura de los medios, su colaboración con uno de los dos bandos de la guerra, el suministro de información desde instancias oficiales, políticas y militares, la difusión de noticias falsas y la difusión profusa de noticias favorables a un bando y desfavorables al enemigo, genera gran desconfianza en los medios de comunicación.

Para Ramonet (1998), los medios han entrado en una era de sospecha y afirma que existe “escepticismo, desconfianza e incredulidad de los ciudadanos respecto a los media”. (Ramonet en Alsina 2005)

Por otra parte, Tuchman (1980) analiza el concepto de la objetividad periodística como ritual estratégico y opina que ante las posibles críticas de la audiencia, el periodista va a reafirmar la objetividad de su trabajo. El término “objetividad” se utiliza como ritual estratégico de defensa.

Grossi (1981) critica estas conclusiones y afirma que “la profesión periodística no puede ser descrita simplemente como rituales estratégicos que sirvan para reafirmar el status quo” y que se debe estudiar el concepto de objetividad no sólo como un legitimante de la actuación. (Grossi en Alsina 2005)

Taufic (1976) por otro lado señala que la realidad existe de forma objetiva, independiente del sujeto, pero que no siempre el reflejo de la realidad hecho por los medios es verdadero o fiel y hace una distinción entre objetividad y neutralidad cuando afirma que mientras “la primera es deseable, la segunda es imposible”. (Taufic en Alsina)

Gouldner (1978) enuncia que el objetivismo es un discurso que enfoca unilateralmente el objeto, pero oculta al sujeto hablante e ignora la influencias del discursos del sujeto sobre la construcción social del objeto.

En la búsqueda de una salida a la crisis de la objetividad como concepto, Bechelloni (1982) plantea que la objetividad no existe pero sí una tendencia hacia ella. Sitúa de este modo la objetividad como un problema de la voluntad del individuo.

Según Marletti (1982), la objetividad “es el resultado que sólo se puede conseguir gracias a un preciso empeño profesional, a la comprensión de los hechos y a la evolución tendencial de los mismos en la relación entre la experiencia y la memoria colectiva”. (Marletti en Alsina 2005)

Puedo afirmar entonces que la objetividad como concepto es deseable, pero en la práctica solo podemos hablar de honestidad y profesionalidad. La subjetividad siempre estará implicada en los trabajos periodísticos y la imparcialidad y neutralidad son por completo imposible.

En cuanto a si la opinión es libre, no. Los medios de comunicación siempre responden a un poder, ya sea estatal o privado, con intereses e ideologías definidas a las que debe acogerse el periodista.

2-Los teóricos coinciden en apuntar que un acontecimiento por sí mismo no es nada. Los hechos no tienen existencia, salvo para sus protagonistas directos e indirectos y solo cuando son seleccionados y elaborados por los medios de comunicación de acuerdo con normas y valores socialmente determinados, los hechos pasan a formar parte de la realidad social.
a) ¿Cómo influyeron los procesos de construcción de la noticia en la actualidad periodística del caso de Elián González?

Comenzaré diciendo que la noticia es una institución de carácter social. La construcción de la realidad se asienta en la selección de los hechos, como materia prima, que van a constituir la noticia a partir de situaciones y personajes que servirán de base para la narración del discurso periodístico en sus diversos géneros en correspondencia con la línea editorial del órgano de prensa en cuestión y los intereses que representa.

Alsina (2005) plantea que la noticia no es el hecho mismo sino la percepción que de este tiene el reportero, planteando al periodismo como una mediación.

El proceso de producción noticiosa comienza con la selección del acontecimiento periodístico por parte de los medios de comunicación masiva. Para ello se utilizan diversos criterios de selección o valores noticia en dependencia de las especificidades del medio en cuestión y de los destinatarios del mensaje periodístico. La selección de las fuentes periodística y los géneros para la elaboración del texto periodístico influyen también en la construcción de la realidad que hacen los media.

La noticia es el producto de una institución social, es el producto del profesionalismo donde el periodista se arroga el derecho de interpretar lo que ocurre cada día a los ciudadanos y otros profesionales. Por tanto, Alsina (2005) resume que la noticia no es un reflejo de la realidad sino la construcción que de la misma hacen los medios, es el acabado de un proceso productivo.

Heriberto Cardoso, por su parte, agrega que “no es el hecho o el acontecimiento, sino el relato, la comunicación, la exposición o la explicación del hecho, el género periodístico por excelencia”. (Cardoso en Alsina, 2005)

Podemos decir, entonces, que la actualidad periodística, como producto que se ofrece a los receptores, está influenciada por la subjetividad de los periodistas que la elaboran.

Sin embargo, Schramm (1982) señala que “si conceptuamos la ‘actualidad’ no ya como todo lo que sucede en el mundo sino únicamente como los acontecimientos a los que tienen acceso los mass media, aún así la ‘actualidad’ transmitida en forma de noticias no es más que una pequeña parte de estos acontecimientos”. (Schramm en Alsina 2005)

Aún así, dice Alsina  (2005), todos nos vemos obligados a acceder al conocimiento de cierto entorno a través de esa ‘actualidad’.

Por otro lado, en el estudio del hacer comunicativo del discurso periodístico informativo, hay que tener en cuenta que nos encontramos ante un discurso social inserto en un sistema productivo con características propias. Debe recordarse que la construcción de la noticia es un proceso de tres fases: producción, circulación y consumo.

Los periodistas son, ciertamente, constructores de la realidad social pero además, plantea Alsina  (2005), dan una forma de narración a esta realidad y difundiéndola, la convierten en una realidad pública sobre el acontecer diario.

En ese sentido, Veron (1981) plantea que “los mass media son los que crean la realidad social. Los acontecimientos son conocidos gracias a los mass media y se construyen por su actividad discursiva”. Y termina afirmando de forma categórica que “en nuestra sociedad son los mass media los que producen la realidad social”. (Veron en Alsina 2005)

Concluye entonces Alsina  (2005) que de esta manera “el proceso de la construcción de la realidad social depende enteramente de la práctica productiva del periodismo”.

Sin embargo Berger y Luckmann (1979) plantean que la noción de construcción social de la realidad se sitúa al nivel de la vida cotidiana en la que se da, sin embargo, un proceso de institucionalización de las prácticas y los roles.

Completa Alsina (2005) este planteamiento cuando afirma que los periodistas tienen un rol socialmente legitimado e institucionalizado para construir la realidad social como realidad pública y socialmente relevante. Alsina continua diciendo que “no debe olvidarse sin embargo, que este proceso de construcción social tiene en cuenta no sólo al proceso de producción sino también a la circulación y el reconocimiento”.

Por otro lado, De Fleur y Ball Rokeach (1982) apuntan que el grado de contribución de los media a la construcción de la realidad social del individuo está en función de la experiencia directa con los fenómenos y de la dependencia de la información de los medios sobre estos fenómenos.

Alsina (2005) también plantea que un elemento fundamental en la construcción social de la realidad que hacen los medios es el temario o agenda setting. Otra forma de influir en la actualidad periodística es la selección de un hecho noticioso para su inclusión en la agenda temática de los media. Alsina  (2005) sostiene que “lo que no aparece en los medios difícilmente aparecerá en el temario público”.

En ese sentido McCombs (1976) señala que “si los medios no nos dicen nada sobre un tema o un acontecimiento, en la mayoría de los casos simplemente no existirá en nuestro temario personal o en nuestro espacio cotidiano”. (McCombs en Alsina 2005)

Wolf (s/a), dentro de su estudio sobre la agenda setting de los media indica que la conexión entre los criterios de importancia aplicados por los media, el umbral de visibilidad de los temas y los efectos de agenda diversamente articulados como resultado de la relación entre los dos anteriores se evidencia mediante la denominada tematización.

Entiende Wolf (s/a) por tematización de un problema a su colocación en el orden del día de la atención del público, concederle la importancia adecuada, subrayar su centralidad y su significatividad respecto al curso normal de la información no tematizada.

Rossiti (1982) afirma que su función es “seleccionar ulteriormente los grandes tema sobre los que concentrar la atención pública y movilizarla hacia decisiones. Lo que por tanto distingue a un tema de un acontecimiento o de una clase de acontecimientos a la que ya le haya sido asignada importancia y mayor interés comunicativo es, en esta acepción, no sólo el recoger una serie de acontecimientos en la indicación de un problema que tenga significado público y que reclame una solución (o decisión)”. (Rositi en Wolf s/a)

Otro elemento que Alsina  (2005) considera fundamental en el proceso de producción informativa son las fuentes y afirma que la relación entre acontecimiento-fuente-noticia es esencial para la comprensión de la construcción social de la realidad informativa.

Podemos concluir entonces que el proceso de construcción de la noticia por parte de los medios de comunicación mediante la tematización del tema, el uso de los criterios de selección (valores noticia), la determinación de la fuentes periodísticas y el empleo intencional de los géneros periodísticos, influyen de manera directa sobre el producto noticioso que se le brinda al público, construyendo así la actualidad periodística del tema mediante una imagen que no representa un reflejo de la realidad sino una construcción social de la realidad hecha por los media.

Específicamente la actualidad periodística del caso Elián a través del seminario Girón, de Matanzas, podemos decir que existió una tematización del tema, que se mantuvo durante siete meses en la agenda temática del medio de forma permanente.

Podemos hablar de los valores noticia empleados, que influyeron en el producto comunicativo de manera directa, la importancia y el interés humano como criterios de selección determinaron trabajos periodísticos de gran efectividad, pues según plantea Alsina  (2005), “la efectividad del discurso periodístico está en el hacer saber (informar) aunque también pueden hacer creer y hacer sentir”. Esto también se vio fortalecido por la selección y el uso de las fuentes periodísticas que se vincularon estrechamente con los criterios de selección al corresponderse las fuentes institucionales con la importancia y la novedad principalmente y las fuentes espontáneas con los valores de proximidad e interés humano.

Todo esto complementado por la determinación y el empleo de los géneros periodísticos en aras de lograr productos comunicativos atractivos y que cumplieran con la intencionalidad de los mensajes.

3.-La autora suscribe el criterio de no pocos especialistas de que “el periodismo recoge varios géneros divididos en dos grandes vertientes o ramas: el periodismo informativo y el de opinión”.

a) ¿Para usted no es válida la propuesta del periodismo interpretativo?

Los orígenes de este tipo de periodismo se remontan a los finales de la Primera Guerra Mundial, con la aparición del llamado timestyle, en 1923 y se pone en vigencia un nuevo modo de periodismo propuesto por Briton Hadden y Henry Luce, quienes dieron vida al semanario Time bajo la consigna de que los lectores obtuvieran las claves de los acontecimientos relatados, junto con una clara explicación de los hechos, con un nivel más profundo, buscando su sentido histórico social.

Podemos afirmar que el surgimiento del periodismo interpretativo se corresponde con una real y creciente necesidad del hombre moderno de comprender los hechos y no ser sólo informado de los acontecimientos.

Al respecto, Concha Fagoaga (1982) comenta que el periodismo interpretativo proviene de la difusión que hicieron las escuelas norteamericanas de periodismo, diferenciando un tipo de mensajes que ya no se codifican conforme al relato objetivo de los hechos, pero que a su vez se distancia de lo editorial. Y señala que “los periodistas no sólo reproducen lo que ven y oyen, ejercen también una investigación sobre lo acontecido porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y política concreta. Los hechos no surgen aislados de una realidad más amplia, se insertan en ella…” (Fagoaga en Valdés, 2007)

Santibáñez (1983) presenta una visión similar al expresarse sobre este estilo cuando afirma que “interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido a los hechos noticiosos que llegan en forma aislada. Situarlos en un contexto, darles un sentido y entregárselo al lector (o auditor) no especializado”.

Para Martínez Albertos (1983), los géneros interpretativos están matizados por su carácter híbrido, pues se encuentran entre la información y la opinión.

Santibáñez (1983) coincide al apuntar que “el periodismo interpretativo se sitúa, de alguna manera, en un punto intermedio entre la opinión pura y la información aséptica y objetiva”.

Lester Markel profundiza más en el tema al señalar que “la interpretación es un elemento esencial de la parte informativa de un periódico. La opinión, por el contrario, debe ser confinada, casi religiosamente en la sección editorial”. (Markel en Martínez Albertos 1983)

En este sentido, Martínez Albertos (1983) agrega que “la interpretación no es opinión: es información en un segundo nivel de mayor profundidad y documentación respecto al simple relato objetivo”.

Por otro lado, Fagoaga (1982) parte del punto de vista de que “generalmente los mensajes interpretativos no aportan relación de acontecimientos inéditos (…) los hechos no son suficientes por lo que el proceso de elaboración se inicia a partir de unos hechos que se han difundido con anterioridad como mensajes informativos directos”. (Fagoaga en Valdés 2007)

Martínez Albertos (1983) amplía esta idea al agregar que la operación lingüística no va directamente del hecho al relato. El periodista actúa ya sobre una considerable cantidad de relatos previos que han dado cuenta valorativa de un mismo hecho. Cada noticia es el resultado de un acontecimiento objetivo al que se ha añadido una suma de diversas valoraciones acumuladas a lo largo de todo el proceso de elaboración del relato en su versión última añadiendo además antecedentes, documentación y análisis.

El venezolano Enrique Castejón también señala dos dimensiones en los mensajes de tipo interpretativo clasificándola de analíticas: explicativa y descriptiva.

La primera “busca básicamente darle sentido al espectro informativo en torno a un caso determinado” y de la segunda “se espera no sólo ubicar en su contexto a un suceso o problema, sino también en estimar las posibles consecuencias”. (Castejón en Valdés 2007)

Podemos decir, entonces, que el periodismo interpretativo no es información en el sentido tradicional más estrecho porque no se limita a dar cuenta de un hecho o acontecimiento sino que trata de profundizar y explicárselo al lector, incluyéndolo dentro de un marco de referencia más amplio o contexto y señalando sus raíces y eventuales proyecciones. Tampoco es opinión porque en esencia trata de que la afirmaciones que se incluyan tengan respaldo, sean atribuidas a personas con autoridad para emitirlas y no sean simples comentarios desde el punto de vista personal o ideológico del autor.

Por otro lado para Concha Fagoaga (1982) “el primer elemento (…) es la referencia a unos hechos de actualidad, la cual determina la presencia de los otros elementos del relato: el background, datos antecedentes que proporcionan una situación de fondo; el análisis, datos que intentan valorar los hechos referidos; y por último la valoración, datos estimativos que intentan prever consecuencias a las que los hechos conducen”. (Fagoaga en Valdés 2007)

Una de las formas más empleadas para la construcción de un mensaje interpretativo está estructurada en el siguiente orden: hecho principal, background, reacciones, análisis, valoraciones del periodista.

Para algunos autores, el mayor peso de la información en el cuerpo del relato, va sobre los hombros del background. Mitchel Charnley lo define como “todo material subyacente o circunstancial relacionado con el hecho que origina la noticia”. (Charnley en Valdés 2007)

El objetivo principal del background es contextualizar al lector en lo referente al acontecimiento, no determina el significado del hecho pero brinda herramientas para su mejor comprensión por parte del lector. Es el pie forzado para estimar y analizar los resultados, es el enlace entre los sucesos pasados relacionados con el tema en cuestión y su desarrollo presente”.

En el caso de los antecedentes, varios autores lo definen como par del background. Para Concha Fagoaga (1982) es el mismo concepto y Martínez Albertos (1983) lo ubica como parte del background, aunque queda claro que los antecedentes hacen referencia a hechos anteriores relacionados de forma directa con un tema de actualidad.

Por lo general, la presentación de los antecedentes no lleva consigo análisis ni valoraciones. La información puede ser resultante de declaraciones de las fuentes o la investigación propia del periodista.

El objetivo de su utilización es brindar a los lectores datos vitales para la comprensión del hecho. Los antecedentes son utilizados también por el estilo informativo aunque con una función diferente a la del interpretativo. En el informativo aparecen por lo general en los últimos párrafos o después del lead.

No se deben perder de vista las respuestas originadas en los lectores, fuentes, personas o instituciones objeto de las noticias según sus interpretaciones. Es claro que los periodistas deben poseer un alto grado de profesionalidad. Es poco frecuente que se hagan públicos trabajos, que revisados en reiteradas ocasiones, den pie a decodificaciones aberrantes.

Por lo general las actitudes generales por una determinada interpretación son previstas por los medios y los periodistas. En el estilo interpretativo están presentes rasgos subjetivos e ideológicos del periodista.

Para atenuar las posibles consecuencias se aprovecha al máximo el recurso de la fuentes autorizadas (citas de expertos, autoridades o institucionales), testigos del suceso en cuestión o personas implicadas en el mismo.

De aquí que los periodistas sean tan cuidadosos a la hora del análisis y la valoración. Fagoaga (1982) cita a Paul White quien define el análisis como “la presentación de los antecedentes y de todo material tangencial que permita al lector llegar a sus propias conclusiones una vez en poder de los elementos de juicio necesarios”. (Fagoaga en Valdés 2007)

Por su parte, Charnley define valoración como “la explicación personal y subjetiva de lo que una persona cree que la noticia significa”. (Charnley en Valdés 2007)

Fagoaga (1982) resume que “el análisis sería una explicación objetiva basada en el conocimiento a fondo de una situación y la valoración, por el contrario, sería un juicio subjetivo”. (Fagoaga en Valdés 2007)

El estilo interpretativo no pretende ser objetivo, al menos de la misma manera que el informativo, ni impersonal. Esto es prácticamente imposible cuando el periodista emite criterios valorativos donde están  implícitos rasgos de subjetividad. Todo mensaje que se construye con el propósito de relacionar hechos mediante el análisis lleva incluida la valoración aunque sólo se explicita con la aparición de elementos de juicio emitidos por el periodista, incluso hecho con la mayor discreción posible.

De cualquier manera, los elementos valorativos están presentes en la lógica del análisis que es producto del uso del background.

En este sentido Santibáñez se pregunta: “¿Cuál es la razón que hace del periodista interpretativo una especie de semidiós, autorizado a decir a los públicos cuáles son los verdaderos significados de los hechos?” (Santibáñez en Martínez Albertos 1983).

Martínez Albertos (1983) coincide luego con él al decir que sólo existe una razón: “la valía profesional de cada uno. El periodista bien capacitado profesionalmente, el que acierta una y otra vez en la formulación adecuada de los puntos de vista de sus relatos interpretativos, ese contará con la confianza de los lectores”.

Y más adelante agrega que “lo que se dice de un profesional aisladamente, vale todavía más para el equipo humano que constituye el periódico”.

Por otro lado, Santibáñez (1983) se preocupa por establecer las diferencias entre el Nuevo Periodismo y el periodismo  interpretativo. En ese sentido afirma que “esencialmente se trata de un problema de estilo” y explica que mientras el primero “tiene el ritmo y la organización de una novela”, el segundo “no abandona jamás la tierra firme de la investigación y la organización periodísticas”.

Para contextualizar el Periodismo Interpretativo desde su especificidad cubana, quisiera comentar que a pesar de que se ha logrado crear una clara conciencia de la necesidad del uso de este estilo, aún existe en una gran parte de los profesionales del periodismo un notable apego por el estilo informativo tradicional.

También en su trabajo “Interpretar los sabores y olores de la vida misma”, Iraida Calzadilla (2007) apunta que los principales obstáculos para la definitiva inserción del estilo interpretativo en nuestros medios pueden estar dados por la premura con que se trabaja, la falta de espacio y las decisiones de editores que prefieren generalmente lo expedito e instantáneo.

En el caso específico de Girón, podemos afirmar que durante el tratamiento periodístico que este medio de comunicación le brindó al tema del secuestro de Elián González, encontramos la ausencia absoluta del género o estilo interpretativo. Por diversas razones que van más allá del marco de la investigación que desarrollamos, pero que asumimos que se corresponden con las planteadas por Iraida Calzadilla (2007) y que mencionábamos anteriormente.

En consecuencia, podemos concluir que esta carencia fue en detrimento de la calidad de la información que se le brindó a los receptores por parte de este medio de comunicación, en particular partiendo del mismo concepto que se hace del estilo interpretativo y su importancia a la hora de armar a los destinatarios del mensaje periodístico de las herramientas necesarias para contextualizar e interpretar los hechos que acontecen en la sociedad.

Bibliografía:

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